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Depósito de ponencias, discusiones y ocurrencias de un grupo de profesores cosmopolitas en Jaén, unidos desde 2004 por el cultivo de la filosofía y la amistad, e interesados por la renovación de la educación y la tradición hispánica de pensamiento.
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jueves, 8 de agosto de 2013

La norma de la Filosofía

Autora Ana Azanza


La norma de la filosofía. La configuración del patrón filosófico tras la guerra civil (2013) de José Luis Moreno Pestaña, me parece un libro que deberíamos de leer todos los que nos hemos dedicado a diseccionar autores españoles en el Mochuelo desde hace casi 10 años.

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Como ya dije en otro comentario, Moreno Pestaña practica una modalidad del saber llamada sociología de la filosofía que resulta fructífera, sobre todo porque ofrece nuevos puntos de vista sobre lo que ha sido nuestra disciplina en España desde 1939.

Anteriormente leí con particular interés obras dedicadas en especial a los dos grandes filósofos de antes de la guerra que fueron Ortega y Zubiri. Sobre Ortega recordaré siempre el magnífico El maestro en el erial de Gregorio Morán, muy divertido y caústico sobre la paramera filosófica nacionalcatólica y la figura de Ortega resistiendo allí en medio, “obligado” por las necesidades económicas y los afectos familiares a no llevarse demasiado mal con el régimen. A propósito de Zubiri, magnífica lectura la de La soledad sonora, que retrata el recorrido vital del otro gran pensador español del siglo XX con todas sus conexiones teológicas y científicas.





El libro de Moreno Pestaña completa estas dos indispensables lecturas para quien quiera saber de qué va la situación de la filosofía en nuestro país. Qué pasó y qué no pasó tras el acontecimiento fundacional de la victoria en la guerra que inauguró toda una época de la que no es nada seguro que hayamos salido definitivamente. Hay muchos tabús y piedras sin remover en la historia patria.

Moreno Pestaña no sólo completa, también abre muy novedosas perspectivas sobre los orígenes, las trayectorias, el capital cultural, la energía emocional y social, las consecuencias, las repercusiones sociales de la filosofía, y las repercusiones de la sociedad en la filosofía. Inspirado por trabajos sociológicos de Randall Collins y Pierre Bourdieu, el profesor de la universidad de Cádiz nos acerca con nuevos parámetros, nuevas gafas conceptuales, al panorama filosófico español.

No quisiera destripar el libro, sino animar a su lectura. Y como aperitivo expondré los factores cuyas diferentes combinaciones nos hablan de la excelencia intelectual de los pensadores: estar en las instituciones, disfrutar del reconocimiento de los colegas y tener autonomía creativa. Matemáticamente hay 8 combinaciones posibles, sólo 7 son relevantes y Moreno Pestaña explica ejemplos españoles de las diferentes posibilidades: quien estuvo en las instituciones y tuvo el reconocimiento pero sin autonomía creativa, quien tuvo autonomía creativa pero no estuvo en las instituciones…etc.

Otra tabla se puede fabricar según el tipo de filosofía qué se hace, académica o mundana, el tipo de público al que se dirige, público amplio o restringido. También tenemos ejemplos connacionales de cada una de las posibilidades.

A parte de los esquemas sociológicos, Moreno Pestaña se ha ido a los Archivos: el de la Fundación Ortega y Gasset, el Archivo general de la Administración y el Archivo General del Ministerio de Educación. Fundamental este trabajo para completar el panorama, porque no sólo de textos y comentario de textos vive el filósofo. Son muy importantes las oposiciones a cátedras. Los avatares de las mismas llegaron a ser un espectáculo nacional a la altura casi de los toros durante la época franquista. Así lo relata Castilla del Pino en sus memorias, que después de treinta años intentándolo acabó por comprender que en aquellos exámenes de cátedras no estaba en cuestión la excelencia científica. Hay que reconocer que le costó desengañarse.
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Otra fuente para realizar el libro han sido las entrevistas con algunos protagonistas: Sergio Rábade y Manuel Garrido en especial. El libro resulta por eso bastante ameno, porque además de los secos conceptos sociológicos se mezclan anécdotas, historias de la vida real que probablemente sólo los contemporáneos pueden recordar y que normalmente se olvidan en los manuales, pero que son la sal de la vida, y que muestran que los filósofos y sus pensamientos no son inspiraciones venidas del más allá, sino del más acá. A veces y no lo digo como un desdoro, el libro parece un ¡Hola! de la filosofía española por la cantidad de pequeñas cosas que se pueden leer entre líneas, y que se echan en falta en los historiadores serios de la filosofía.

El libro es profundo, científico, bien hecho, abre muchas perspectivas sobre qué es la filosofía, en qué consiste el trabajo del filósofo. La importancia, no sé si desmedida, que se le dio en los tiempos de la dictadura a la filosofía en la formación de los españoles. Además ofrece una explicación sobre la deriva de la disciplina a partir de los años 60, el corte que hubo con lo que amenazaba con ser una auténtica tradición filosófica “de aquí”, el orteguismo. Pienso que lamentablemente cuando los aspirantes se pudieron librar de la ranciedad del tomismo decimonónico oficial, los jóvenes filósofos españoles de los 60 se lanzaron con auténtico entusiasmo hacia lo que se hacía en Europa olvidando todo el pasado. Se volvió a caer en un escolasticismo o varios. Esta vez no medieval. Es uno de los grandes argumentos de Moreno Pestaña, escolasticismos “estériles” hay muchos, no sólo el tomista.

Moreno Pestaña se hace eco de tres discusiones que han tenido lugar en nuestra península, perdón Portugal, sobre en general qué es filosofía. Una de ellas fue la que podríamos llamar la discusión de la escolástica y tuvo lugar en un intercambio epistolar interesantísimo entre Julián Marías y su maestro Ortega y Gasset. Hay otras dos que animo a descubrir en las páginas de La norma de la filosofía.

Por otra parte quiero añadir mi contribución al libro. Se ve que el autor no ha padecido la escolástica genuina. A mi parecer no es lo mismo ser escolástico de un autor del siglo XIII en el siglo XX, que de un autor del siglo XX en el siglo XX. Me formé filosóficamente con los retoños de los escolásticos de los años 50. Concretamente tuve como profesor en Pamplona a un hijo de uno de los protagonistas del libro de Moreno Pestaña, González Alvarez. Quizás por recordarme aquellos tiempos La norma de la filosofía me ha llegado más, es una explicación bastante amplia que nadie me había dado hasta el momento sobre los orígenes de mi propia formación filosófica de base e institucional. Todo encaja. No es que Moreno Pestaña me lo explique pero leyendo su obra he ido uniendo muchos cabos que me faltaban.

La experiencia de llegar a tercero de carrera y darse cuenta, ya en los años 1990 de que Kant era un autor al que merecía la pena leer a lo largo y ancho, muestra en qué coordenadas nos hemos movido algunos. No era muy normal una vez muerto Foucault y haciendo furor su persona y sus libros en nuestro país entre tantos practicantes de la filosofía, andar descubriendo la Ilustración. De todas formas tampoco la descubríamos del todo porque al lado de las clases sobre Kant había quien se ocupó un año entero en desmontar con la ayuda de MacIntyre la falacia ilustrada de la universalidad de los Derechos Humanos.

Estas experiencias vitales me llevan a pensar que los antropólogos culturales se han ido al Oceáno Pacífico a descubrir los modos de vida de la Polinesia y no saben lo que se pierden en esta península extremo suroccidental de Europa. Si no lo hubiéramos padecido, sería cómico. Se puede decir que es tragicómico, como La Celestina.

En este punto me parece que la lectura de este libro de Moreno Pestaña necesita el complemento, como el mismo reconoce al final, de los trabajos de Francisco Vázquez, compañero investigador también en Cádiz. La obra La filosofía española. Herederos y pretendientes (2009) la dejo para más adelante. Vázquez sigue ese hilo de explicación sobre los “escolasticismos” españoles de filósofos extranjeros. Absurdo oponer una cosa a otra, lo nacional a lo extranjero, el pensamiento es fértil en las mezclas, pero es interesante observar la evolución desde hace cuarenta años hasta hoy y las consecuencias de la especialización en autores. Los filósofos españoles han evitado un lugar de debate público filosófico, un espacio de reflexión en que los pensadores se tiraran los trastos a la cabeza como pasa en otros países y que tanta sana envidia provocan en los que nos dedicamos a esto por aquí. Cada profesor sabe de su campo y no se comunica con los demás.

Ese modo de comportarse asegura el puesto quizás pero no es interesante ni para la filosofía ni para las discusiones públicas del país, que se ven colonizadas por opinadores nada reflexivos y a veces auténticos ignorantes. Sólo me viene a la cabeza un filósofo de proyección pública nacional e internacional, pero lo veo muy solo. Le faltan contrincantes con el mismo número de ventas de libros y el mismo nivel de acogida popular, y además reconoce que lo suyo es más la literatura que la filosofía, afectivamente hablando.


También esa denuncia que se puede sacar de estos trabajos sobre sociología de la filosofía española, deja en muy buen lugar al que parece ser uno de los pocos pensadores que se ha molestado en leer a sus colegas españoles e intentar un diálogo, Javier Muguerza. Además me consta que Muguerza se ha preocupado no sé si con mucho éxito de que ese diálogo “cruzara el charco”. Es increíble que con la importancia creciente de la comunidad hispanoparlante en el mundo no haya un diálogo filosófico producido en uno de los idiomas más destacables del globo y que más aprendices atrae. 

lunes, 29 de julio de 2013

Convirtiéndose en Foucault

Autora Ana Azanza


Gracias al blog de Luis Roca Jusmet me he enterado de que hay un filósofo jiennense al que merece la pena atender. Se llama José Luis Moreno Pestaña. Actualmente es profesor en la universidad de Cádiz pero anteriormente estuvo en Jaén. Dado que en el Mochuelo nos hemos dedicado a filósofos españoles, andaluces y jienennses, no está de más mencionarlo en el blog. Lamento no haber tenido noticia de su existencia hasta hoy y de una manera tan rebuscada, pasando por Barcelona, cuando hemos debido de coincidir algunos años en la misma ciudad.



Además me ha parecido curioso descubrir a este filósofo jiennense precisamente por un libro sobre Foucault. del que nos ocupamos con acento argentino en el mes de mayo, en la última sesión antes de las vacaciones, y que dio lugar como no podía ser menos a polémica. Hay que asumir, me parece, que Focault es Foucault y tiene la virtud de convertir en Foucaultiano a todo el que se le acerca. No me parece grave, es un pensador profundo, lleno de matices. Y sobre todo con una capacidad de abrevarse en muy diferentes arroyos filosóficos, científicos y psicológicos sin ahogarse en ellos ni repetir. Eso no lo puede hacer cualquiera, sólo un auténtico pensador puede tener firma propia

El libro de Moreno Pestaña que he leído se titula  "Convirtiéndose en Foucault". Entiendo que es su tesis doctoral pero madurada y reelaborada para la publicación. Es un libro no muy grueso, unas 200 páginas, pero denso.  Como toda tesis, este libro de Moreno Pestaña refleja que su autor ha metido el bisturí con muchísima precisión en el tema del que se ocupa. Da la impresión de ser un texto muy trabajado, cada frase tiene mucha enjundia y creo que ha habido una elaboración concienzuda por parte del autor, que le permite ir anunciando los temas del libro desde los primeros capítulos. El texto está muy trabado. Se refuerza la impresión de solidez argumentativa.

Aclararé que según el prólogo de Francisco Vázquez García, la obra inaugura en nuestro país un género del que desconozco si ha tenido continuadores de altura como considero que es éste. El género inaugurado es la sociología de la filosofía, es decir, reconstruye el itinerario familiar, social, personal, académico, de encuentros personales y vivencias de Foucault antes de que escribiera las obras que le dieron más fama, "Las palabras y las cosas" o "Historia de la sexualidad".  No significa que podamos reducir el pensamiento a esos factores, muchos otros viven cosas parecidas y no son grandes filósofos, pero sin duda, y eso es lo que muestra muy bien este libro, hay muchas circunstancias de juventud y formación que inciden en la formación del genio.

Pienso por los detalles que Moreno Pestaña ha recogido del paso de Foucault por la Escuela Normal Superior que no se ha limitado a leer libros, sino que ha tenido contacto con dicha institución de la que han salido los más reputados filósofos franceses del sigo XX. Salvo Onfray y alguno más que no recuerdo ahora. A lo mejor me equivoco, pero si alguna vez tengo la oportunidad me gustaría confirmar o desmentir mi hipótesis con el autor de "Convirtiéndose en Foucault". Es un dato importante la impronta del régimen de vida y estudio intenso en "Normal Sup".  Primero por la competitividad de los estudiantes que buscan la distinción para poder acceder a un puesto en dicha escuela. Y segundo, una vez dentro de ella,  por el aprendizaje del "efectismo" y dominio de la exposición oral para poder triunfar en las oposiciones de "Agregation". Son cuestiones que estimo imprimen carácter, no sólo en este autor sino en muchos otros filósofos franceses. Y que explican esa afición a la retórica que a veces deslumbra y a veces harta.

Hay muchos temas de los que se puede hablar a raíz de esta lectura. Destacaré uno que me es muy querido y que me parece que forma parte del éxito de Foucault: es la relación, nada evidente en este caso hay que bucear, entre las vivencias y padecimientos del filósofo y su filosofía. Por ejemplo, su decisión por la filosofía fue un disgusto para su progenitor, que hubiera deseado se dedicara a la medicina siguiendo la tradición familiar. Aunque los estudios del Foucault maduro sobre la locura y la sexualidad sugieren que no acabó de "matar del todo al padre".

Otra cuestión es su homosexualidad reprimida y mal llevada en los años de estudiante que le condujeron a una especie de "doble vida", y hasta cierto a un trastorno, o al menos a verse a sí mismo "raro", "marginado", "diferente". Se sugieren intentos de suicidio en sus años jóvenes. Pero lo interesante es que la tortura interior está muy relacionada con los primeros textos que conocemos en los que se acerca a la psicología: una introducción a un libro del psicoanalista existencial Biswanger y "Maladie mentale et personnalité"

Fundamental me parece y es lo que más destacaría del libro y por lo que más me ha gustado es ver cómo se las arregla Foucault para asimilar tal cantidad de corrientes de pensamiento en su obra. Se pinta un panorama rico en figuras de las que aprender, Hyppolite, Merleau Ponty, Canguilhem, Althusser, Bachelard, de lecturas provechosas Hegel, Heidegger, Husserl, Marx. Y en especial el gran tema de la "filosofía a la defensiva". Es decir, una de las grandes cuestiones planteadas es el papel de la filosofía frente a las ciencias humanas, en especial en el caso de Foucault, frente a la psicología. Grave problema de la demarcación. Moreno Pestaña narra especialmente bien cómo y porqué Foucault acabó siendo un filósofo y no un psicólogo.

Un libro que recomiendo a los amigos del Mochuelo ubetense para leer sin prisas.