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| Luis Racionero |
Tuve la fortuna de
conocer personalmente a Luis Racionero en el 81, por mediación de Jordi Nadal, actual director de Plataforma editorial. Conocer es
mucho decir. El comando Lautrèamont,
formado por el teniente Poveda de la
Cárcel y un par de mílites del CIR nº 9, entre los cuales por azar me encontraba, le visitó en su
masía de Cinc Claus, en el alto Ampurdán. Mi teniente se ganaba la vida en el
ejército, pero había estudiado derecho y era un artista cosmopolita nacido en
Jumilla. Llegó a exponer en el castillo de Perelada sus cuadros de azules oníricos. Creo que le había gustado la vida al aire libre y por eso se quedó allí después de la mili universitaria. Además de criar aves
de cetrería y grandes daneses, el teniente de artillería Fernando Poveda dirigía por entonces un programa esotérico en Radio Figueras. Aún conservo grabada la
entrevista que me hizo y en la que precisamente cité Las filosofías del underground de Racionero. Murió en 2000 en un accidente de tráfico, según supe por Jordi.
Fernando conducía
su arcaico milquinientos blanco, y le llevó al intelectual como presente unos
conejos cazados y horneados por él mismo, adobados con hierbas aromáticas
recolectadas en noches de luna llena. No recuerdo sobre qué versó nuestra
conversación. Todavía debía ser invierno, o tal vez primavera temprana, porque
la reunión fue al calor de un hogar encendido. La decoración de la masía,
minimalista, monacal. Muros lisos, tendiendo al blanco y, eso sí, una rústica
estantería de madera de pino repleta de libros.
Racionero estuvo amable
con nosotros, aunque me pareció triste y cansado. Luego he sabido por las
memorias que aquí resumo y comento (Entre
dos guerras civiles, 2012) que por entonces iniciaba su “retiro catalanista,
subyugado por la potencia cultural del Empordà”.

