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Depósito de ponencias, discusiones y ocurrencias de un grupo de profesores cosmopolitas en Jaén, unidos desde 2004 por el cultivo de la filosofía y la amistad, e interesados por la renovación de la educación y la tradición hispánica de pensamiento.
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viernes, 12 de febrero de 2016

VENIR AL LENGUAJE



VENIR AL MUNDO VENIR AL LENGUAJE

Se trata de unas conferencias de hace 30 años dio P. Sloterdijk en Frankfurt del Meno. Un pequeño libro de poco más de 100 páginas lleno de poesía y grandes reflexiones. Cada frase abre un mundo de pensamientos y merece la pena el esfuerzo de concentrar la atención y encontrar el tiempo tranquilo de lectura. El filósofo de Karlsruhe convida al poeta Celan, Hugo Ball, al filósofo Heidegger y a Sócrates para una meditación sobre la escritura primero y el nacimiento después.

domingo, 24 de enero de 2016

PROMISCUIDAD DE GÉNEROS

20 de Enero 2016. De izquierda a derecha: J. Biedma L.,
Francisco J. Fernández, Gisela Destefanis,
Ana Azanza, Amelia Fdez Gª, Emilio López Medina,
Adrián González da Costa, Virginia Chormoviti,
José Moral y Rafael Bellón Zurita.


Reconozco que, desde aquel inicio de 2004, en que la Quinta nació preguntándose sus miembros por la identidad personal, hasta hoy, pocas veces había asistido a una sesión tan rica en sugestiones. ¡Una verdadera tormenta de ideas! El tema, la filosofía del lenguaje, da para mucho. Ya dijo aquel alemán de cuyo nombre no quiero acordarme que el lenguaje es la casa del hombre.

Creo que a todos nos dejó pasmados Rafael Bellón con su definición en griego clásico de "palabra", citando al Estagirita. Como la lluvia dorada de Zeus fecundó a Danae, la presencia del laureado poeta Adrián González da Costa  y su compañera, la traductora y fotógrafa griega Virginia Chormoviti fecundaron y enriquecieron la sesión, estética y etimológicamente. 

No es badalí reconocer que el principal significado de Lógos (Λóγος) es Razón. Así que en principio no fue la Palabra -según San Juan-, sino la Razón. ¿Dudaría San Jerónimo entre traducir el término helenístico -tan trabajado por heracliteanos y estoicos- por Ratio o traducirlo por Verbum? ¿Fue en principio el poder (arché) de la razón o el poder de la Palabra, del Verbo divino? 

"La palabra de Dios no es una palabra cualquiera" -afirmó mi tocayo de Marmolejo poniendo un gesto que yo no sabía interpretar si de sorna o de enigma. Sí, la palabra de Dios puede expresar la experiencia decisiva de un encuentro, pero como Dios calla, en su nombre se reiteran las mayores majaderías. En cualquier caso habría que apuntar al Yavé del Génesis como el precursor de todo pragmatismo, pues nadie como él ha sabido convertir la palabra en acción creadora: "¡hágase!" Y el mundo surgió de la nada. Recordaréis que Goethe insistía en que el principio de todo no fue el lógos, sino la acción. El dilema se resuelve si pensamos que hablar es una de las cosas que hacemos, tal vez la más humanizadora.

¿Acaso no recrea las cosas el inocente Adán cuando les da nombres? 'Stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus' -así concluye la justamente famosa novela de Umberto Eco.

Más acá o más allá de los nombres y su significado semántico, está el significado sintáctico de preposiciones y conjunciones. No importa que "palabra" -como indicó Adrián- no sea un concepto lingüístico riguroso. Los filósofos solemos ocuparnos de los desechos de la ciencia: cualidades secundarias, voluntad, alma, espíritu, sustancia, causa final, intención, Dios... palabras, palabras, palabras. ¿Son sólo palabras? 

Para bien y para mal tienen un importante, decisivo uso práctico, comunicativo, vital. Lo que interesa es fundamentalmente ambiguo, equívoco, versátil y susceptible de ser usado en diversos juegos de lenguaje. Esas palabras y otras por el estilo, como "libertad", "bien", "justicia", entran en variopintos juegos de lenguaje, juegos en los que "nos la jugamos" como personas. Hizo bien don Emilio López Medina, nuestro aforista de cabecera, en insistir en que, por mucho que "palabra" no sea un término objetivo para la ciencia, nos entendemos bastante bien cuando usamos "palabra".

Juegos de representación, de imaginación y memoria, Mneme -no lo olvidemos- es madre de las Musas. José Moral nos hizo ver cuánto conviene olvidar para formar conceptos, los detalles de las cosas vivas y concretas. Esos otros de la diversidad. Y se pregunta el profesor: ¿qué hacemos en nuestras clases y vida profesional con el otro de los otros, aquel que no entiende los conceptos, que es incapaz de olvidar los detalles para abstraer la idea? 

En filosofía parecemos estar demasiado apegados al tratado, que no es más que un género literario de expresión del pensamiento entre otros posibles. La filosofía, conviene recordarlo, nació del drama, del teatro. Platón componía versos dramáticos antes de conocer a Sócrates, y sus primeros diálogos tienen aún mucho de comedia (Lisis, Banquete...), de tragedia (Fedón), luego, es cierto, los personajes van perdiendo vida, resta esa voz en off, indirecta de un Platón enmascarado, que sólo busca en el interlocutor una monótona confirmación de un preguntar retórico.

La filosofía se ha expresado en verso, probablemente su primera expresión, mestiza como el oscuro y contrahecho Esopo, sea la literatura gnómica, la expresión profética u oracular del sabio semidivino, legendario. Literatura sapiencial que se expresa tanto en la fábula como en el mito y hasta en la "anécdota" (etimológicamente, "anécdota" es lo que no se ha entregado a la publicación). 

Misterios y secretos que transcurren o se transmiten en gabinetes privados, en la intimidad de esa vox interior agustiniana a la que aludió Francisco J. Fernández (nuestro maestro ajedrecista, devoto del osario de Leibniz), esa voz que no duda en exponerse en confesión o autobiografía. 

María Zambrano sin duda apostaría como José Moral por la promiscuidad de los géneros. Los lunes, poesía; los martes, apólogo moral; los miércoles, epístola senequista; los jueves, tragedia euripídea; los viernes, paradoja maireniana... Y luego, relato periodístico (por cierto, tocayo, comparto tu admiración por A sangre fría, el estremecedor reportaje de Truman Capote), novela alegórica (qué otra cosa es el Elogio de la locura de Erasmo, o El satiricón de nuestro Gracián). Nuestro amigo Marcos hubiera añadido a esta promiscuidad de los géneros literarios un personaje más en la orgía: el cine.

¿Significa esto que el filósofo debe reciclarse en literato? Francisco J. Fernández, con razón, protesta. Todo vale, si se sabe usar filosóficamente. Y sobre todo, todo vale si se amplía el ámbito de la filosofía, desde el historicismo y el tratadismo educativo-civil a los studia humanitatis que durante siglos fueron agrupados en las Instituciones retóricas (Cicerón, Quintiliano), si se extiende a la convivencia con los clásicos y, ¿por qué no?, a la imitación creativa de los clásicos. 

Gramática, dialéctica y retórica (el trivium), los tres instrumentos imprescindibles para la transmisión y creación de conocimiento plausible, meramente probable, deben convivir armónicamente, porque, aceptémoslo, la demostración es un método científico bastante irrelevante en filosofía. La dialéctica filosófica no es lógica matemática, sino argumentación probable, orientada por una idea humanista y universalista (ecuménica) de la dignidad personal y la felicidad humana: la máxima felicidad posible para la mayoría posible. El reino de los fines.

... Continuará




sábado, 23 de enero de 2016

Atómica de la intuición

Introito y confesión

Los primeros párrafos de la ponencia de Amelia, “Palabras, palabras, palabras”, me trajeron a la memoria los versos de Juan Ramón Jiménez:
 
Intelijencia, dame
el nombre exacto de las cosas!
… Que mi palabra sea
la cosa misma,
creada por mi alma nuevamente.
que por mí vayan todos
los que no las conocen, a las cosas;
que por mí vayan todos
los que ya las olvidan, a las cosas;
que por mí vayan todos
los mismos que las aman, a las cosas…
¡Inteligencia, dame
el nombre exacto, y tuyo,
y suyo, y mío, de las cosas!

Eternidades

Me sorprendió gratamente la referencia al magnífico libro de E. Gilson, Lingüística y filosofía, que también yo leí y estudié con provecho. Usé muy selectivamente el manual de José Hierro S. Pescador de Alianza Universidad, Principios de Filosofía del Lenguaje. Y me deslumbró la antología de Muguerza sobre las concepciones analíticas de la filosofía. Pero fue sobre todo a través de los textos de Barthes y de La prosa del mundo (Maurice Merleau-Ponty) como ascendí mi anábasis de apostasía desde los contaminados campos de Filología (minados por el estalinismo más arcaico y cavernario) hacia los más ecuánimes y amplios horizontes de Filosofía.

Ojalá el que no sabe no tuviera nada que decir; o no, porque esa dieta de silencio que recomienda el poeta Lombardo Duro tendría que ser universal.

¿Hablar para saber lo que pensamos? Mejor tal vez pensar para saber lo que decimos.

Otras formas de representación

No creo que la palabra (y me encanta que el concepto de "palabra" sea un concepto mundano) agote las formas de representación mental, tal vez sólo ciertas formas de representación intelectual. Aunque en sus genuinas especies metafóricas, alegóricas, también el escrito de palabras se entregue a la metamorfosis o a la mudanza metafórica, refiriendo a imágenes, imágenes (visuales, pero también acústicas y de otro tipo) de las que sin duda surgió el concepto. 

Mas existen múltiples “juegos de lenguaje” que no comprometen palabras, empezando por el gesto, el visaje, la pose, el postureo, el gemido, el suspiro, el susurro, la caricia, el gruñido, el alarido, la onomatopeya (ese atavismo poético)...

Nuestro poeta visual Miguel Agudo sabe bastante de todo esto y lo usa artísticamente en sus poemas visuales (véase el que adorna el principio de esta entrada).

He aquí sendas representaciones de lo femenino y lo masculino fotografiadas en los aseos de un mesón de Burgos:


Sofisticadas formas, estilizados estereotipos, ¿verdad? ¿Aún habrá quien los denuncie por sexistas? El problema de cómo jugamos en nuestra comunicación (y la vida personal es esencialmente comunicación) con estereotipos y categorías perceptivas es muy complejo y nos compromete, o sea, compromete el poder y el deseo (que diría un foucaultiano pendiente de la micropolítica). Lo planteo en Imágenes e ideas (II. B. 3. y IX. B. 3.). 

La respuesta a la pregunta de si podemos pensar sin estereotipos es decisiva. Porque si no, entonces la lidia filosófica no es tanto luchar, someter y matar a las bestias de los estereotipos -así, en general- sino proponer bellos, verdaderos, nobles, justos, buenos estereotipos.

¿Antinomia de estereotipos? Ambos publicitarios.

Categorías perceptivas

Desengañémonos, en la comunicación personal corriente lo que funciona no son los conceptos bien definidos y rigurosos de la filosofía o de la ciencia, sino los estereotipos, condensaciones imaginativas, convencionales, casi siempre hiperbólicas, creadas por la tradición de una comunidad. Son estos "ejemplares prototípicos" (Putnam) y no los ideales platónicos, los fenómenos humeanos ni los objetos kantianos, los que organizan la conducta moral y los procesos de intercambio e información. 

Los estereotipos (del griego: στερεός, «sólido», y τύπος, «impresión, molde») son modos de pensar y de comunicar el ser, o sea, podemos considerarlos categorías comunicativas. ¿Son formas de la intuición que podemos distinguir de las formas puramente intelectuales, de los universales abstractos? Bueno, el león de los niños no es el león de los zoólogos, desde luego. Pero ¿es posible una intelección libre de imágenes? (he aquí una pregunta análoga a esa tan actual de si es posible un pensar meramente computativo). Tomás de Aquino, el teólogo intelectualista y el metafísico empirista, negaba que los humanos pudiésemos contar con un pensamiento, por abstracto que fuese, que no contenga imágenes.

'Vox significat mediantibus conceptibus', recordaba el escolástico con su latín macarrónico. Igual que una palabra (significante) sólo puede significar una cosa, acción, cualidad, cantidad, relación… (referentes) mediante el concepto (significado), el icono (significante) sólo puede significar una realidad, objetiva, imaginaria, simbólica…, que es su referente, mediante los perceptos (significado), o la sombra condensada de estos en las facultades representativas (recuerdos, fantasías).

Gombrich habla de categorías perceptivas: condensaciones más o menos esquemáticas de experiencias perceptuales. Son las que nos permiten el reconocimiento de una imagen como imagen de algo. Dichas condensaciones, o unidades de comprensión intuitiva de nuestra capacidad innata para entender con los ojos y demás sentidos, serían el contenido mismo de esas formas etiquetadas por los nombres a las que llamamos universales o conceptos.

Ese entender imaginativo es un proceso creador: “Todo percibir es también pensar, todo razonamiento es también intuición, toda observación es también invención“ –sentencia Rudolf Arnheim.