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Depósito de ponencias, discusiones y ocurrencias de un grupo de profesores cosmopolitas en Jaén, unidos desde 2004 por el cultivo de la filosofía y la amistad, e interesados por la renovación de la educación y la tradición hispánica de pensamiento.
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viernes, 12 de febrero de 2016

VENIR AL LENGUAJE



VENIR AL MUNDO VENIR AL LENGUAJE

Se trata de unas conferencias de hace 30 años dio P. Sloterdijk en Frankfurt del Meno. Un pequeño libro de poco más de 100 páginas lleno de poesía y grandes reflexiones. Cada frase abre un mundo de pensamientos y merece la pena el esfuerzo de concentrar la atención y encontrar el tiempo tranquilo de lectura. El filósofo de Karlsruhe convida al poeta Celan, Hugo Ball, al filósofo Heidegger y a Sócrates para una meditación sobre la escritura primero y el nacimiento después.

martes, 26 de enero de 2016

EMBLEMAS


ὄνομα ἄρα διδασκαλικόν τί ἐστιν ὄργανον καὶ  διακριτικὸν τῆς οὐσίας (Κρατύλος, 388bc)

Traduzco: 
"Luego el nombre es un cierto instrumento didáctico y diacrítico de la esencia" (Sócrates en el Crátilo).

O sea, y respetando en parte la interpretación de la canónica edición de Gredos (Diálogos, II): el nombre sirve para enseñar y distinguir lo que las cosas son y no son. Recordad que es la misma palabra (ὄργανον) la que usan los peripatéticos para agrupar las obras lógicas de Aristóteles.

Esta consideración de la palabra como herramienta a la que podemos dar distintos usos se concuerda bien con el segundo Wittgenstein al que refería la ponencia de Amelia. 


Alguna vez he pensado que todas las concepciones del lenguaje contemporáneas, naturalistas, analíticas, convencionalistas, constructivistas..., están ya en el Crátilo platónico, sólo que como gérmenes, sin desarrollar. ¿Qué posibilidad no calculó el divino ateniense?

En la reunión de la Quinta planteé -no me hicisteis mucho caso- el acercamiento de la filosofía a la retórica. En verdad, Platón no practica la dialéctica en su obra exotérica (y de la obra esotérica, de "lo oculto de Platón", no tenemos más que rastros, que han permitido a los eruditos una especulación tan vana como interminable). Es decir, no practica un método riguroso de destrucción de hipótesis que ofrezca una sinopsis jugando sólo con ideas. Aristóteles tenía por ello fundados motivos para considerar su lógica de la demostración una analítica y reservar la palabra dialéctica para una lógica de lo probable o plausible (de plauso, aplaudo), que es lo que al filósofo de verdad le interesa.

Lo cierto es que Platón usa -y abusa- de argumentos retóricos, como el argumento ad hominem cuando Sócrates arremete contra el relativismo de Protágoras diciendo que si cada hombre es la medida de la verdad, entonces todos tienen ya el conocimiento y no se justifica que cobre por enseñar. En el Teeteto reduce el homo mensura de Protágoras a un individualismo solipsista, cuando esa tesis cabe entenderla -y seguramente así lo hacía el abderita-  como una tesis política, y entonces remite razonablemente al consenso como criterio plausible sobre asuntos disputados (pongamos el ejemplo contemporáneo del aborto voluntario).

Francisco J. Fernández protestó cuando José Moral Torralbo (prometo desde ahora recordar el apellido materno de mi tocayo) insinuó que debíamos ladearnos más bien hacia la literatura que hacia la ciencia. Desgraciadamente, la gente entiende hoy por "literatura" la novela (esa épica de la vida burguesa), el periodismo (y no precisamente el buen periodismo) y poco más, tal vez algo de poesía. ¡Malos tiempos para la lírica, algo mejores para el teatro! Pero junto a la lírica, la épica y la dramática, los griegos, los indios, los chinos, cultivaron también la literatura sapiencial. 

Propongo que rehabilitemos, la tradición gnómica, subgénero de la literatura sapiencial, que arranca con las sentencias de los siete sabios e incluye a Esopo. Esas máximas han sido agrupadas por Antonio Navarrete (colega de la Uned) en un hermoso libro, Frases célebres y anécdotas de los antiguos griegos (2011). Mas no tenemos por qué ceñirnos sólo a la literatura occidental. Promiscuidad de géneros y promiscuidad de culturas. Sin perder de vista, naturalmente, que la tradición que ha dado lugar al teatro crítico, la ciencia ascética y la democracia igualitaria ha sido la nuestra.

La literatura gnómica cuenta en España con un importante reservorio medieval, sobre todo en aquel verdadero arranque de la modernidad, y de las universidades, que fue el siglo XIII. Libros de máximas y de apólogos que yacen criando polvo en las bibliotecas. Desde las cancillerías reales de la corte castellana se impulsó una labor de traducción de obras didácticas, del latín, hebreo o árabe, que, según la mentalidad medieval, reunían un saber concebido como un todo completo y cerrado. Proverbios, consejos, Flores de filosofía, y no veo por qué hemos de despreciar los Dichos de los santos padres, una sabiduría con un claro sesgo práctico que se puede verter en formato twitter. Como la frase de Platón que ahora mismo tuiteo, para dar que pensar, mayormente.


La emblemática que se desarrolló en el sur de Europa entre el XVI y el XVIII, arrancando de los famosos 99 epigramas de Alciato, tampoco es moco de pavo. Un emblema es una imagen enigmática provista de una frase o leyenda que descifra un sentido moral oculto en verso o prosa. Son encantadores por ejemplo los Emblemas morales de Sebastián de Covarrubias que me bajé gratis de la Red en la bellísima edición digitalizada de 1610. A mí me gusta por ejemplo explicar a mis alumnos por qué a Ocasión (el kairós o sentido de la oportunidad, tan relevante para sofistas o para Aristóteles) la pintan calva.

Emblema de la Ocasión, Alciato.
A continuación transcribo para vuestro deleite, modernizando la grafía, la interpretación de la mona mirándose al espejo (Nulli non sua forma placet; o sea, A nadie disgusta su forma), del libro de Sebastián de Covarrubias que he citado:

Siendo la mona abominable, y fea
si acaso ve su rostro, en un espejo
queda de sí pagada, y no desea
otra gracia, beldad, gala, o despejo.
La malcarada, se tendrá por dea,
del rostro acicalando el vil pellejo,
y cada cual, de gloria deseoso,
Lo feo le parece ser hermoso.
Centuria I N 4



domingo, 14 de abril de 2013

Aprender a leer el mundo con H. G. Gadamer



¿Qué diríamos si nos dieran la oportunidad de escuchar directamente a Platón, Aritóteles, Agustín, Kant, Marx? todos vivieron antes de la era internet, imposible escuchar en vivo y en directo, sin intermediarios que hacen su lectura interesada. No es el caso de Hans Georg Gadamer, que conoció la era de los grandes medios de comunicación y de internet. Es indiscutiblemente uno de los últimos y más importantes eslabones de la tradición filosófica alemana. Este vídeo es el último episodio de una serie televisiva sobre historia de la filosofía hecha en 2000, es decir, que si se grabó en esa fecha podemos disfrutar de una clase magistral dada   por Gadamer a los cien años.

 La serie de programas fue dirigida por R. Safranski. Gadamer empieza con los presocráticos, sigue con Platón, el neoplatonismo y pasa a Hegel, Hölderlin, Hegel y Nietzsche. Muestra con dicha selección esa continuidad que los alemanes han querido realizar entre la cultura griega antigua, especialmente en filosofía, y su pensamiento patrio, representado en especial por el idealismo.

Cada filósofo hace su lectura del mundo, siempre ha habido hermenéutica. Pero sorprendentemente no se trata de hacer tal o cual lectura interesante sino de saber leer. La hermenéutica es el arte de saber leer el mundo. Leer no es un acto privado, no se trata de juntar letras. Se trata de interpretar y dar sentido, leer se lee en voz alta, con un tempo, un ritmo, una melodía, viviendo el sentido que se desprende del texto aquí y ahora. Lejos de ser una posesión definitiva de la verdad, la hermenéutica es una ayuda para llegar a ella, ese era el uso de la hermenéutica que le daba el moderno creador filosófico de la misma, Schleiermacher. El sentido de un texto es una música en la que cuentan muchos más elementos que las meras palabras.

Gadamer explica cómo el lenguaje se convirtió en el centro de la reflexión filosófica en el siglo XX. El lenguaje es algo vivo, que está sobre todo en la conversación, en el diálogo donde hay habla y escucha y por tanto entendimiento. No estamos hablando de proferir opiniones a las que tan aficionados somos los profesores de filosofía, estamos hablando de estar a la escucha que puede dar paso a la comprensión del otro. La hermenéutica es por ello el arte de dejarse decir algo, esto es lo impresionante del descubrimiento gadameriano, no soy yo quien tengo algo que decir, no se trata de proferir, sino de estar a a escucha, preparado para descifrar lo que tengo ante mí.

A partir de ahí, de esa capacidad de entender al otro, Gadamer hace una llamada a la solidaridad, la única forma de salvar la vida propia y ajena en el planeta tierra.
Como colofón del programa Gadamer responde a qué es filosofía, y siendo él un gran profesor de filosofía, reconoce que la filosofía no está en la clase o en el texto, sino en las preguntas filosóficas de los seres humanos, particularmente de los jóvenes, de los niños y también de los ancianos que se preguntan qué pasará tras la muerte, cuál será el futuro del mundo. Sólo una exigencia moral de solidaridad se salva de la destrucción final. La filosofía es hoy más necesaria que nunca, justamente por el espectacular desarrollo de todas las ciencias que hacen difícil una visión de conjunto.

miércoles, 29 de agosto de 2012

LA DIVERSIDAD CULTURAL. GUY DEUTSCHER






Autora de la traducción Ana Azanza

 

Entrevista con Guy Deutscher


Me interesa especialmente lo que tienen que decirnos sobre el lenguaje las personas que se dedican a estudiar  las lenguas, en el caso de Guy Deutscher joven lingüista se añade que conoce tanto idiomas modernos como lenguas antiguas. 

En este artículo critica las teorías de Whorf y la capacidad del idioma para "formatear" el pensamiento. Deutscher es de la opinión de que todo puede ser pensado en cualquier lengua. Pero no cabe duda de que cada lengua refleja unos sentimientos y una posición ante el mundo. En mi caso una de las partes que más me atrae de los idiomas son las expresiones idiomáticas que a veces tienen curiosos equivalentes en la lengua materna.

Guy Deutscher es autor de libros muy interesantes sobre las lenguas, se expresa de manera concisa, clara y concreta y es entretenido. El último de sus libros lleva el título "El prisma del lenguaje, como las palabras colorean el mundo."

"El ingles actual ya no es lo que era” dice el linguista Guy Deutscher, "pero tampoco lo fue nunca.” Durante miles de años los críticos se han quejado de la corrupción del lenguaje, a pesar de todo de alguna forma conseguimos seguir comunicándonos.  Según Deutscher, que es profesor en la Universidad de Leiden en Holanda y un especialista en lenguas semíticas antiguas, la evolución constante del lenguaje es perfectamente natural. En su libro, The Unfolding of Language: An Evolutionary Tour of Mankind's Greatest Invention, Deutscher explica como las lenguas cambian y porqué no debemos preocuparnos de que la tecnología, los medios de comunicación ni siquiera los adolescents vayan a realizar un daño irreparable en nuestra habilidad para hablar.
American Scientist  Amos Esty entrevista a Deutscher por mail en Octubre 2005.
Se le ve gran conocedor de muchas lenguas. ¿Cuántas habla? ¿Hay alguna que le resulte especialmente interesante por algo?
Esta es la pregunta que temen normalmente los lingüistas porque es difícil dar una respuesta sencilla. ¿Hablar un idioma significa ser capaz de pedir un café, discutir sobre metafísica o pasar por nativo?  Si  significa pedir un café diré que habló ocho idiomas modernos, pero solo cuatro o cinco puedo hablarlos en cualquier momento, porque los que no se usan durante cierto tiempo rápidamente se oxidan. Si significa pasar por nativo, tengo que decir que no hablo ni uno, mi ingles no suena como el de un nativo, y cuando regresó a Israel el país en el que crecí, la gente me pregunta de donde soy y dicen que tengo acento extranjero en mi idioma materno, el hebreo.
Otro problema al hacer la lista de idiomas que hablo es que me he especializado en lenguas que no se hablan desde hace miles de años, como el acadio, la lengua hablada en la Antigua Babilonia  Asiria. No hay por tanto muchas oportunidades para practicar ni una pequeña charla. Incluso si me transportara a la antigua Babilonia de hace 4000 años, no podría pedir un café, pero no tendría problemas para pedir una cerveza.
Me gustan diferentes aspectos de las lenguas. Por ejemplo el sonido que más me gusta es el del noruego, porque tiene una bonita entonación,  y la poesía que más me gusta es la alemana. Pero si tengo que designar una favorita sobre todas diré el sumerio, la lengua de la gente que inventó la escritura hace 5000 años en lo que hoy es el sur de Irak. El sumerio no se relaciona con ninguna otra de las lenguas que conozco (viva o muerta), y es extraño, una de las lenguas en las que una palabra puede expresar toda una frase. A veces pienso que cada hablante sumerio tenía que ser un genio matemático para poder producir esas construcciones tan difíciles. Pero es precisamente esta excepcionalidad junto con su interesante cultura lo que hace del sumerio una lengua tan atractiva. 
Me parece interesante su afirmación de que la gente se ha quejado siempre de la decadencia de la lengua. ¿Significa eso que no debemos preocuparnos sobre la manera en que los adolescentes (por mencionar un grupo terrible como ejemplo) estropeen el buen inglés? ¿El idioma está siempre en peligro o en decadencia?
La gente se ha quejado de la decadencia durante milenios. Cicerón no estaba satisfecho con el latín de su época, e incluso hay un poeta egipcio de hace 4000 años que gruñía sobre que las cosas ya no eran como solían ser. Uno de los que cito en mi libro es el crítico vienés Hans Weigel, que escribió:  "en toda época se dice que la lengua está más en peligro que nunca. En nuestro tiempo sin embargo está realmente amenazado por la decadencia como nunca”, pienso que es otro que se suma a la misma queja.  Los destrozos actuales le parecerán perfectamente aceptables a un inglés de dentro de 50 años, lo mismo que hoy el “buen inglés” les hubiera parecido intolerable a las generaciones previas. Jonathan Swift, por ejemplo, se quejaba en 1712 de que se pronunciaran verbos como "disturbed" disturb'd y no disturbèd  y esto no era más que una caída en la barbarie de esas naciones nórdicas de las que procedemos. Pero hoy nos sentiríamos bastante turbados pronunciando “disturbed”.
Por eso al menos que quieras creer que todas las generaciones anteriores se equivocaban al acusar a sus adolescentes de corromper el lenguaje pero que nosotros tenemos razón de decir lo mismo de nuestros adolescentes, mejor dejar de preocuparse por ello. No es una coincidencia que el último libro de Jared Diamond, Collapse, no tenga un capítulo sobre una sociedad que se extingue porque sus miembros se despiertan un día y descubren que no pueden comunicarse entre sí. Por eso así como no arriesgaría el cuello por las oportunidades de supervivencia de la raza humana, puedo asegurar seguro cien por cien que si nos hundimos no será porque el lenguaje haya  degenerado.
¿Por qué piensa usted que la gente se enfada tanto cuando hablan de la degradación del idioma?
Porque la lengua es mucho más que un mero medio de comunicación –es una de las formas más importantes de definirnos a nosotros mismos, como una primera señal identitaria, por eso no es extraño que suscite emociones tan fuertes. Es natural sentir que las normas con las que nos hemos criado son las correctas mientras que las desviaciones son incorrectas. Por tanto la condena de los cambios en el idioma es sin duda una manifestación de la evocación del “mejor tiempo pasado”, igual que la gente era más educada en la juventud de cada cual, hacía mejor tiempo y las manzanas sabían mejor, también el idioma era más refinado y mejor usado.  Pero no creo que esto sea todo, ya que hay otra razón por la que la gente a menudo se enfada con respecto al idioma que degenera, y es que la decadencia es de hecho una parte muy visible de lo que le pasa con el tiempo. Por ejemplo, es verdad que el sonido puede degenerar por “las economías” en la pronunciación,  las palabras son cada vez más cortas.  (Piense solo en  "disturbed," que ha perdido la sílaba final de los tiempos de Swift. En el libro menciono algunos espectaculares ejemplos, como el mes latino Augustus, que ha terminado en francés por ser un mero "oo.") El sentido de las palabras también puede ser erosionado. La gente a menudo se lamenta de que la palabra "catastrophe" ya no se usa para las catástrofes reales sino para los malos conciertos o las ropas que no pegan una con otra, pierde “distinguibilidad” y por tanto pierde sentido. De hecho cuanto más oímos una palabra menos nos impresiona, por eso el destino de palabras como "catástrofe" pueden ser justamente descritas como deterioro del significado.
Pero lo que discuto en mi libro es que esto sea una catástrofe para el lenguaje después de todo, porque el deterioro no es sólo lo único que pasa. La gente es menos consciente de que junto esa decadencia también hay procesos de reovación y regeneración. Sólo que estos procesos de creación son mucho menos elusivos, y en el libro, dedico varios capítulos a intentar descubrirlos. Desde la creación de la lengua es difícil verlo mientras que el deterioro es muy obvio, y no es extraño que la gente piense que el lenguaje en general se degrada.

Habla usted sobre los ciclos del lenguaje como resultado de la erosión de las palabras y el deseo de ser expresivo. ¿Ha detectado usted algunas tendencias a largo plazo que expliquen la evolución de la lengua? ¿Esta erosión y expresividad nos lleva a algún lugar en particular?

La pregunta es muy interesante y muy difícil. Podemos decir con seguridad que el lenguaje no está yendo a peor pero tampoco es que esté yendo a mejor, en el sentido de que esté siendo una herramienta de comunicación más efectiva. En otras palabras, no creo que las lenguas sean hoy mucho más eficientes que las de hace 1000 ò 5000 años. En teoría al menos, el lenguaje debería de quedar en un estado de equilibrio, con las fuerzas de erosión y las de creación actuando cíclicamente por siempre jamás. Y  todavía, al menos cuando uno mira a la historia de las lenguas indoeuropeas durante los últimos milenios, hay algunas señales de que las cosas se mueven en determinada dirección. En particular ha habido una clara evolución hacia palabras más cortas e invariables (palabras con diferentes terminaciones que eran corrientes en las lenguas antiguas como el Latín, Griego o el sánscrito). Edward Sapir escribió sobre ello en 1921, y dijo que era un desvió con una clara dirección. Se preguntaba cómo podían los hablantes saber en qué dirección general se va a orientar el idioma. Por ejemplo ¿cómo podían saber los hablantes ingleses modernos que estaban históricamente obligados a prescindir del pronombre "whom," que es una de las últimas palabras en inglés en tener una terminación, que en el tiempo de Sapir hubiera servido para un epitafio pero no para una investigación? Esta cuestión ha obsesionado a los lingüistas desde entonces y muchos han intentado encontrar una solución. Todavía no se ha dado una respuesta, pero al final de mi libro hablo de ello.
Mucha gente se queja de que los emails han hecho que el lenguaje sea mucho más informal. ¿Cuál es el papel de la tecnología en la evolución del lenguaje? Dado que la tecnología parece desarrollarse tan rápido en la actualidad, ¿evolucionan las lenguas más rápidamente que antiguamente?

El correo electrónico está cambiando el estilo epistolar en ingles (y quizás las convenciones ortográficas), pero me parece que es una exageración hablar de un efecto significativo en el lenguaje como un todo. En realidad pienso que el impacto de la tecnología en el lenguaje está sobrevalorado. Si el ritmo de los cambios en el lenguaje reflejara el de los avances tecnológicos, tendrían que haberse visto cambios lingüísticos mucho más rápidos, podríamos haber visto al lenguaje evolucionar fuera de control.  No es ni mucho menos el caso. Si comparamos cuánto ha cambiado el inglés en los últimos 400 años, entre Shakespeare y nosotros por ejemplo, con lo que había cambiado en los 400 años anteriores entre 1,200 y 1,600 vemos que entonces fueron mucho más radicales y rápidos. Esto da que pensar.  
Por supuesto no pretendo decir que la tecnología no tiene ningún impacto. Claramente hay nuevas palabras que emergen para nuevos conceptos y aparatos: desde el volante y el enchufe hasta el  iPod y el correo electrónico. Pero más allá que añadir palabras aquí y allí, no creo que la tecnología tenga un efecto más profundo en la lengua, al menos que sea el tipo de tecnología que revoluciona nuestra forma de comunicar como la escritura, la radio y la televisión. Pero extrañamente está lejos de ser obvio que los medios de comunicación de masas, por ejemplo, hayan aumentado la proporción de cambios en la lengua, su influencia en el sentido de “estandardizarla” puede que incluso la haya disminuido. En general no se ha prestado mucha atención a los cambios en las pautas de comunicación. Es algo que me parece fascinante y a lo que pienso dedicar algún capítulo en mi próximo libro. 
Si las lenguas están evolucionando constantemente, ¿son tan importantes para la identidad cultural? Por ejemplo, ¿Francia continuaría siendo Francia si el inglés o cualquier otro idioma se transformara en el idioma dominante?

No veo contradicción entre los cambios constantes en el lenguaje y el hecho de que el idioma es quizás el emblema principal de nuestra identidad. Los cambios dentro del mismo idioma no son nunca tan rápidos que impidan la comprensión por parte de la generación viva del lenguaje escrito, que tiende a ser mucho más conservador en cualquier caso y que es el medio de comunicación del grueso de la cultura acumulado durante siglos.
Por supuesto si por cualquier razón los franceses empezaran a hablar chino, no se seguiría que perdieran sus características nacionales y que empezaran a comer con palillos. (Hay precedentes históricos, por ejemplo en Irlanda, donde en un tiempo relativamente breve una gran proporción de la gente cambió del irlandés al inglés pero no por ello perdieron su identidad nacional y se volvieron ingleses.) Además estoy seguro de que si preguntas a los franceses que significa para ellos ser francés, dirían que es algo más que el queso brie y la baguette. También consiste en cantar nanas francesas y canciones infantiles francesas no chinas, usar expresiones y bromas francesas, leer a Victor Hugo y Maupassant (no su traducción china), etc. Es difícil contradecir este sentimiento.

Al final de su libro, menciona que en el mundo constantemente se están perdiendo lenguas. ¿Debemos  preocuparnos por ello? ¿O significa solo que nos es más fácil comunicar unos con otros?

Las dos cosas. Por una parte, al menos desde la Torre de Babel, ha existido la sensación de que la multiplicidad de lenguas es una maldición, una fuente de frustración o, peor, una causa de conflictos evitables. Sería ingenuo negar que el mundo sería un lugar más fácil para vivir si se hablara sólo un idioma. Pero incluso si pudiéramos expresarnos sin obstáculos, ¿de qué serviría si no hubiera mucho de qué hablar? A menos que creamos que la existencia humana se reduce a intercambiar acciones, no podemos ser insensibles al hecho de que la lengua es el principal repositorio cultural, o como se lee ahora en un vaso de Starbucks, que cada idioma es un antiguo bosque de la mente. Si desaparecieran todos los idiomas salvo uno, quizás el comercio internacional sería más fácil, pero habríamos destruido nuestra riqueza cultural una de las mejores excusas para seguir viviendo.

De hecho una solución mejor para facilitar la comunicación es el plurilingüismo. En la mayoría de los países occidentales, no sólo en Estados Unidos, el monolingüismo es la norma mientras que el plurilingüismo es visto como un fenómeno marginal, restringido a la gente extraña como inmigrantes o superdotados políglotas. Pero no tiene porqué ser necesariamente así. En muchas sociedades ya se da por hecho que la gente hable más de un idioma e incluso hay lugares donde  todo el mundo habla más de dos. Pienso que el plurilingüismo es la perfecta respuesta a la Torre de Babel, ya que nos permite facilitar la comunicación sin quitar a la gente su herencia cultural.
¿Tiene usted alguna predicción sobre el futuro de la lengua? ¿Acabaremos todos hablando ingles o chino o alguna amalgama de varias lenguas?

Aunque la influencia del ingles se está notando en otras lenguas, parece altamente improbable que haya una amalgama de idiomas como inglés y chino. Pero muchos desaparecerán. Si el cincuenta por cien o el noventa por cien no sabemos. Lo único seguro es que la diversidad lingüística se verán drásticamente reducida en el mundo en las próximas generaciones. Pero no me veo poseído por el espíritu de profecía como para decir cuál de las lenguas ganará. Es aleccionador sin embargo saber que el acadio, la lengua en la que estoy especializado, era la más potente durante más de un milenio –una lengua franca en amplias zonas del mundo antiguo, una fuente de influencia en lenguas cercanas y lejanas. Y desapareció completamente, de ella sólo nos han quedado unas tablillas de barro enterradas en el desierto.

Dado que usted pasa tanto tiempo estudiando las lenguas, ¿a veces le ocurre que se dedica a analizar la forma en la que otros hablan cuando está enfrascado en una conversación?
Pienso que todos los lingüistas sin querer hemos desarrollado una especie de alienación en lo referente al idioma, de forma que somos incapaces de desconectar incluso cuando nos piden que pasemos la sal. Pero en mi caso, hay una doble alienación, porque me paso la mayor parte del tiempo hablando un idioma que no es el mío (inglés). Sin embargo la ventaja de esto es que dado que el idioma me resulta menos familiar, puede ser más fácil darse cuenta de cosas que a los nativos se les pasan por alto. Y me encanta sobre todo observar los cambios cuando están teniendo lugar.  

domingo, 15 de julio de 2012

Más consideraciones sobre el lenguaje



Autora Ana Azanza

Me quedaron muchas dudas y cuestiones ante el interesante tema del lenguaje que se planteó el penúltimo día de la reunión del Mochuelo. En Wellmer, un sucesor de la escuela de Frankfurt, intérprete de Adorno a cuya filosofía a veces enrevesada le saca un gran partido, ofrece otras propuestas sobre el lenguaje en su “Dialéctica entre modernidad y posmodernidad”. Gracias a Luis Saez he dado con este pequeño gran libro entusiasmante.  Trata la cuestión disputada de la posmodernidad, desde una óptica que no quiere renunciar a la razón como buen frankfurtiano, y también hace su aportación a la filosofía del lenguaje.

Wellmer critica al racionalista "sujeto constituyente de sentido". Se ayuda de la obra de Wittgenstein. Me ha interesado particularmente porque de la exposición de Mariu sobre Foucault me quedó la impresión de que hay en el asunto de la comunicación y el lenguaje hay cosas que se nos imponen sin que podamos hacer nada para evitarlo. Estamos en "ellas". 


Y aquí va otra perspectiva antirracionalista con un antirracionalismo tomado en una justa medida. No vayamos a tirar el niño con el agua.

Aquello de que "el sujeto inventa significados que son conectados con cosas a través de las palabras" sería la versión extrema del racionalismo lingüístico detectable tanto en empiristas como en racionalistas.

Pero lo decisivo se encierra en responder a estas preguntas ¿cómo puedo saber de qué hablo? ¿cómo puedo saber qué quiero decir?

Regla, praxis intersubjetiva en la que alguien ha sido adiestrado.
Juego de lenguaje, conjunto de prácticas, de instituciones “dentro” de las que se habla. Los significados son esencialmente abiertos, no objetos de un tipo particular, ni algo ideal ni psicológico, ni dado en la realidad.
La significación viene por el imperio de una regla basada en la práctica de su aplicación a una clase de cosas. Y la relación de significación no se puede fundar racionalmente, sólo aclarar o justificar. La relación de significación se basa en la necesidad del “querer decir”. Es toda la diferencia entre un sujeto que habla y una máquina que habla por lo demás, al menos en el sentido de las máquinas parlantes del siglo XVIII. Imitaban el lenguaje humano pero la máquina no era quien para “querer decir” algo.

La crítica filosófico-lingüística de la filosofía del sujeto conduce al descubrimiento de lo otro de la razón en el seno de la razón.

Ese “otro de la razón” no se trata de la líbido de Freud sino del cuasi-factum previo a toda intencionalidad o subjetividad, que son los sistemas lingüísticos de significaciones, las formas de vida. Es un mundo en el que los sujetos humanos pueden llegar a ser ellos mismos o no serlo de diferentes maneras. No hay un “consenso” previo para llegar al significado de las palabras, hay entendimiento mutuo que establece la posibilidad de diferenciar lo verdadero de lo falso, lo razonable de lo irrazonable.

Verdadero y falso es lo que los hombres dicen y es en el lenguaje donde se ponen de acuerdo. Cuando hablamos del significado no nos referimos a un acuerdo de opiniones sino a una forma de vivir. El entendimiento conlleva un acuerdo en la definición de las palabras y en un acuerdo en los juicios, esto parece superar la lógica pero no la supera.

Con ayuda de Wittgenstein se le puede reprochar al estructuralismo, y hasta cierto punto a Focault, que descuida la dimensión pragmática de una relación de significado no objetivable. A la pregunta inicial "¿sé lo que quiero decir?" subyace un punto de partida objetivista que Wittgenstein desenmascara. La palabra significación remite a una forma de uso. No tiene sentido decir como hace Derrida que en cada repetición de un signo lingüístico tiene lugar un desplazamiento del significado.

“Ni de una sola ocasión ni de un solo hombre puede seguirse una regla”

El problema es hacer del “querer decir” la fuente del significado y así no se entiende como el otro me entiende o yo me entiendo. La interpretación lingüística a la vez que  modifica lleva en sí un índice de generalidad. El mero uso de una palabra indica una nueva forma de uso.

La descentración filosófica-lingüística del sujeto significa el descubrimiento de un mundo común siempre en trance de franqueársenos en el interior de la razón y del sujeto. Cuerpo, voluntad de poder, libido están presentes en ese mundo. Pero LINGUISTICAMENTE ABIERTOS. También la violencia está presente en el mundo, pero abierta y por tanto distinguible de la comunicación sin violencia, del diálogo, del carácter abierto del uso, de la cooperación voluntaria.

La crítica filosófico-lingüística del racionalismo y del subjetivsmo da ocasión a reflexionar sobre verdad, justicia, autodeterminación y al mismo tiempo nos hace desconfiar de los profetas de la nueva era, en la que retórica ocupa el lugar del argumento, la voluntad de poder el de la voluntad de verdad, y la avidez el de la moral. 
Todo ello a expensas de lo que Amelia se hubo de guardar para mejor ocasión...

sábado, 24 de marzo de 2012

La babelización

Autora Ana Azanza



Ya que estamos hablando del lenguaje, he dado con un lingüista apasionado por los idiomas, que no duda en denunciar la "colonización" del inglés como una moda y como un vector del neoliberalismo que amenaza la diversidad.

Claude Hagège, nacido en Cartago (1936) se vió "habitado" por la pasión lingüista desde la más tierna infancia. Sin saber porqué prefería descubrir el significado de los ideogramas chinos a los juguetes. Dice que puede hablar sin pensar en casi una decena de idiomas, francés, árabe, chino, hebreo, ruso, español. Para el resto guaraní, japonés, persa, malgache, quechua, navajo, turco, húngaro, vasco...tal vez necesite echar mano de la gramática o el diccionario. Además su pasión por las lenguas le ha llevado en dos ocasiones al menos a una elección dolorosa, entre una mujer y un idioma. Lamentando la decisión prefirió irse al otro lado del planeta para estudiar una nueva lengua sabiendo que iba a perder a la chica que no tenía razón ninguna para esperarlo.También reconoce que por muy machista que resulte decirlo, debe agradecer a algunas mujeres que amó el aprendizaje de su idioma. Un hombre apasionado. El camino más corto para aprender un idioma sigue siendo el mismo.


El lingüista Claude Hagège, enamorado de la diversidad lingüística



  En su última publicación "Contre la pensée unique" (Odile Jacob 2012)  este profesor del Collége de France apasionado y apasionante hace un alegato en favor de la diversidad lingüística de la humanidad.

El pensamiento único descansa en "un consenso blando sobre las ventajas materiales, llenas de promesas ilusorias y sobre esquemas intelectuales prefabricados que se despiden del espíritu crítico, del recogimiento lúcido y de la meditación creadora: búsqueda del confort cotidiano hasta en detalles ridículos, docilidad a la presión de los medios de comunicación, capitulación frente  a los mensajes que nos repiten y a la ideología confusionista subyacente, gusto por los viajes organizados por comerciantes de ocio que no dejan lugar a la iniciativa individual, industrias cosméticas con el fin ilusorio pero comercialmente rentable de negar el envejecimiento natural, puesta en escena televisada de la política de una democracia espectáculo, basada en sondeos y corrupta, obsesión por la seguridad,  por el dinero, por los beneficios económicos, diabolización del aliento revolucionario, culto al resultado en las ciencias duras y desvalorización de la reflexión sobre el hombre el hombre propia de las ciencias sociales, la eficacia antes que la ética, terror a ser diferente y pulsión de fusión en la banalidad general (....)"

Recuerda con nostalgia las mentes que en Francia fueron no hace tanto como faros que guiaron a toda una generación, Levi Strauss, Foucault, Derrida, Barthes y otros, lamentablemente  no se ven hoy los epígonos a la altura de esos filósofos. Estamos habitados por el pensamiento blando y único.

Se revuelve Hagège contra la ideología neoliberal que ve el beneficio como única finalidad de la acción humana. Bruselas y la Unión Europea son hoy un bastión de esta ideología. El inglés nos coloniza, Hagège es bien consciente de que Estados Unidos ya no necesita promocionar su idioma, son otras regiones del mundo como el Sudeste Asiático o la propia Europa las que promueven el uso de esta lengua en detrimento de la diversidad lingüística. Otros piensan que el inglés, hoy la lengua vehicular más extendida que jamás haya sido, perderá su papel en beneficio de una vuelta a la babelización.

El idioma que hablamos tiene el poder de "dar forma" a nuestras mentes, la riqueza del pensamiento se ve amenazada por la uniformización lingüística. El libro "Contra la pensée unique" no es un libro antiamericano, incluso se lo han inspirado colegas estadounidenses preocupados como él por la pérdida de la diversidad cultural.  La diversidad es una ley de la naturaleza. La vocación humana no es la de la uniformización lingüística, ni la identidad. Como las demás especies vivas del planeta es la de dispersarse y ser cada vez más diferentes unas de otras. El ideal del inventor del esperanto es muy interesante, pero sería un falso ideal.

La potencia de los medios de comunicación hace que el inglés se mantenga, pero también la "criollización" del inglés llegará.





Claude Hagège tiene dos frases que le sirven de test para saber si una lengua está muerta. A principios del siglo XIX no se podía decir en hebreo "te quiero" ni "pásame la sal", el hebreo estaba "muerto". Sin embargo la creación del estado de Israel llevó consigo la "resurrección" de una lengua que llevaba siglos utilizándose solo y exclusivamente para la lectura de la Biblia en los ritos religiosos del judaísmo. Hagège ha estudiado cómo hacen las lenguas antiguas para sobrevirvr, o bien crean palabras sacándolas de su propio bagaje, por ejemplo, en chino "libertad" no existe como tal palabra y han inventado "movimiento que procede de uno mismo", y entonces se crea un vocablo transparente para los nativos y oscuro para los extraños, o bien se acuñan neologismos prestados de otros idiomas. Como lingüista experimentado reconoce que todas las lenguas toman prestados vocablos de las demás, también el francés los ha tomado del inglés. Por ejemplo la palabra francesa "paquebote" viene de "pack boat". El problema es cuando se toman prestados términos que ya existen en el propio idioma, es decir, se toma el préstamo sin necesidad.

Explica el curioso caso de pedir un "bocadillo de queso" en vez de un "cheese burger" en un MacDonals. Los camareros menos instruidos son incapaces de traducir y se quedan desconcertados.

Muchas lenguas mueren cada año porque sus hablantes piensan que no son útiles para el progreso social de sus hijos. Y cuando una lengua muere se pierde una herencia cultural, la forma de expresar una relación con la naturaleza, con el mundo, entre los hombres y en las familias. La forma de expresar el humor, el amor, la vida. Una lengua es un testimonio de una comunidad humana extremadamente precioso puesto que es otra forma de expresión diferente a la de nuestro mundo industrializado.
Saluda Hagége con alegría el resurgir de las lenguas en Europa que estaban a punto de perderse como una reacción al invasivo y uniformante inglés.

Frente a lo que hemos aprendido en la formación religiosa tradicional del catolicismo, Hagège que procede en parte de una familia judía, explica que hay una tradición rabínica para la cual Babel no fue un castigo divino. El capítulo XI del Génesis no es explícito en ese sentido, no dice "voy a dispersarlos para castigarlos". Babel es un cumplimiento del destino de los hombres, la dispersión es una bendición. Con la dispersión terminó el tiempo mítico y empezó el tiempo filosófico.
El amor de Hagège por la diversidad lingüística lo expresó antes en otra obra "Dicionnaire amoureux de langues" (2009).

Claude Hagège : "Contre la pensée unique" 

martes, 20 de diciembre de 2011

PENURIA DEL LENGUAJE

Autora Ana Azanza

Como este año estamos enfrascados en el tema filosofía del lenguaje, me ha parecido pertinente este artículo de Lluis Duch y Albert Chillón a propósito de la Corrupción del discurso.

http://politica.elpais.com/politica/2011/11/03/actualidad/1320353962_516396.html

 La idea de fondo es que  "demasiados políticos y economistas, periodistas y profesores, financieros y empresarios tejen de consuno una neolengua que, como en la pesadilla de Orwell, reduce el polifacetismo y la complejidad del mundo a una jerga tecnocrática y opaca."