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Depósito de ponencias, discusiones y ocurrencias de un grupo de profesores cosmopolitas en Jaén, unidos desde 2004 por el cultivo de la filosofía y la amistad, e interesados por la renovación de la educación y la tradición hispánica de pensamiento.
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sábado, 25 de mayo de 2024

FILOSOFÍA DE LA FILOLOGÍA

 



"Sus vástagos [los de la escritura] están ante nosotros como si tuvieran vida;
pero, si se les pregunta algo, responden con el más altivo de los silencios" 
Platón, Fedro 275d.

La Asociación Adaluza de Filosofía (AAFi) viene organizando un encuentro mensual online para presentar libros de nuestra incumbencia moral. Coordina con buen humor el presidente Rafael Guadiola, que el tiempo lo conserve muchos años. El 17 del florido mes de mayo fue Pedro Redondo Reyes, profesor de Filología Griega de la Universidad de Murcia, quien comentó y explicó las intenciones de su original libro Minima Philologica (Universidad de Murcia, 2022) en el que busca, como describe en subtítulo, una/la fundamentación filosófica de la Filología Clásica; las que tuvo, si las hubiese, más que las que podría tener, si las encontrara.

Fue presentado Redondo por su amigo y vocal de la AAFi en Jaén: Francisco J. Fernández García, también escritor de mérito y pensamientos, quien ponderó la obra de Redondo como algo distinto de lo que viene vendiéndose como cursilería y repetición, espectáculo y entretenimiento. Niega Francisco que tenga el libro de Redondo la condición de "Tratado", que yo le atribuyo, pues carece de vocación docente. Puede ser. Desde luego, no es un libro para aclararse, sino más bien para aventurarse en sus meandros y afluentes, abismarse en sus sugestiones y perderse revolviendo a los clásicos con los modernos. Bueno, también podría decirse que el ensayo de Redondo trata de ordenar o de analizar el desorden de los "correctores de textos" (¡ay, estuve a punto de convertirme en uno de ellos!). Oye Redondo casi todas las voces (o las pocas que la guadaña de la historia nos ha legado), las voces escritas de las simas abismáticas en que resuenan ecos de grandes humanistas y poetas. "Mamotreto", "monstruo", engendro de un erudito con pasión razonadora sobre aquello que nos especifica como pasajeros de la república de la letras, tales epítetos le dedica a Minima Philologica, con cuidados cariñosos y atención prudente, Francisco J. Fernández en su presentación.

Lo que sea y haya sido la Filología en la historia de Occidente es algo tan complejo como diverso y expuesto, como las olas del Marenostrum, al vaivén de vientos y gravedades de lunas culturales y eclipses situacionales. Si, como vio Crisipo, toda palabra es ambigua por naturaleza, ¿cómo será la palabra que refiere a palabras, el hablar de lo que habla o quiere decir lo escrito sobreviviente? Ya vio Ortega el hecho incuestionable de cómo la palabra cumple su función enunciativa con coalescencia súbita con las cosas y seres en torno que no son verbales, "coalescencia" es esa propiedad maravillosa que el logos goza para unirse o fundirse con entornos imaginarios. Y además -y antes que Humboldt- Lorenzo Hervás y Panduro, el genial jesuita expulso, ya se percató de que en cada lengua está inscrita una manera peculiar de entender el mundo, de ahí la problematicidad de toda traducción, oficio y faena elemental del filólogo.

Pedro Redondo muestra la Filología como un epifenómeno de las gramáticas (gramática que informará la trinidad del Trivium con la dialéctica y la retórica, medios imprescindibles, más que fines, del saber) y, por tanto, las reflexiones de Redondo constituyen algo así como un discurso de tercer orden, una meta-filología, discurso sobre los discursos que han ensayado fijar o enmendar (emendatio) los sentidos -o el "auténtico sentido"- de los textos clásicos. Filología de la filología, no de los textos canónicos. El paradigma del filólogo como corrector de textos se ha impuesto frente al otro modelo que se anuncia al final del Protágoras platónico y que asume la interpretación a través de la memoria y de la oralidad, o frente al modelo alegórico. En opinión de Redondo, Aristóteles renuncia a estos dos últimos modelos y reduce el enigma a metáfora. Buen poeta es para Aristóteles sobre todo el mejor inventor de metáforas.

Parece que durante siglos la Filología estuvo empeñada sobre todo en la corrección y fijeza de los textos, pero que faenó sin teoría y sin método, jamás como episteme, sino como τέχνη: arte y técnica. Hoy se ha impuesto, para bien o para mal, el modelo positivista con románticos resabios de historicismo, historicismo que, según Pedro, fagocitó a Wilamowitz-Moellendorff, maestro, crítico del "filólogo" Nietzsche y censor del sofista bigotudo por hacer este de la sacra filología una hermenéutica trágica y blasfema. Pedro no quiere hacer historia de la Filología, aunque la use a discreción, haciéndose eco de las enseñanzas de los grandes desde Parménides ("padre de la opción convencionalista del lenguaje") hasta Ortega (crítico del recurso filosófico de la etimología) o hasta Wittgenstein, Quine, Martínez Marzoa, Ricoeur, Gadamer, los pragmatistas usamericanos, etc., también cita a su amigo y presentador Francisco J. Fernández... 

Dijo Pedro en la tertulia de la AAFi que no elaboró su libro para que resultara preferido por los filólogos ni por la Academia, sino más bien para dialogar, un diálogo a muchas voces, polímata, interdisciplinar, mestizo y, tal vez por ello, muy fecundo en sugerencias y escaso en dogmas, lo que es muy de agradecer. Este dialogar tiene a mi juicio enjundia socrática, aporética. De hecho el propio autor se atreve a ser crítico con su obra, la anota como quien se rasca una cicatriz o dispara contra sí, discute consigo mismo. Dice,  muy modestamente, que falló en la diana, pero que había que disparar... ¿Hasta la contradicción? No importa caer en contradicciones: "El hombre es el dueño de las contradicciones, éstas existen gracias a él y, por consiguiente, es más noble que ellas" (Thomas Mann. La Montaña Mágica, II, "Nieve").

Como la presentación puede escucharse íntegramente en Youtube, me limitaré aquí a reseñar sus principales asuntos y el original estilo de cascada en que está escrita Minima Philologica. Lo de "mínima" lo entiendo como lítote o atenuación retórica. Pedro Redondo se ocupa entre otros temas de la etimología, el significado, la metáfora (tal valorada poéticamente por Aristóteles), la alegoría, la analogía ("ese fenómeno incontrolable") del exemplum, la fabula, del enigma, del universal, de la relación entre filología e historia, del lugar de la Filología entre las Artes de Humanidad (que diría Guevara), del silencio de la escritura, del sentido de "lo clásico" ("lo antiguo pero perenne", según Plutarco) y de todas sus paradojas...

Lo hace en siete capítulos en los que cada 'lectio' -llamémosle así o, más modernos, "núcleos pregnantes"- es ampliada en "escolios" que a su vez son extendidos, fundamentados o discutidos en notas. Los escolios obran como satélites enfrentados dialéctica y eruditamente a la sucesión de tesis y a su vez son aquilatados o negados por las notas. El contenido se derrama así como una mancha de aceite abarcando diversos mundos semióticos. Los "escolios" de Redondo no son aforismos ni comentarios breves, sino ampliaciones problemáticas (en nuestro tiempo son famosos los escolios del filósofo colombiano Nicolás Gómez Dávila, admirados por E. Jünger y F. Savater). Los escolios de Minima Philologica plantean objeciones a la lectio, delatan contradicciones, exponen disputas teóricas.

En su "Apostilla a Minima Philologica" (Alfa, 39) Redondo expresa la concepción de su "ensayo" como un intento de aislar aquellos núcleos irrenunciables pregnantes del método, principios, axiología y demás que habían armado la Filología clásica desde sus orígenes alejandrinos. Recuerda que para Porfirio el significado de un texto es un sobreentendido (hypónoia). Reconoce la filiación de su trabajo con la obra crítica de Hamacher, Raimondi Dumbrecht y, más remotamente, con los escritos de F. Schlegel y de F. A. Wolf, patrón de Nietzsche. Sin embargo, el mayor impulso de Pedro Redondo -como admite- es la simple reivindicación de la Filología Clásica, cita en su homenaje la frase de Werner Jaeger: "estas páginas se dirigen... a todos aquellos que buscan en el contacto con lo griego la salvación". Me siento aludido por las palabras de semejante paideía formadora de espíritus, muy distinta de la instrucción empática y doctrinaria de consumidores y productores normópatas à la page.

Sería muy deseable por útil que la reedición de Minima Philologica incorporase un glosario de términos técnicos y un índice de temas tratados, pues sin duda sirve y vale como manual de referencia, aunque su propósito expreso no sea docente ni desde luego doctrinario, sino dialéctico. Digo "dialéctico" atribuyendo a este adjetivo los mejores y mayores sentidos que le atribuyeron las Escuelas Áticas Mayores: senda que eleva hacia la comprensión universal del bien y razonable argumentario de persuasión, verbi gratia.


viernes, 26 de abril de 2024

¿PANTALLAS DEL MALIGNO?




"Las pantallas del maligno,
que cuelgan ostentosas 
en todas las paredes del infierno, 
son espejos"

José Antonio de la Rubia. Evil Screens.


La mayoría de los profetas, visionarios e iluminados, que hemos disfrutado o padecido desde los tiempos del Antiguo Testamento avisaban o anunciaban el fin del mundo, o amenazaban con él si no hacíamos caso a sus "jeremiadas". La profesión de profeta no está registrada en nuestra modernidad o postmodernidad, pero contamos con numerosos delectantes e implementadores del viejo oficio... 

"Apocalípticos", llamó Umberto Eco a los que denunciaban los modernos Mass Media como causas de muchos o de todos nuestros males. A los Apocalípticos, que son legión, contraponía el genial semiólogo italiano los Integrados, más escasos, quienes aplauden las posibilidades sociales, interactivas y comunicativas de los nuevos medios de comunicación social.

miércoles, 24 de abril de 2024

ARTE DE HUMANIDAD de ANTONIO DE GUEVARA

 


Como dejó escrito el maestro Pedro Cerezo hacia 1991 (1), el ensayo se ha convertido hoy en "el estilo mental de la filosofía", su principal género literario frente al sistematismo tratadista que predominó durante gran parte de la modernidad. Tampoco es nuevo el espíritu abierto y problemático de los escritos filosóficos, muchos textos platónicos son aporéticos, dialógicos, dramáticos, no dogmáticos, y el mismísimo Aristóteles concibe su Ética como un saber práctico y problemático. Las lecciones del Estagirita, escuchadas al oído muchas de ellas (akusmáticas), luego registradas por escrito, no están cerradas en absolutos. A Nietzsche no le faltó razón -en este caso, en otros sí- para asociar el espíritu de sistema a la voluntad de poderío y de dominio, al intento de sometimiento de la realidad a plan y control. El sistema devalúa la fluencia inagotable de la actualidad, fija sub specie aeternitatis despreciando el devenir temporal, y neutraliza la crítica al proponerse como verdad definitiva y conclusa sobre el Todo. Dicha aspiracion y pretensión doctrinal puede resultar peligrosa. Da miedo, así cuando Hegel propone la existencia efectiva del espíritu como reconciliación histórica de lo universal y lo particular en el todo del Estado, es decir en el Estado totalitario. Contra Hegel llegó a sentenciar Adorno: "La verdad no es el todo", motivos tenía para protestar después del holocausto.

Tras los tratados escolásticos, las Summas teológicas y metafísicas, circunstancialidad, momentaneidad y fragmentarismo definen según Cerezo el estilo del ensayo como actitud experimental, que fue propio del pensar humanista del Renacimiento (también en Galileo, sujeto "ensayador", es decir, "experimentador"). Igualmente en los albores de nuestra Edad de Oro literaria, en la aurora y entreacto entre dos luces como dos sabidurías, emergió el ensayo como un género de exploración y aclaración, en busca de lo nuevo y durante la crisis y obscurecimiento de lo trasnochado. Frente al "gran relato" incontestable de pecado y redención, el microrrelato ejemplar. Frente a lo habitual, lo posible.

Bastante antes de que Montaigne popularizara el nombre de "ensayo" con sus Essais (1580), fue Antonio de Guevara (1480-1545) quien empleó la duda como ejercicio de vagabundeo espiritual, de peregrinaje mental, de juego verbal y de exploración intelectual, en sus Epístolas familiares sobre todo. En ellas la voluntad de verdad entra en simbiosis con el arte literario donde lo subjetivo se hace objetivo, mezclándose los tonos de la reflexión con los de la ficción en brillante contrapunto.

Sofisticado autógrafo de Fray Antonio de Guevara

Nació el ensayo gueveriano del género epistolar que principió cuando Petrarca encuentra en 1345 en la Biblioteca de la catedra de Verona las epístolas de Cicerón, pero serán las Epístolas familiares de Guevara las que abrirán el camino al ensayo por su variedad temática y su espontaneidad. El franciscano las hace imprimir en 1539 (primer parte) y en 1541 (segunda). La esfera de su influencia de radio europeo será inmensa. El eufuismo inglés proviene de la manierista y elaborada prosa cortesana del obispo español, cuyo Reloj de Príncipes (Valladolid 1529) fue traducido al inglés en 1557 por Thomas North. El "eufuismo" prosperó en Inglaterra hasta el siglo XVII. Abusa del símil, de la aliteración, de la antítesis, juega con las palabras, humoriza. Se puede describir como un conceptismo ornamentado y equivale al preciosismo francés o al marinismo italiano. El Proyecto de Filosofía en español (φñ) ofrece un artículo de José María de Cossío sobre "Fray Antonio de Guevara y el 'Euphuismo'".

Portada de la traducción inglesa de Reloj de Príncipes
por Thomas North, The Dial of Princes 1582

Ya en el siglo XV empezó a gestarse el ensayismo hispano con figuras como Alonso de Cartagena (Doctrinal de caballeros), Mosén Diego de Valera, Fernando de la Torre y Hernando del Pulgar, autor este que reclama, como había hecho Pico de la Mirandola (Conde de la Concordia) en su memorable manifiesto Oratio de hominis dignitate (1486) la igual dignidad de todos los hombres. Pulgar lo escribe en romance español, no en latín: 

"Habemos de creer que Dios hizo los hombres y no los linajes... a todos hizo nobles de nacimiento". 

Es indudable la influencia de Pulgar en Guevara, pero este le supera en riqueza y flexibilidad verbal. Está inventando el español ensayístico al incluirse autobiográficamente en sus escritos. En el prólogo de su Menosprecio de corte y alabanza de aldea (Valladolid 1539) confiesa que para conocer su doctrina hay que conocer su vida. Sus escritos son también su biografía, la epopeya de su carácter (êthos), de su segunda naturaleza espiritual y moral.

El género epistolar durante el siglo XVI florece y llama la atención a los grandes humanistas y filólogos, al cuidado de Erasmo y Luis Vives (1492-1540), aunque el humanista valenciano escribió toda su obra en latín y critica la facilidad con que se atribuyen falsas citas a los clásicos, tal vez aludiendo a Guevara. 

Las cartas de Fray Antonio superan en ornamentación a las del erasmista Alonso Valdés; "prosa ornamental" llama Asunción Rallo a las del obispo de Mondoñedo (2), pero hay semejanzas temáticas en ambos autores y parecida actitud moralizadora, armonista e irenista, ambos prefieren la lengua popular al latín (y eso que Valdés fue el latinista oficial de la corte imperial). Guevara gusta más de refranes que de latinajos. Los dos abogan por la brevedad, pero Guevara renuncia menos a la galanura de estilo y Valdés es todavía fiel a la autoridad de los clásicos, mientras que Guevara los usa libremente sin someterse a ellos:

 "Son tan varios los escritores en este arte de humanidad, que fuera de las letras divinas, no hay que afirmar ni que negar en ninguna de ellas". 

Así contesta al bachiller Pedro Rúa cuando este le reprocha el desenfado en tratar cuestiones históricas y en citar a las autoridades. Y es que Guevara no idolatra los textos clásicos, los recrea e implementa a su gusto y en situación, los aplica creadoramente a sus cuidados y preocupaciones. Sacrifica el rigor del filólogo o del historiador a sus inquietudes vitales y su potencia creativa. A Guevara le interesa más el espiritu del texto que su letra, más su eficacia educativa y su intención moralizadora que la verificación de los hechos del pasado, de ahí que no se preocupe ni por contradecirse ni por plagiar; procura, ante todo, como afirma muchas veces, mover a la concordia y al bien, porque las buenas palabras no valen de nada sin las obras honestas. 

Montaigne estuvo a punto de elegir la forma espistolar y da a lo que escribe el nombre de Essais asociándolo a un método más que a una categoría literaria. Para el francés como para Guevara escribir es ensayarse, ejercitarse en busca de una identidad para sí mismo. Guevara eligió la epístola seguramente atraído por las Ad familiares de Cicerón, pero también porque es la forma más libre y flexible de expresión que tenía a su alcance, el plural epíteto "familiares" alude al estilo, al modo cercano del diálogo con el lector, su destinatario, y más aún consigo mismo, en monólogo reflexivo (no tenemos constancia de que los Soliloqui de Marco Aurelio fuesen conocidos por Guevara, tal vez supo de ellos indirectamente).

En su ensayarse descubre Guevara la complejidad contradictoria de su carácter, la dicotomía constante entre arrogancia de prestidigitador de lengua escrita, y humildad de predicador franciscano; entre la picaresca y la religiosidad; la seriedad y el juego... Enfoque personal, cuidado de la expresión y contenido crítico son precisamente los tres caracteres que le permiten a Pilar Concejo deducir el verdadero espíritu ensayístico de las Epistolas de Guevara. 

La voz latina 'exagium' significó el acto de pesar algo, de pesar, sí, antes y más materialmente que lo de pensar, de ahí también el sentido más general de ponderar, examinar, valorar, juzgar (el ejercicio de sindéresis, que dirá Gracián). "Ensayo" y "ensayar" son palabras que ya aparecen en el poema Mio Cid, en el Libro de Alexandre, en el Libro del buen amor, en Fray Luis, en Lope de Vega... Ortega define el ensayo como "la ciencia menos la prueba explícita" (OO. CC., I, p 318). Guillermo de la Torre lo enfoca como "el arte más la intención reflexiva". A Guevara no le faltó ni ciencia (la de su época), ni reflexión, ni arte -concluye Pilar Concejo. Sin duda fue un maestro extraordinario e innovador de la palabra, tanto oral como escrita y un promotor de la reflexión personal, del 'sapere aude' avant la letre.

Como muchas veces Unamuno u Ortega, Guevara cita de memoria y, más allá, no evita barrar referencias ni perdona inventar autores con libertad camaleónica y hasta intención humorística, la de hacer gracia con sus nombres. Juega, como artista manierista, retorciendo la frase, usando lúdicamente palabras de sonido parecido pero significado diferente (paranomasias). "Discurre a lo libre" y a veces parece estar poseído, como los surrealistas, por una facundia ajena, por el genio inmaterial y colectivo del Lenguaje, el habla de las cortes, pero también el de plazas, plazuelas y tabernas públicas. Este discurrir libremente es tendencia muy española según Gracián. Cae en la digresión, cambia de tema con facilidad, vacila, muestra escepticismo. Piensa el fraile imperial que, al contrario que las sagradas escrituras, las "artes de humanidad" no están hechas para ser aceptadas o negadas sin reparos.

Osado en sus puntos de vista, escudriña en la historia o en los clásicos ciertos modelos que inciten a obrar bien: Trajano es modelo de emperador, Plutarco de consejero, Licurgo de legislador, David de pecador arrepentido. Lamenta la inflación de títulos en la España imperial, el triunfo de la vana apariencia y de la falsedad, sobre la verdad. No obstante, condena la vanidad cayendo en ella. Censura el linajudo orgullo y la codicia de fama mundana, pasiones que provocan contiendas interminables incluso entre maestros y filósofos: "disputas sobre quien sabe más y entiende más; lo cual todo proviene de lo poco que sabemos y de lo mucho que presumimos" (EE. FF. II, 2), lo cual no le impide buscar él mismo la gloria y un lugar preferente en el Elíseo mediante la pluma (el otro instrumento para ser laureado es, en su siglo, como el pacífico monje otrosí apunta, la espada, mediante la heroicidad militar, contra moriscos o turcos, antes que contra cristianos, preferentemente).

Pilar Concejo (3) testificaba cómo la crítica desde los años ochenta del siglo pasado presta especial atención, con todo motivo tanto histórico como literario o filosófico, a los escritos de Antonio de Guevara, "a la variedad y ameneidad de su charla". A fin de cuentas fue precursor en la modernidad de "el más serio, el más responsable de los géneros": el ensayo, según lo define Marañón. Agustín Redondo (4) destacó el importante papel de Guevara en la España del siglo XVI como "acteur et temoin de son temps". En efecto, Guevara trabajó seriamente como cronista de Carlos V, cargo que disfrutó desde 1526 hasta su muerte. Pilar Concejo recoge en su libro (3) los importantes trabajos críticos, valiosas monografías y eruditos artículos que se publicaron en los años setenta sobre el predicador imperial que inició en español el ensayismo moderno. 

Arranca el género del ensayo del moralismo didáctico, como paideía literaria o "estilización artística de lo didáctico" (Gómez de Baquero). Es disertación amena y no tratado severo y riguroso (aunque no excluye la metafísica como reflexión de segundo orden), alocución destinada al público alfabetizado de la "Galaxia Gutemberg", más que a la Academia, de tradición gnómica, ejemplarizante, y perlocución moralizadora. Américo Castro ya confirmó que Guevara anticipa el ensayo y la crónica periodística como antecedente de Feijoo, Larra, Cadalso... [Unamuno, Ortega, Ferlosio, Savater, Cerezo, Marina]... También Ramón Pérez de Ayala admitió que de Guevara "procede el género exclusivamente moderno del ensayo". Pilar A. Sanjuan consideró a Guevara precursor del género y "el mejor prosista anterior a Cervantes" en su obra El ensayo hispánico. Igualmente, Juan Marichal en La voluntad de estilo (1957). 

Esta voluntad de estilo (Stilwille) está relacionada con la búsqueda de una voz propia, con el afán de individualidad y diferencia, que juega eclécticamente con la recepción, aún muy parcial y confusa, de los clásicos: 

"Le interesa decir, pero decir bien. Movido por un patriotismo activo y reflexivo observa la realidad social y con libertad expresiva y espiritu crítico censura y ataca con ironía tipos, costumbres y profesiones..., consciente de que rompía moldes tradicionales y abría un surco literario nuevo" (Pilar Concejo, v. nota 3). 

Debemos resaltar su erasmismo y su condición de estoico y asceta, así como su actitud conciliadora con las minorías de moriscos y judíos (su madre y abuela paterna son tenidas por conversas). Cita con libertad a las autoridades, pero también inventa y colorea sus fuentes. El sentimiento de autoridad se quiebra en Guevara a favor de la conciencia de individualidad. Veremos luego parecido eclecticismo en Montaigne respecto al uso de las fuentes antiguas.

Que las Epístolas familiares no son simples cartas a corresponsales lo prueba el hecho de sus fechas desconcertantes y muchas veces inexactas. Según las que proporciona el autor cubren veintiseis años más o menos, desde 1511 (Valladolid) a 1537 (Roma). En los años de mayor actividad epistolar (1522-1524) Guevara era predicador real y cronista imperial. Ejerce como diplomático acompañando al emperador Carlos en sus viajes por Italia y África. Hay quien piensa que no son cartas, sino pura ficción literaria. René Costes sospechó de la dirigida por Guevara al Gran Capitán, que había fallecido veinticinco años antes de su publicación, y otros eruditos conjeturan que las dirigidas a Padilla y a Bravo, "un poco desvergonzadas", no fueron nunca dirigidas a estos caudillos Comuneros. María Rosa Lida creyó que Guevara no las pensó como cartas, sino como ejercicio literario, o sea -digo yo- ensayístico.

Fraile penitente y a la vez influyente y cortesano, Guevara observa la crisis abierta por la llegada de Carlos V en 1517 rodeado de consejeros flamencos y lamenta el levantamiento de las Comunidades de Castilla. Sermonea e ironiza, se desahoga muy personalmente y nos hace partícipes de su preocupación por España. No pretende convencer, sino sugerir; toma de los libros, pero no se ata a su letra. Se muestra pacifista, conciliador, criticando la inexperiencia de los de Flandes y la malicia, ambición y envidia de los Comuneros castellanos. Se queja de los peligros y sinsabores que ha sufrido en Segovia y Ávila "por procurar la paz del reino" (EE. FF., I, 48) y a causa de los secesionistas, mas no excluye la compasión cristiana y tras la victoria de Pavía intercede ante el emperador mendigando piedad a favor de los rebeldes.

A algunos críticos les ha molestado la efervescencia, exuberancia y arrogancia del Yo guevariano. Aun disfrazado de inquietud y falsa modestia, el influyente franciscano se ejercita en exaltar su ego. Se coloca en primer plano del cuadro y pinta a la corte como escuela de todos los vicios, circo en que los valores están invertidos, donde se juzga por las apariencias y todo se rige por la opinión ajena y se encanalla por las murmuraciones, lugar donde los hombres pierden más tiempo y donde peor lo emplean. Sólo él se alza como desengañador de los excesos de la corte imperial. Presume de mucho, de ser "largo de cuerpo, alto, seco y muy derecho" (EE. FF. I, 51), de letrado, de sufridor por el bien de la república, de obispo diligente (primero en Guadix y luego en Mondoñedo), de buen amigo... Pero también es capaz de afectar humildad -colmo de la vanidad- apelando a Jesús, al que tutea, para que le encamine al bien, "que, para decirte la verdad, como soy hijo de Lía la legañosa, tengo muy corta vista para verte" (II, 16). 

Ese Yo, Yo, tan incesante, "yo confieso", "yo me prescio", "de mí digo", etc., acentúa el tono confidencial, confesional de las cartas, justificado por su propósito de comunicar con el amigo, con el colega exiliado. Tengamos en cuenta que hablar de sí en el siglo XVI requería mucho valor. Los tratados de pedagogía y retórica lo desaconsejaban por considerarlo mayormente (aunque con alguna excepción) expresión de vanidad y orgullo. Fue Guevara el primer noble que paseó su yo solitario por la plaza pública, como dijo Juan Marichal, facilitando con ello el camino a Montaigne en favor de la libertad individual de pensamiento y credo, o descredo.

Fue natural que Guevara jugase en sus escritos con los contrastes y antítesis exhibiendo facetas jocosas y tan contradictorias de su rica personalidad, mientras luchaba por reconciliar Jerusalén con Atenas y con Roma, mientras ensayaba armonizar la sabiduría pagana con la caridad cristiana, los lujos de la corte con la pobreza franciscana, su gusto por la vida con el desprecio del mundo. Describe con detalle sus inestabilidades emocionales en un desahogo subjetivo e intelectual tan inédito como novedoso. Como quería Unamuno, Guevara piensa el sentimiento y siente el pensamiento al inventar el ensayo moderno.  

Notas

(1) Pedro Cerezo Galán, "El ensayo en la crisis de la modernidad", en Pensar en Occidente. El ensayo español hoy. Ministerio de cultura s/f. "Ensayo y sistema constituyen -concluye Cerezo su ensayo sobre el ensayo- el doble ritmo de diástole y sístole con que respira la filosofía".
(2) Asunción Rallo Grauss. Antonio de Guevara en su contexto renacentista, Madrid 1979.
(3) Pilar Concejo, Antonio de Guevara. Un ensayista del siglo XVI. Eds. de cultura hispánica, Madrid 1985.
(4) Agustín Redondo. Antonio de Guevara et L'Espagne de son temps (1976).

Más sobre Antonio de Guevara por José Biedma López:

https://apiedeclasico.blogspot.com/2020/08/guevara-y-el-nacimiento-del-ensayo.html#more
https://filosofayciudadana.blogspot.com/2021/08/guevara-humanismo-esceptico.html?showComment=1629748800770

 

miércoles, 20 de abril de 2022

LÁGRIMAS DE EROS

El Demon Erótico 


Cadáver exquisito, JBL 88. Técnica mixta

¡Qué embriónico, qué parcialmente formados y educados estamos todos! ¿Cómo no vamos a ser una fatalidad -y hasta un infierno sartriano- los unos para los otros? Justicia, honestidad, son abstracciones que a duras penas encajan o congrúen con los acontecimientos reales.

El intenso y mutuo amor erótico, que implica junto a su ración de carne una valiosa guarnición espiritual como dice Emilio López Medina, que revela e incluso crea ex nihilo el espíritu como sexo, es comparativamente raro in hac lachrimarum valle (expresión esta del himno Salve Regina que pone fin a la Tragicomedia de Calixto y Melibea). La carne cruda, sin sal, sin especias, sin adobo, no sabe a nada. 

lunes, 11 de abril de 2022

SOBRE EL EROTIKÓN DE EMILIO LÓPEZ MEDINA

 

Cópula primaveral de Psilothryx viricaerulens

Del amor, la amistad, el odio y la guerra

 La obra de nuestro compañero el Sabio de Galduria no sólo merece reseña y recensión, sino también discusión. Pocos han sido los fragmentos de su libro El Sexo (Cuarta de las "7 Bestias", 2022) que han provocado mi glosa interrogante, contradictora o negadora. Los citaré y comentaré aquí para solaz, pensar y discusión de la Quinta. Con una A de Autor reproduciré su texto, con una Be de Biedma mi comentario.

jueves, 7 de abril de 2022

EL PODER DE EROS

 


Nuestro amigo, el Sabio de Galduria, don Emilio López Medina, ha parido su cuarta bestia: El sexo (Thémata. Apeadero de aforistas, 2022). No se inquieten, amado lector o estimable lectora, se trata de un ensayo filosófico, aunque se presente como colección de aforismos, que también los contiene. Los varones –por el momento- no podemos dar a luz nenes; de nuestros amores no pueden resultar sino buenas o malas obras. Incluso la paternidad (efecto buscado o accidental, daño colateral o contingencia) es también para nosotros deber, labor convencional, intencionalmente contratada o asumida. Lo mejor es parir o crear por amor.

El libro de Emilio, como mis cuentos, se ha impreso en Polonia (globalización). Pero no se inquiete, amigo, está escrito en correctísimo, claro y estiloso español, y sus reflexiones sobre el poder de ese dios, EROS, son de calado. Eros es –según algunos- el más antiguo de todos los dioses, salido del huevo del mundo, frescales divino al que teme hasta su mismísima madre, Afrodita, así como el resto de los olímpicos: “el más bello entre los dioses inmortales, desatador de miembros, que en los pechos de todos los dioses y de todos los hombres su mente y prudente decisión somete” (Hesíodo, Teogonía, 120).

domingo, 5 de diciembre de 2021

EL MOCHUELO EN MARMOLEJO

 

De izquierda a derecha: Francisco J. Fernández, Gisela Destéfanis,
Rafael Rivlin, José Javier Villalba, J. Biedma, Amelia Fdez. y Gabriel Arnaiz

 
IN MEMORIAM JOSÉ MORAL, FILÓSOFO

Spiritus ubi vult spirat, Jn, 3, 8

Me ilusiona saber que el mochuelo de Minerva, en su subespecie jiennense, ha decidido, con mascarilla o sin ella, lanzar otra vez su vuelo por el alto valle del Guadalquivir, desde aquellos Cerros por los que se perdió Álvar Fáñez, con justicia más atento al amor que a la guerra. 

En previa reunión celebrada al aire libre, el 18 de octubre, aun con buena temperatura y en la bonita plaza del palacio del marqués de La Rambla, tomando unos refrescos se consensuó la oportunidad de trabajar este curso sobre filosofía en español, en coherencia con el XIII Congreso de la AAFi celebrado en Úbeda en septiembre. Cuesta arrancar, tras un trienio "sabático". A Rivlin le sonará este adjetivo.

Amelia presentó al profesor Balbino en dicha reunión, colega en el IES San Juan de la Cruz, interesado en la filosofía de Manuel García Morente. ¡Sea bienvenido al grupo!

Decidimos celebrar la próxima reunión en Arjonilla, en memoria de nuestro compañero José Moral, fallecido este verano a causa de la peste sinense. Contaría como anfitrión Francisco J. Fdez. García (Lycofrán), flamante vocal de la AAFi en el Santo Reino de Jaén.

El dos de diciembre recogí a los ubedíes, de nacimiento o acomodo: a Gisela, Amelia, Rafael Rivlin y José Javier Villalba delante del Hospital de Santiago a la hora convenida. Rafael Bellón había excusado su asistencia por visita médica. Tampoco nuestro querido aforista Emilio López Medina pudo reunirse con nosotros por comprensibles y jusificadísimas cuestiones familiares. Lo lamentaría. ¡Sé lo bien que se lo pasa en nuestras tertulias!

Y allá marchamos, en el Pathfinder agrícola lleno, después de la lluvia, en uno de esos atardeceres con que el otoño nos regala sus cielos más dramáticos y profundos. Hacia poniente bajamos al valle del Gran Río bético, dirección Córdoba, camino de Andújar, intercambiando noticias y pareceres. Enormes enjambres de estorninos arreglaban y descomponían sus bandadas, indiferentes al nutrido tráfico de la autopista. Al fondo, al norte, la sierra parecía más Morena, recién duchada.

La voz femenina de Google Maps fue nuestra guía para llegar al Centro de la Juventud de Marmolejo, donde nos esperaba cordial, como siempre, el profe Fran (Lycofrán), acompañado de sus hijos Miranda y Manuel Fdez. Checa. Al grupo se unieron Gabriel Arnaiz, profesor de Filosofía en Écija y Jesús del Toro, ingeniero agrónomo. Ante todo, Fran nos enseñó el Aula de Ajedrez que nutre con el juego de reyes la Casa de la Juventud de Marmolejo. Fran tiene un estupendo libro sobre El ajedrez de la Filosofía, Madrid 2010.



Contó Fran cuándo y cómo se formó la Tertulia de los leídos en Marmolejo y trazó un perfil del amigo y colega José Moral, de cómo usaba el humor para desactivar las malas pasiones, su celo autodidacta y anti-academicista, su vínculo con el Programa de Filosofía para niños de Lipman, su uso de los juegos de rol, las dificultades que tuvo para integrarse en el centro, su democratismo radical, dialógico, su particular forma de leer "al bies". Añadió el ingeniero Jesús de Toro algunas pinceladas para el buen conocimiento del amigo finado.

Y aquí se planteó la distinción entre dialéctica objetiva y dialéctica subjetiva, postulándose Fran, en contraste con Moral, como defensor de la primera. La distinción entre una y otra estaría en el control del discurso. Fran no cree que sea posible un control subjetivo del discurso, es más bien el discurso el que nos controla a nosotros. ¿Hijos del Lógos, productos suyos? Citó un texto del Eutifrón platónico en el que Sócrates refiere cómo usa la dialéctica contra su voluntad, porque las ideas no se quedan quietas y las razones son protéicas (señalé luego la realidad de los idiolectos y del estilo único del genio).

Gisela mencionó el importante papel que juega la verdad en la distinción entre un discurso sofístico y un discurso filosófico. Efectivamente, la gran diferencia entre el primero y el segundo es el amor incondicional del filósofo a la verdad, incluso si la verdad duele, como suele suceder. Es aquí donde el Arte parece tomar un camino contrario a la Filosofía. La mentira y la ficción juegan un papel decisivo y positivo en el arte, de ahí el escrúpulo platónico contra los poetas. Ya nos previno Oscar Wilde sobre cómo un exceso de positivismo veraz podría matar al arte. Y Muguerza habló de un positivismo sin esperanza que acaba incluso con la esperanza en la razón. 

El engaño puede ser repudiable en la investigación científica, pero no tiene por qué serlo en la actividad artística, como no lo es el trampantojo en el arte barroco. El arte es actividad metafísica en el sentido de que la creación estética supera la esfera del ser y la necesidad para encantarnos, deleitarnos, entretenernos con lo posible e imaginado... El poeta no representa el mundo, sino que genera nuevos mundos emocionalmente significativos. El novelista no necesita la verdad, porque le basta con la verosimilitud que hace creíble su invento. Verdad, como Ser, se dice, piensa y autentifica de muchas maneras.

Verdad y bien no son más que predicados trascendentales del Uno, lógico y moral respectivamente. Si la dialéctica platónica aspira naturalmente a la Verdad y el Bien, a ese Ideal de lo Perfecto (tou agathou idea), tan supremo como inaccesible, el Arte se eleva por su cuenta hacia lo sublime, y en esa elevación lo mismo representa al mal que al bien. Aunque nos guste ver, en la tragedia como en la comedia, que el mal resulte castigado, eso es después de que nos haga reír la caída de Charlot. El arte tiene cierta libertad para ser cruel, impío, salvaje...

Pero, ¿no es la filosofía también un arte? Expuse como, a mi juicio, la frontera entre la sofística (retórica) y la filosofía, no es clara. Platón compartía con los sofistas la idea de que es posible mejorar a los hombres mediante la paideía. Admiraba tanto a Protágoras como a Gorgias, a los que dedica sendos diálogos, y al final del Gorgias reconoce la necesidad de una retórica bien encaminada, porque no basta con decir la verdad, además hay que hacerla amable, persuasiva, mostrarla hermosa, por decirlo así. Educativamente, esto es muy relevante.

Pienso que la argumentación moral no puede ser ni demostrativa ni mostrativa o explicativa. Es el ámbito de lo razonable, del sano entendimiento, del sentido común, que tal vez ni siquiera pueda, al menos directamente, enseñarse. Urteilskraft, llamaba Kant a esta "facultad de juzgar"; "saber qué hacer con el saber", decía Sócrates en el Cármides

En todo caso, no hay sólo sentimientos en nuestros juicios éticos como opina el emotivismo moral, sino también razones en el juicio y en la argumentación moral, "buenas razones", pero son diferentes de la que usan las ciencias formales y las empíricas. No es posible reducir la praxis moral a una tecnología del comportamiento como pretende cierto psico-pedagogismo. La argumentación moral no tiene más remedio que ser retórica y referir a cierta narrativa y a cierta metafísica (aunque sólo sea la imagen de ese mundo mejor que está por llegar). Hablo de retórica en el sentido humanista de la palabra (en el sentido instituido por Quintiliano, por ejemplo) y en el sentido "dialéctico" de Perelman y de su teoría de la argumentación.

Gabriel Arnaiz insistió y gesticuló con pasión a favor de una filosofía fresca, de calle, conectada con los problemas que interesan al alumnado y asociada sobre todo al debate, en la línea de Oscar Brenifier, quien por cierto también estudió en Canadá como nuestro amigo Rafael Rivlin. En esta orientación es esencial el concepto de práctica filosófica. Si no lo recuerdo mal, Oscar Brenifier nos impresionó con su método, heredado de la mayéutica socrática, en el congreso organizado por la AAFi en Jérez. Ha desarrollado también la noción de "pensamiento cuidadoso" (caring thinking).

Amelia objetó que el diálogo por el diálogo puede ser reductivo, en el sentido de que la filosofía no es sólo diálogo. Es verdad que el verbo nos domina, porque nos instruyen más en su forma que en su contenido. Desde luego, se insiste mucho en la sintaxis (y en su lógica) y poco en la semántica (enciclopedia, memoria) y en la pragmática. Por cierto, que José Moral se comprometió a presentar una ponencia en la Quinta sobre "pragmática", ese saber que no estudia sólo las relaciones de los signos con los signos (sintaxis) o las relaciones de los signos con sus referentes (semántica), sino que analiza la relación de los signos con las personas que los usan, en sus relaciones sociales e íntimas -por decirlo foucoltianamente- de poder y deseo.

También fue defendido y discutido, aun superficialmente, el título tan manido de la razón filosófica como "razón crítica", que se suele manejar para defender la posición de la asignatura de Ética en los programas de enseñanzas medias. ¿Por qué no "razón reflexiva" o "razón analítica"? Por desgracia, la palabra "crítica" ha perdido su viejo sentido griego de "examen desinteresado" o "escrutinio racional", ganando otro que tiene más que ver con la "razón polémica", tan amiga de Gustavo Bueno (sobre todo cuando le ponían al sabio una alcachofa en la boca y una cámara enfrente), razón guerrera, más rica en deposiciones que en proposiciones. La dialéctica tiene también sus usos perversos.

Queda por discutir la cuestión de si, aceptando la distinción entre ética y moral, es posible una enseñanza de ética sin moral, o sea sin moralizar, una ética a-moral, en la que se presentan, por ejemplo, los sistemas morales o axiológicos, la parresía cínica, el hedonismo, el utilitarismo, el formalismo kantiano, el prescriptivismo, etc., sin inclinarse por ninguno de ellos. Y queda por discutir la cuestión, asociada a la anterior, de si el profe de ética es una especie de moralista civil o laico, que es a lo que apunta la legislación actual, haciendo de la profesora o del profesor de ética (degradada además en funcional 'educación para la ciudadanía') un instructor en el pensamiento políticamente correcto o la ideología de partido o coalición dominante.

Fueron muy interesantes los comentarios de Rivlin sobre las protestas de la universidad canadiense de Quebec y el estudio que se hizo del discurso "contestatario", donde aparecían señales "reaccionarias". Al parecer, según señaló Gisela, el adjetivo "reaccionario" se entiende de un modo muy diferente en Argentina y en España. Allí se considera "reaccionario" el pensamiento que reacciona ante el estatus quo, o sea, el pensar revolucionario. El Che histórico habría sido un "reaccionario", al menos, en este último e hispanoamericano sentido.

Me gustaría que los intervinientes añadieran a esta escasa memoria del acto en Marmolejo, crónica de su experiencia, de su perspectiva, que sin duda mejora y amplía la mía. 

Durante el convite final -regalado por Fran-, una cerveza de nada (la mía sin gracia, por conductor), ajustamos una próxima cita en la Biblioteca del IES San Juan de la Cruz (Úbeda) para el veinte de enero, D. m. Fran "amenazó" con presentar Lycofrón en dicha tertulia. También un servidor podría hablar de sus estudios sobre el humanismo español de la época del emperador Carlos, asunto este que estudio y sobre el que escribo sin parar últimamente.


"Entretela encarna un ámbito de realidad:
La vida de las mujeres en el mundo rural andaluz
vista por los ojos de una niña". J. Javier Villalba.

Agradezco a José Javier Villalba el regalo del catálogo sobre la exposición de Isabel Cabello (Entretela). Su introducción es tan interesante como filosófica, sobre el sentido del arte, en la que cita con soltura a Ortega y a Zubiri y desmantela con fina ironía algunas imposturas de las estéticas contemporáneas.

lunes, 20 de abril de 2020

MANUEL ANDÚJAR, republicano

Manuel Andújar, el poeta que renunció "a la epopeya del destierro ...
Manuel Andújar. La Diputación de Jaén custodia el enorme legado del escritor,
que publicó el grueso de sus obras durante su exilio en Méjico.

CONTRA LA VEHEMENCIA EXTREMISTA


Rescato de una ciber-lista un texto de Manuel Andújar que mecanografié en torno a una discusión sostenida por ubedíes sobre la República histórica. Digo “histórica” porque, como se sabe, la palabra “república” se puede usar para referir a la Primera o Segunda República española, sendos desastres históricos, o, de otro modo más general como sinónimo de Política, tal fue el caso de la famosa obra de Platón, Politeia; o como sinónimo de “cosa pública”, tal y como la usaba Cicerón o como la usa el informativo digital (de opinión pública e influencia) que hoy lleva el nombre República. La política es aquello que desaparece en los sistemas totalitarios, en los que no hay separación de poderes, ni siquiera relativa, y se reprime o controla la opinión pública (cuarto poder). Desde este punto de vista es obvio que nuestro sistema constitucional es una república, aunque sea monárquico.

Hablábamos entonces (mayo del 2007) de republicanos eminentes... Y me hube topado con un hermoso y melancólico texto de uno de nuestros mejores republicanos, Manuel Andújar, ¡cacho escritor! Al que la grey hispana conocería mejor si hubiese nacido en otro sitio que en un pueblecito de Jaén... Me lo pasó nuestro colega Rafa Bellón en una de las reuniones filosóficas que manteníamos en la Quinta del Mochuelo una vez al mes y que esperamos poder repetir después de la peste sínica.

Manuel Andújar, uno más de los "transterrados" (como los llamó el filósofo José Gaos, hermano de Lola Gaos), comenta la situación de los exiliados republicanos en Méjico, al cabo de los años, muy críticamente:

       «No hubo valentía ni alteza de miras para examinar, al margen del partidismo, de la maledicencia y del resentimiento, las causas de la derrota, el hecho mostrenco y previo a que ésta nos expone... Tampoco supimos -plural preceptivo- vincularnos al cambio mental y sentimental sufrido en España, y creció el distanciamiento. Hicimos, en el área internacional, del "caso" de la República, empresa cerrada y raquítica de "restauraciones". Además, ¿hemos procurado corregir defectos de intolerancia, de incivilidad, de práctica ineptitud para el diálogo, que tantos prejuicios nos ha reportado y cuya superación -trabajo educativo, individual y social al propio tiempo- es urgente, insoslayable?»Hoy, esos debates y pugnas, las polémicas y querellas de filiación, el honor estático de la "consecuencia", se nos antojan ráfagas de sal y cenizas, y si observamos a los supervivientes de aquellas banderías, a los empecinados defensores de fórmulas y rótulos, es difícil reprimir un sentimiento de respetuosa piedad. Porque son súbditos del pasado, fuerzas anquilosadas, retazos arqueológicos...        
»Nos instalamos, sin cortapisas, en época fenecida, que podamos de aristas hirientes, y en su ficción se almacenan con glotonería auto-antropofágica, folklore y sombras terrestres, soberbia inquisitorial, gratuitas arrogancias, complejos de verbal superioridad. Y en no pocos de nuestros círculos ha privado esta atmósfera enrarecida, asfixiándonos, amputándonos».

Luego, critica igualmente a los exiliados que se han rajado de haber combatido por la República e incluso se avergüenzan de su "delito", para referirse después en positivo a la guerra, "a la noble voluntad de justicia que la animó", pues "se apoyaba en la defensa a ultranza de la dignidad del hombre". Pero ruega que se desgajen de ella "los sectarismos que la enturbiaron, nuestra ignorancia de las demasías extra-psicológicas del pueblo español, de su tradición histórica: las demasías extremistas y los brotes fanáticos".

No deja de ser paradójico -e instructivo sobre lo poco que aprendemos de lo que Ortega llamaba "el tesoro de los errores de la historia"- que un gran republicano como Manuel Andújar se exprese así contra la vehemencia y el fanatismo de ambos bandos, mientras que los cachorros del franquismo, esos "progres tan avanzados", pontifican o coquetean con la excelencia de la "república" y denuncian la ilegitimidad o perversidad de la monarquía, o del "régimen del 78", que fue resultado de un enorme y noble esfuerzo dialogante, ¡por fin!, que ha permitido a España superar una decadencia económica y moral que arrastraba desde mediados del siglo XVII, desde el barroco, régimen este en el que los nuevos extremistas han medrado y se hallan instalados tan ricamente... 
"Reconozca los engaños de la imaginacíon". "A la vista se ofrece torcido y quebrado el remo debajo de las aguas, cuya refracción causa ese efecto. Así nos engaña muchas veces la opinión de las cosas. Por esto la academia de los filósofos escépticos lo dudaba todo, sin resolverse a afirmar por cierta alguna cosa. ¡Cuerda modestia y advertida desconfianza del juicio humano!" Diego Saavedra y Fajardo. Empresas políticas, Milán 1642.

Es dudoso que el sistema monárquico, aun siendo el caso de un rey que reina pero no gobierna y está sometido a la Ley, o sea el caso de la monarquía constitucional que atribuye la soberanía al pueblo y no al rey, como es la nuestra, sea más racional que otro republicano, a pesar de todas las limitaciones que impone a la autoridad y a la casa real, pero lo mismo de dudoso es: a) que los seres humanos y más concretamente los españoles sean criaturas mayormente racionales, b) que la Jefatura del estado ostentada por un político, escogido por las urnas y/o por la “casta política” o, como se dice con cinismo manifiesto, consensuado por la “clase política”, garantice la economía y la moral pública mejor que otra presidida por un carismático descendiente, por azar, de una dinastía real; y c) que estéticamente valgan lo mismo una "casa real" que una jefatura del Estado, abstracta y meramente "política", sobre todo en la Sociedad del espectáculo (argumento este de una posmodernez que lo vuelve fuerte y débil a la vez).

Por cierto, que la bandera que hoy pasa por republicana no lo fue de la Primera república. Y su morado es el púrpura envejecido por la penuria y el tiempo (el atmosférico también) del campo de gules de la bandera de Castilla, rancio símbolo de la unidad de España. Y luego está lo de “el bando republicano”. No hubo ningún bando que apostara por la República durante la guerra incivil. Como muy bien presintió el lúcido y desgraciado Azaña, al que los nuevos "republicanos" no leen. Unos y otros andaban empeñados desde hacía tiempo en cargarse la democracia, o sea, la Segunda República. Unos para imponer por la fuerza la dictadura del proletariado o el comunismo libertario; los otros, para echar atrás de la modernidad y del “pecado” del liberalismo, hacia el Antiguo Régimen y la teocracia reaccionaria. La bandera republicana como la clase media brillaban por su ausencia en ambos frentes, donde lucían la socialista, la comunista y anarquista, la falangista y monárquica, el ateísmo y el nacional-catolicismo, ambos despiadados. Por cierto que el rojo y el negro se daban la mano en los extremos. Derecha e izquierda habían estallado por sus costuras, y los extremismos populistas y los impulsos pasionales gobernaban las inconsciencias en un lado y otro.

Lo injusto es que casi siempre hemos olvidado a la tercera España: la piadosa de verdad, la tolerante de verdad, la del exilio interior o la de aquellos, verdaderos demócratas y hasta buena gente a la que fusilaron por tibia, que no quisieron saber nada ni de rojos ni de camisas azules, ni de enfrentamientos bélicos entre hermanos (los dos Machados, por ejemplo), o que se limitaron a ejercer sus oficios y a sufrir penurias en retaguardia, con indiferencia del frente que directa o indirectamente sostenían o en el que por azar histórico habían caído.

Muchos, como K-HITO, hicieron lo posible por pasar desapercibidos en su escepticismo, preservando su humorismo sin hiel, o pudieron exiliarse como Chaves Nogales, camino de la libertad y ajenos a la vehemencia de “cruzados” o “sovietófilos”, de “patriotas” justicieros o "mesías" de la acracia rusoniana. Y es que el extremismo y las banderías partidistas se oponen y hacen imposible la política, o sea, la verdadera res-pública democrática, pues el arte político exige: 1. El reconocimiento de la dignidad del otro que no piensa como yo, y 2. la renuncia a la violencia y la sustitución de la fuerza bruta por el diálogo y la persuasión que buscan sinceramente el mutuo entendimiento. Estas condiciones: amistad mínima, amor a la verdad y uso de la razón al margen de las pasiones (lo que supone una cierta ascética) ya fueron previstas por el Sócrates platónico precisamente en su inmortal República (ΠΟΛΙΤΕΙΑ) hace unos dos mil cuatrocientos años.

jueves, 18 de abril de 2019

VI CONGRESO MARÍA ZAMBRANO



Esbozo introductorio de crónica


Estupendo colofón de la actividad de nuestra Quinta, la presentación de su memoria homenaje a María Zambrano, nuestro Criaturas de la Aurora, en el VI Congreso Internacional celebrado en Vélez-Málaga del 10 al 12 del presente mes de abril.

Tuve la oportunidad de conocer a Juan Fernando Ortega, de origen cordobés, pero que fue nombrado con toda justicia hijo adoptivo de Vélez tras dedicar a la filósofa la parte más importante de su vida académica, luchando por mostrar a las instituciones veleñas de la transición la importancia de la figura y el pensamiento de María Zambrano... Principal instigador de la Fundación, me confesó que esta nació para solventar los "problemas financieros" (un eufemismo por penuria) de María. Articuleaba esta plagiándose a sí misma aquí y allá, quiero decir más allá del Atlántico, por ganar algunas perras para poder comer y dar de comer a sus gatos. 

Y es que, tras el exilio y al contrario que su marido que escogió el camino de la economía (de la razón dominadora, diríamos), María escogió la senda reflexiva de la contemplanza, de la razón contemplativa. Y es que, bien mirado, el milagro de vida, sueños, conciencia e historia son para ser contemplados con esa admiración que es también sorpresa, perplejidad, veneración, incluso 'timor Dei'..., admiración de la que nació la filosofía, pero que no da fácil de vestir ni de comer.

De Juan Fernando es la autorizada y pionera biografía de la filósofa. La figura de María se agiganta cuanto más sabemos de ella. Sorprende que mantuviera tanto equilibrio haciendo suyo el dictum soloniano, socrático y estoico: 'Nada en demasía', a pesar de su complicada, itinerante, exiliada vida.

Como el congreso se celebraba tras la conmemoración de los sesenta años de la publicación de Persona y democracia (1958) pareció bien a los organizadores que esta obra centrara el contenido de la reunión internacional de Vélez.


Encuentros significativos


La conferencia inaugural estuvo a cargo de Federico Mayor Zaragoza, Presidente de la Fundación Cultura de Paz y ex Director General de la Unesco, quien debe tener algún pacto con algún ángel o demonio a tenor de la emoción y el buen humor que puso en sus palabras: Urgente llamada de atención a favor de la conservación del ecosistema en la nueva era del Antropoceno, cuando el planeta depende ya de la acción productiva, reproductiva, técnica y científica humana, ante el desafío de fenómenos irreversibles como la desaparición de las grandes masas de hielo del Ártico que liberan venenoso metano. Amenazas globales que requieren soluciones globales y multilaterismo democrático.

Tuve la suerte de encontrarme en Vélez con viejos y queridos conocidos, como el catedrático de filosofía baezano Bartolomé Lara, que me presentó a Juan Fernando Ortega, y con nuestro colega de la AAFi Antonio Sánchez Millán, organizador en Vélez de memorables cafés filosóficos. De los que nació su libro Practicar la Filosofía, Alegoría 2013, original manual para "salvar la filosofía a través de su práctica".

Con Juan Fernando Ortega, en el centro, y Bartolomé Lara (dcha.)
Al fondo, el busto de María Zambrano.

Agraciado fui por Fortuna al coincidir en la mesa de comunicaciones con un antiguo compañero de Granada, Francisco Linares Alés, que nos habló de García Lorca a la luz de María Zambrano. Le confesé que escogí un verso de García Lorca que cita la propia María como título de mi participación en Criaturas de la Aurora: "Luz que nos consuma". Y en la misma mesa, tras mi intervención, el brillante profesor colombiano Damián Pachón Soto nos sorprendió a todos. Estaré muy atento a la publicación de su comunicación: "María Zambrano y su relación heterodoxa con la filosofía". Gente bien informada venida desde el otro lado del Atlántico con ese uso tan elegante del español, mejor cuidado, mimado y menos "golpeado".


Modestia cristiana


Durante la comida informal en el antiguo y bien remozado mercado de abastos de Vélez conocí a Gabriel Gálvez Silva, profesor chileno. En un momento de la animada charla de sobremesa y hablando de lo humano y de lo divino, y del cristianismo heterodoxo de nuestra pensadora y mística que, no lo olvidemos, se hizo enterrar con el hábito franciscano, Gabriel citó un pasaje de los Evangelios que me extrañó. Le hice prometer que me mandaría la referencia exacta. Y así fue unos días después y desde Chile. 

Se trata de un ejemplo extraordinario de humildad o, digamos, de modestia (para no contrariar a quienes no piensan la humildad como virtud, algo común en la tradición aristotélica). De la Biblia de Jerusalén:


Se ponía ya en camino cuando uno corrió a su encuentro y, arrodillándose ante él, le preguntó: "Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?" Jesús le dijo: "¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios" (Marcos, 10: 17-18).
En esto se le acercó uno y le dijo: "Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para conseguir vida eterna?" Él le dijo: "¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es el bueno" (Mateo, 19: 16-17).
Uno de los principales le preguntó: "Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?" Le dijo Jesús: "¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino sólo Dios" (Lucas, 18: 18-19).

Y en traducción directa del griego por Guillermo Jünemann:



Y, saliendo él al camino, corriendo a él uno y arrodillándosele, preguntóle: "Maestro bueno, ¿qué haré para la vida eterna heredar?" Y Jesús díjole: "¿Qué me dices bueno? Nadie bueno sino uno: Dios" (Marcos, 10: 17-18).

No está mal la lección de piedad (sensu zambraniano) y de modestia frente a quienes se engríen o se endiosan creyéndose absolutamente buenos para a continuación dar lecciones morales a los demás y practicar la intolerancia. Y he ahí, en el endiosamiento, una de las raíces que María Zambrano percibe en Persona y democracia como raíz alimenticia del más nefasto absolutismo, que tan admirable y ecuánimamente combate.


Doble revelación


En Persona y democracia, I, 2. refiere María a "El alba humana", a las dos revelaciones que ensancharon el humanismo "en un alba sangrienta y oscura, con luz vivísima por instantes, por luz que ciega y deslumbra": a ese momento auroral del nacimiento de la conciencia encarnado por Sócrates, que la asumió y pagó en la forma sabida, es decir, siendo ejecutado con cicuta...


"Más fue sólo el primer paso, aquel que el hombre había de dar por sí mismo. Más tarde aparecería en la plenitud de la revelación cristiana en su infinitud, en su libertad y en su filiación divina a través del Dios-Hombre".

Dignas palabras para un Jueves Santo pasado por agua.


***

El estudio de los prolijos apuntes que tomé durante las densas sesiones en que pude participar (abandoné el congreso antes de que finalizara, por motivos personales) servirán tal vez, para nuevas entradas. Con ello no fatigo ahora al atento lector.

domingo, 3 de marzo de 2019

DEMOCRACIA O NACIONALISMO

"Se es de verdad libre cuando no se pesa sobre nadie; cuando no se humilla a nadie, incluido a sí mismo".
María Zambrano. Persona y democracia.

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DEMOCRACIA COMO HORIZONTE PERSONALIZADOR

En su ensayo de 1958 Persona y democracia María Zambrano reflexiona sobre la entonces llamada "crisis de Occidente", escribe desde la perplejidad ante una Historia que parece carecer de argumento, especialmente que parece privada de sentido ético. Lo hace en positivo, con la esperanza de encontrarle a la historia argumento: de historia trágica a historia ética, pensando que toda crisis puede ser crepúsculo u ocaso, pero también aurora, alborada, renacimiento.

viernes, 23 de febrero de 2018

EMILIO, BALMES Y LA AFORÍSTICA


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Emilio López Medina
Semblanza y relación con la Quinta

Faustino fue la primera obra literaria del autor galduriense Emilio López Medina, con la que obtuvo en 1984 el Segundo Premio “Plaza Mayor” de Teatro de la Casa de España en París. “Sueño teológico” o sátira, se trata de una obra injustamente irrepresentada, aunque muchísimo más representable que otras muchas que se presentan. Si nadie es profeta en su tierra, Emilio lo tiene aún más difícil porque su tierra es esta agreste de Jaén, tal vez reino santo, pero ingrato.

Espacio y tiempo

Como espíritu original, Emilio resultó por fuerza un solitario. La segunda obra que leí suya no tenía nada que ver con la gracia entre esperpéntica y bufonesca de aquella farsa: Prima Philosophia Ordine Geometrico Meditata. Su título no extraña si se tiene en cuenta la formación de Emilio en la facultad de Filosofía de Valencia y su interés por la lógica matemática y su (in)compatibilidad con la Lógica Dialéctica. Fruto de esta tarea fue la obra Fundamentos de una Lógica Simbólica de la Contradicción (Pentalfa, Oviedo, 1982), obra que me es del todo desconocida, aunque creo que tal vez haga por conseguírmela gratis o barata, si aún está disponible en Iberlibro.

En algún momento he tenido oportunidad de discutir con su autor la asimetría fundamental que introduce en Prima Philosophía entre espacio y tiempo, pues Emilio considera aquella categoría, la del espacio, anterior a ésta: “El Tiempo es posterior al Espacio (y a las cosas y fenómenos, puesto que el Tiempo sólo es la percepción del devenir de éstos en el Espacio… El Tiempo, pues, no es una categoría elemental o fundamental de la Realidad, sino que es una categoría derivada. El Espacio es la categoría primigenia”.

Puede que en esta consideración pese mucho la tradición aristotélica y cartesiana. Fue el Estagirita (¡mucho antes que Einstein!) quien definió por primera vez el tiempo como una relativa del movimiento, que obviamente sólo puede acontecer en el espacio. Y es sabido que Descartes redujo el mundo, externo e independiente del pensamiento, a res extensa. Personalmente me considero más bien un pensador temporalista que espacialista, como Séneca o María Zambrano, guardando las distancias, claro. El orden de la sucesión (tiempo) siempre me ha parecido tan radical como el de la coexistencia (espacio). Siempre me ha parecido el tiempo una categoría más fundamentalmente antropológica, y por tanto misteriosa, que el espacio, porque estamos hechos de tiempo (esto decía el hispano-cordobés).

Uno de los argumentos de Emilio es que el Espacio puede concebirse en sí mismo, en ausencia de seres, mientras que el Tiempo no puede concebirse en sí mismo, en ausencia de seres. Se puede pensar un Espacio vacío, pero no un Tiempo vacío. Al pie de esta razón, escribí in illo tempore la siguiente contrarrazón: “Es trampa, ¡esto es así porque la idea de vacío no es más que otro nombre del Espacio, es una idea espacial o la pura abstracción del Espacio! Se puede pensar no obstante un Tiempo sin sucesos, una pura Presencia como el Ser de Parménides”…

Balmes y el papanatismo

Para cuando Emilio leyó y publicó su tesis doctoral, ya éramos amigos. Nos carteábamos con cierta frecuencia, me asoció a un proyecto de cultura francoespañola (he sido un “afrancesado” irredento, volteriano, tipo abate Marchena). Su tesis versaba sobre El sistema filosófico de Balmes (oikos-tau, Barcelona, 1997). Me la zampé casi entera. Confirmó mi, nuestra, sospecha: Que los españoles somos unos papanatas, que estamos dispuestos a incluir en un programa de Historia de la Filosofía a cualquier sofista de habla alemana o francesa, antes que a un sólido pensador hispano. Alguien como Balmes (1810-1848) fue sistemáticamente racional y moderno, negándose a ser kantiano, escribiendo una sólida anticrítica de la Razón Pura, sólidamente realista frente al idealismo subjetivista del alemán. El de Vic se atreve con enjundia filosófica a criticar la vacuidad kantiana de los conceptos (ideas). “Si los conceptos generales no tuvieran contenido, nada significarían”. Indeterminación no es vaciedad. Son indeterminados porque derivan de una generalización-depuración de la experiencia. Creo que a Hannah Arendt le encantaría esta noción de que los conceptos de la razón pura, o del pensamiento (Vernunft), remiten a un universo de significado distinto del universo de la verdad cognoscible al que ella llama intelecto (recuperando el término escolástico intellectus); y Kant, Verstand.

Aforística

Pero la vena principal de Emilio, como se está viendo últimamente, es la de aforista. Una vena nietzscheana, desde luego, pero también marcialesca, epigramática. Pensamientos del que está de visita (BAAL 2MIL, Cádiz s/f) es una colección muy lograda. La obrita está dividida en seis capítulos, desde, I “El hombre que nace y siente”, hasta VI. “El hombre y la muerte”. Una ordenación que podríamos llamar, vital o vitalista. Y constituyen un ejercicio extraordinario de perspicacia, cultura, ingenio y crítica.

Cuando los leí no pude sino hacerme cargo y eco de la impresión que me causaron. Algunos de esos aforismos los he convertido casi en lema propio a lo largo de mi vida académica y personal. En los últimos tiempos, ya como profesor titular de la Universidad de Jaén, Emilio ha empezado a publicar su colección de aforismos Las 7 bestias. A El dolor, que ha regalado generosamente en la Quinta del Mochuelo, seguirán La Ambición, El Sexo, La Diversión, La Ignorancia, La Soledad y El Temor.
Me conmueve que trate temas de eterna actualidad, pero con un sesgo muy moderno y ácido. Y me encanta que su perspectiva sea siempre la de un melómano con un refinado gusto musical y cierta, melancólica, vena poética.

Por fin, de su asistencia a la Quinta surgió el proyecto de un blog o wiki -ya veríamos-, que condense, comente o presente la extraordinaria colección de aforismos que ha recopilado a lo largo de su dilatada trayectoria pensante y meditabunda. Estamos pensando en ponerle un título como Aforística ateneae noctuae o, tal vez, Aforística aténica nóctica. Esto último suena estupendo pues se presta a confusión y hasta a contradicción ("atea gnóstica")... O Aforística ática noctua... o AFORÍSTICA ATENÓCTICA (apocopando y gritando). Me temo que la cosa se ha quedado en el "ponerle nombre al niño".

En fin, releyendo estos nombres no tengo más remedio que darle la razón a nuestro amigo y contertulio Pepe Fuentes, ¡la invención de nombres no es lo mío! Así que dejaremos a nuestra coordinadora la importante función de dar nombre y bautizar al nasciturus. Lo bueno, sobre todo, es que Emilio ha formado parte activa de nuestra Quinta, fue adoptado con la máxima tolerancia y casi sin escrúpulos en la primavera del año 12 del siglo XXI. Pero el carecer de prejuicios no es cosa humana, sino más bien divina.

Y está comprometido en el proyecto de Memoria que tenemos entre manos y cuyo hilo conductor será un homenaje a la filosofía hispana, a María Zambrano y al Itinerarius mentis in Mochuelo,

sábado, 25 de noviembre de 2017

EL MITO DE LAS TRES CULTURAS


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Mito frecuente en los florilegios retóricos de las campañas electorales es el de un al-Andalus en que convivieron pacíficamente tres culturas hasta la llegada del “bárbaro del norte”. 

Resulta oportuno criticar esta imagen idílica después de los lamentables sucesos que siguen enfrentando al Islam con el Mundo Occidental y con su modo de vida, particularmente si los políticos no aprenden de su historia ni la leen. La evidencia es frágil porque en general preferimos lo que se dice o se sueña, sobre todo si se nos repite con autoridad mediática. Pero la idealización y reforma de la realidad es un deber que sólo puede hacerse eficazmente desde un diagnóstico realista.

Américo Castro y otros propalaron la exageración de que al-Andalus fue un paraíso en el que convivieron felices tres religiones hasta que los cristianos desmantelaron aquella fructífera armonía. Incluso la decadencia del Imperio español sería un efecto directo de la expulsión de sefarditas y moriscos. Aunque no cabe duda de que dicha expulsión empobreció a España, la leyenda de una convivencia pacífica entre las tres culturas no se sostiene. Los documentos prueban que la convivencia pacífica, continua y feliz de tres religiones no es más que una ilusión. Tal convivencia fue una excepción coyuntural y forzada: la cooperación fue a veces un mal necesario, pero no regla ni fin querido y, por supuesto, careció de continuidad. Todos desconfiaban de todos y todos intentaban sojuzgar a todos. Lo que hubo fue un sistema de aislamiento y recelos permanentes desde los tiempos más remotos.

miércoles, 11 de octubre de 2017

SACANDO CONSECUENCIAS

(Recensión y crítica de Sacando consecuencias (Una filosofía para el siglo XXI), tecnos, Madrid 2017.)

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Una metafísica inferencialista

Jesús Zamora Bonilla (1), catedrático de filosofía de la ciencia en la UNED, ha escrito un libro valiente y ameno, en el sentido en que puede ser ameno un libro de filosofía: valiente porque se atreve con una tesis propia, autorizándola con argumentos originales y bien hilvanados más que con citas o argumentos de autoridad; ameno, porque combina graciosamente el relato significativo y el discurso declarativo.

Toda su obra –o, al menos, una parte considerable de la misma- se anuda a partir del principio de que la acción de inferir es el proceso cognitivo primario: “una cosa está viva si es capaz de sacar consecuencias”. Esto mismo se contradice, o por lo menos contrasta, con la pretensión de elaborar una filosofía sin fundamentos, de “desinflar la metafísica”.