![]() |
| Eugenio Ímaz. Extraordinario humanista injustamente semiolvidado. |
Prologuista genial
El prólogo puede ser considerado como un género literario o,
al menos, como un subgénero de la didáctica. Conozco al menos cuatro maestros
del prólogo: José Ortega, Alfonso Reyes[1], Eugenio Ímaz o el polaco Stanislaw
Lem, este último escribió un libro fantástico con prólogos humorísticos y satíricos de obras posibles, imaginadas, casi
inconcebibles, peregrinas ocurrencias futuristas, delirios cósmicos.
La faceta de prologuista de Eugenio Ímaz (1900-1951) fue al
menos tan excelente como sus dimensiones de profesor y traductor. Sus prólogos demuestran un
profundo conocimiento de la obra que proemian y de la que suelen ofrecer una económica sinopsis
(¡qué difícil es resumir bien!). Pero no se queda ahí, sino que añade: por
una parte, un marco histórico desde el cual comprender el sentido de la obra
que preludia; y por otra parte, no renuncia a una mirada crítica, original,
valiosa, a veces graciosa e irónica, la cual supone una filosofía suya, de
Eugenio Ímaz.
Su perspectiva es la del humanismo clásico, cristiano y
español, una simbiosis de vocación didáctica, cultural, política y espiritual.
Para Ímaz, el humanismo se confunde con la filosofía porque tienen el mismo
origen en la obra de Platón: “El comienzo de la metafísica en el pensamiento de
Platón representa al mismo tiempo el comienzo del humanismo”[2].
