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Depósito de ponencias, discusiones y ocurrencias de un grupo de profesores cosmopolitas en Jaén, unidos desde 2004 por el cultivo de la filosofía y la amistad, e interesados por la renovación de la educación y la tradición hispánica de pensamiento.

domingo, 5 de noviembre de 2017

UNA HISTORIA DE LA FILOSOFÍA ESPAÑOLA



Ana Azanza


“Historia de la filosofía española, su influencia en el pensamiento universal” (2007) de Heleno Saña no podía resultar un libro más intempestivo  y a la vez más necesario en los tiempos que estamos viviendo, en el que hace falta valor para reclamar algo “español” o simplemente España por el tinte franquista que hemos dejado caer sobre ambas palabras al habernos saltado una etapa histórica esencial tras la salida de una dictadura: la que corresponde al tiempo de encarar la realidad de “lo que pasó” y las numerosas complicidades que de la noche a la mañana desaparecieron como por ensalmo. La mala conciencia nos persigue.

viernes, 27 de octubre de 2017

FILOSOFÍA Y POLITICA

El “Atlas del pensamiento universal” de Heleno Saña, barcelonés residente en Alemania, es cuando menos un osado proyecto, puesto que en menos de 300 páginas el autor se propone dar un repaso sucinto y a vista de pájaro de toda la historia de la filosofía. Empieza por no dejarse los pensadores de China, India y Persia, antes de atacar los presocráticos y el recorrido habitual hasta llegar a la posmodernidad y la teología y filosofía de la liberación.

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No es un libro para especialistas, todo lo contrario, no hay tecnicismos ni vocabulario esotérico, ninguna voluntad de confundir al lector. De cada filósofo se da una muy breve noticia biográfica y unas pinceladas escogidas de su pensamiento. La mitad del libro lo dedica a los siglos XIX y XX, época en la que han abundado las propuestas filosóficas de tipo social y político, y en el que a menudo los pensadores eran también revolucionarios y agitadores de masas. Se percibe en el autor de este libro la valoración que da a los filósofos según se hayan preocupado más o menos del bienestar y bien-ser de la inmensa mayoría de la población, y en realidad observamos como lamentablemente en los últimos tiempos la filosofía ha ido perdiendo relevancia social para quedarse recluida en círculos académicos.

miércoles, 11 de octubre de 2017

Sedición en Cataluña/ Sólo un Sócrates podrá salvarnos



García Trevijano arremete contra la visión de España orteguiana, como proyecto subjetivo de vida en común que tanto daño está haciendo. España es un producto de la historia, un hecho que viene de atrás, no fruto de voluntades como incluso el rey Felipe VI dejó caer en su discurso. A buenas horas mangas verdes.

Los franquistas de ayer quieren hoy "separarse" pero no hay narices para echarse al monte.

Pero dejando aparte el teatro nacional que no se sabe muy bien donde quiere llegar traigo a Zizek una vez más que trata de filósofos revolucionarios y filósofos normalizadores, hoy Sloterdijk y Habermas.

SACANDO CONSECUENCIAS

(Recensión y crítica de Sacando consecuencias (Una filosofía para el siglo XXI), tecnos, Madrid 2017.)

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Una metafísica inferencialista

Jesús Zamora Bonilla (1), catedrático de filosofía de la ciencia en la UNED, ha escrito un libro valiente y ameno, en el sentido en que puede ser ameno un libro de filosofía: valiente porque se atreve con una tesis propia, autorizándola con argumentos originales y bien hilvanados más que con citas o argumentos de autoridad; ameno, porque combina graciosamente el relato significativo y el discurso declarativo.

Toda su obra –o, al menos, una parte considerable de la misma- se anuda a partir del principio de que la acción de inferir es el proceso cognitivo primario: “una cosa está viva si es capaz de sacar consecuencias”. Esto mismo se contradice, o por lo menos contrasta, con la pretensión de elaborar una filosofía sin fundamentos, de “desinflar la metafísica”.

Podría adherirme a esta consecuencia bajo una interpretación de “metafísica” que pretenda hacer de la filosofía primera, hoy, una especulación vana al margen de la ciencia. Pero entendida la metafísica de otro modo, como una propuesta coherente sobre el sentido de la realidad, del conocimiento, de la dignidad de la persona y del valor de la historia, y que tenga en cuenta el saber más fiable, el saber científico, la filosofía primera no sólo no me parece desechable, sino que siempre corre y correrá implícita, como venero subterráneo, o explícita, como fértil río, en mitad de cualquier discurso, implícita o explícita, dogmática o crítica. También por supuesto esto sucede en el libro de Zamora Vicente.

A mi juicio, una filosofía crítica como la que propone el autor sería inevitablemente una filosofía primera o la supondría, esto es, contendría una metafísica, una apuesta por una cierta idea de verdad, justicia, unidad o pluralidad, bien y mal, belleza, etc.

“Sacar consecuencias” también se dice de diversas maneras. 1) Las “criaturas darwinianas” hacen lo correcto a causa de su programa genético, porque sólo los que han hecho lo apropiado en sus ecosistemas han madurado y se han reproducido. 2) Las “criaturas eskinerianas” aprenden conductistamente a sacar consecuencias mediante el método de ensayo y error, regulado por el par placer/dolor. Repiten lo que les gusta y evitan lo que les fastidia. 3) En tercer lugar, las “criaturas popperianas”, o sea, nosotros, imaginamos conjeturas, inventamos hipótesis, creamos realidades virtuales, de modo que no sólo aprendemos a no repetir lo que nos hizo daño, sino que también elegimos entre modelos alternativos y previstos de acción siendo muy capaces de hacer lo que debemos aunque nos disguste.

A Zamora Bonilla le parece muy “natural” que los sistemas operativos que llamamos “mentes” y cuya autonomía funcional es evidente sobrevengan o emerjan evolutivamente a partir de otros más simples y automáticos.

Respecto al instrumento operativo por excelencia del pensar, el lenguaje, el autor nos anima a abandonar la concepción representacionista. Para él no es tanto la relación entre palabra y realidad lo que dota al lenguaje de significado, sino sobre todo la relación de consecuencia entre una frase y otra. Pensar no sería entonces el arte intencional de referir lo que decimos a lo que hay, sino la práctica de inferir unos pensamientos a partir de otros.

Los seres humanos nos constituimos como mentes en redes inferenciales. Somos los sistemas de extracción de inferencias más eficaces producidos por la naturaleza. Queda por averiguar también en qué sentido podamos considerar a esa Naturaleza sustantiva como un agente inferencialista, aunque creo que en tal caso, se da por hecho que sólo puede serlo en sentido darwiniano y tal vez eskineriano.

Entre las inferencias, ocupan un lugar eminente las frases declarativas, hijas de lo que Zamora llama “intencionalidad conjunta” o “colectiva” que, más allá de las aptitudes del resto de los primates, nos permite a nosotros, primates con grandes poderes cognitivos, la transmisión altruista de información (¡el logos apofantikós de Aristóteles!).

Valor normativo del concepto


Dar y pedir razones es lo que nos distingue, de lo cual se deriva muy “naturalmente” una responsabilidad respecto a lo que damos y pedimos. Así se concluye ipso facto que las redes inferenciales están formados por hilos de carácter moral. Este salto de lo declarativo a lo imperativo (más antiguo, genuino y arraigado) nos parece como mínimo un poco brusco. Y es que las “criaturas popperianas” tenemos la posibilidad de sentir que una consecuencia debe ser aceptada al margen de que nos guste o no. Es decir, más allá de las “criaturas eskinerianas” (behavioristas) podemos hacer lo que no nos da la gana para sentirnos (¿o sabernos?) congruentes.

Las normas de inferencia despliegan el significado de los conceptos, pues para Zamora un concepto es un nódulo de normas de inferencia, o sea, la entelequia de un “espacio lógico”. Podemos establecer cierta identidad o analogía entre este concepto de campo inferencial y el concepto kuhniano de paradigma o el foucaultiano de episteme. Tales campos delimitan dinámicamente lo que nuestros recursos cognitivos pueden pensar.

Tres serían las virtudes de un campo inferencial: 1) que prediga mucho, 2) que prediga correctamente; y 3) que podamos navegar sus redes de la manera menos costosa posible. Aunque Zamora admite que la capacidad de previsión, tan valiosa en las ciencias naturales, se ve muy limitada en las ciencias humanas y sociales, donde prima más la comprensión de los hechos.
El sujeto y su intencionalidad trascendente o trascendental contaría poco en este juego donde más bien resultamos ser marionetas de la capacidad sorprendente que tiene el propio Lenguaje para llevarnos de unas frases a otras.

Este inferencialismo ilumina sin duda un aspecto importante del concepto (normativo) y del lenguaje, pero resulta con todo bastante restrictivo, pues, por decirlo con Wittgenstein, con el lenguaje se puede jugar a muchas otras cosas o, por decirlo con Ricoeur, no es el lenguaje el que refiere, sino los interlocutores que dan y reciben razones los que se comunican intenciones (primeras, segundas y terceras, verdaderas o falsas…, ese es otro problema).

Si nuestras afirmaciones requieren justificación pública y el sujeto debe aceptar lo que se siga de ellas, asumiendo responsabilidades, entonces no es una simple pelota en el futbolín lingüístico de las redes inferenciales.

Filosofía crítica y razón socrática


Para Zamora, la principal función de la filosofía como crítica racional es ayudarnos a entender qué pensamos exactamente cuando pensamos lo que pensamos. Yo llamaría a esto reflexión, más que análisis. Desustancializa con motivo la Razón, la cual saca consecuencias –como la inteligencia- en cada ser natural. La razón y la inteligencia se dan en todos los seres vivos en distintos grado. Otra cosa es la conciencia, claro.

“Lo que hay en la naturaleza son animales más o menos inteligentes, más o menos capaces de inferir” (pg. 47).

Se atiene -y hace bien- al método socrático, en el sentido de razonar con el objetivo primario de comprobar si nuestras redes de conceptos son fiables. Tal "testeo" nos serviría para escrutar cuánto aguantan sin romperse, es decir, cuando acaban haciéndonos caer en contradicciones. A este escrutinio lo considera Zamora un “pensar sin fundamentos”, no reparando en que el propio ideal de fiabilidad o no contradicción ya está operando como principio o fundamento. ¿Por qué va a ser peor no contradecirse que contradecirse? ¿Sobreviven mejor los organismos que no se contradicen? Lo dudo. Y es que ningún tipo de nihilismo, aún siendo un nihilismo débil, puede asumir en la práctica su aspiración de operar sin fundamento.

Por supuesto, admito que “todos los conceptos son irremediablemente chapuceros en alguna medida” y que la generalidad y la extensión de un concepto, como ya sabía Porfirio, es inversamente proporcional a su comprensión, pero la jerarquización de conceptos, la clasificación, es uno de los instrumentos preferido por ciencia, sobre todo de las ciencias naturales. La clasificación es una herramienta de lógica general, legítima, racional y útil, aunque tampoco está de más –como hace Zamora- llamar a la modestia y provisionalidad de nuestras jerarquizaciones. En efecto, la racionalidad perfecta es un ideal y jamás podrá satisfacer ninguna relación comunicativa, al menos ninguna relación comunicativa propiamente humana.

Materialismo de hechos notorios y herramientas inferenciales


Desde un realismo empirista Zamora asigna a la notoriedad pública la condición de criterio objetivo de existencia o patencia. Parece que lo que hay es lo que nuestra biología ha dictado que haya. Por supuesto, si hay más, no lo sabemos, aunque las hipótesis espiritualistas y teológicas parecen a Zamora poco probables.

Distingue el autor muy sutilmente entre primacía ontológica y prioridad epistemológica para salvar la capacidad predictiva de la ciencia. Dicha capacidad predictiva es una entre otras virtudes deseables que le atribuimos al saber mejor, al saber verificado y falsable.

La cuestión de la verdad científica parece cruzarse con el poder de ser citado o tenido en cuenta por otros científicos en una economía de la información en la que manda quien en justa competencia deliberativa de argumentos impone el propio como más útil para explicar cuanto acontece. Enfatiza con ello la naturaleza antagónica del proceso de investigación, pues los científicos de carne y hueso persiguen dos cosas: conocimiento y reconocimiento.

La clave del reconocimiento está en que otros científicos decidan aceptar como premisas en sus trabajos las condiciones defendidas por el aspirante a reconocimiento. El colmo del reconocimiento está en ocupar lugar en un libro de texto, aparte, claro está, de las aplicaciones tecnológicas eficaces a un campo específico.

Para Zamora –él sabe que aquí disentimos- sólo sabemos lo que las ciencias dicen que sabemos. Un cientifismo sincero. Tal restricción, obviamente, priva de cualquier relevancia gnoseológica a otros discursos como el religioso, el artístico o el metafísico. De ahí su voluntad de “desinflar la metafísica” (capítulo III) a la que entiende en un sentido demasiado medieval. La Verdad no tendría nada de profundo o misterioso, sería sólo un palabro económico para referir a series de asentimientos sin tener que nombrarlos todos, como cuando decimos que “el teorema de Tales es verdadero” sin tener que declarar el teorema propiamente dicho. No hay ninguna esencia profunda de la verdad, pues todo el problema de la verdad estaría en la superficie, en las necesidades expresivas del lenguaje.

Un análisis así no puede en consecuencia sino resultar él mismo superficial. Se desecha muy a la ligera la concepción clásica de la verdad como adaequatio intellectus et rei o la más contemporánea del isomorfismo wittgensteniano, o la venerable concepción de la a-letheia como descubrimiento dialéctico, y apenas se alude a la concepción óntica de la verdad como autenticidad, tan emparentada, sin embargo, con la noción de consecuencia lógica. Mucho menos se tiene en cuanta la concepción de la verdad como iluminación, inspiración o revelación. Lo que no se restringe a una concepción formal de la verdad, de raigambre tarskiana, es eludido con la palabra mágica “trivial”.

La distinción sustancia/accidente es reducida pragmáticamente. Vale porque nos facilita el proceso de sacar consecuencias, lo cual ha sido útil porque nos ha permitido sobrevivir. Queda por explicar por qué es más útil sobrevivir que perecer, ser que no ser. Puede que descubrir, inventar o crear sentido en este asunto le resulte a nuestro autor perfectamente “trivial”.

La distinción esencia/existencia apenas merece un párrafo, en el que se afirma que los filósofos medievales terminaron reconociendo la identidad (pg. 113) en los seres existentes de esencia y existencia, ¡cuando fue precisamente al contrario!, pues sólo en la Idea de lo perfecto coinciden la potencia y el acto, la posibilidad y la existencia. Por lo visto, tal distinción sólo sintomatiza la aversión del Lenguaje (ese genio todopoderoso y caprichoso, con espontaneidad propia) a tener una sola palabra para cada concepto.

La existencia se reduce al cuantificador existencial del la proposición categórica particular afirmativa del tipo “algunos físicos creen en Dios” (Vx (Fx & Dx)). Desprecia Zamora la relevante analogía lógica entre el existencial categórico (dogmático) y la posibilidad modal; y entre el existencial negativo (Vx (Fx & Dx), “Algunos físicos no creen en Dios) y el modal contingente. Pero los enunciados modales también procuran consecuencias. 

El ser y el estar, ¿son lo mismo? ¿Cuál es el estatuto de las realidades virtuales? A estas y otras posibles preguntas metafísicas Zamora responde como el jugador de fútbol al que entrevistan tras un partido perdido: “Esto es lo que hay”. Pero lo posible, el proyecto, también cuenta en lo que hay, ¿qué sería de nosotros sin nuestros planes? Somos también eso que todavía no somos pero podemos ser, como decía Hegel.

Y ¿qué es lo que hay? Hechos notorios y herramientas inferenciales. A esto se reduce la metafísica de Zamora. Lo demás -como diría un Hume resucitado-, ¡cuentos de viejas! ¿Y qué hay de la verdad de los cuentos de viejas, de los grandes mitos teológicos y trágicos? Según Zamora, las ideas de verdad, existencia, ser, etc. no tienen nada de “antropológico” y no guardan absolutamente ninguna relación especial con la manera en que los seres humanos nos relacionamos (pg. 117). 

Una afirmación así, más que valiente, parece temeraria. Si hay un saber con fundamento antropológico ese es, precisamente, la metafísica y el relato mítico. Es en los cuentos donde aprendemos lo fundamental sobre el bien y el mal, el origen y el destino, lo justo y lo injusto, lo deseable y lo indeseable, lo digno y lo indigno, lo trágico y lo cómico... La cuna del hombre se mecerá siempre con cuentos. No hay humanidad que no invente o descubra una visión del mundo y no la transporte en forma de relato. Y decir esto no significa que renunciemos a la ciencia o a la importancia de tenerla muy en cuenta a la hora de elaborar un relato sostenible en el Lógos.

A la filosofía compete, además del análisis, también una función sinóptica. “Sinopsis” fue la palabra griega que usó Platón en la República para referirse al poder de la dialéctica. Sinopsis es Visión de conjunto. Es cierto que ninguna visión de conjunto, ninguna síntesis, valdrá hoy si no tiene en cuenta lo ya descubierto, el saber probado, la ciencia. Pero nadie vive científicamente o, por decirlo con palabras de Nietzsche, la ciencia no sabe nada sobre el hombre.

Sustraer toda relevancia gnoseológica, cognitiva –si se prefiere-, a las entidades de ficción o a los mitos sería como creer que Homer Simpson es solo un sueño de Max Groening y no, también y sobre todo, un concepto, un modelo, un paradigma crítico del pequeño burgués norteamericano, o sería como creer que Edipo es simplemente una ficción de Sófocles y no un profundo y trágico sentido posible de la condición humana.

Ideales, valores, hechos mentales, no son reducibles sin más a “platonismo trivial”. Supongo que el platonismo “no trivial” sería el de los objetos matemáticos, pero resulta que precisamente los valores y los números comparten algunas propiedades esenciales, entre ellas su insensibilidad. Igual que no te puedes comer un bocadillo de raíces cuadradas, tampoco la justicia huele a nada, pero no puedo esperar que obre justamente un caudillo que no crea en la justicia. Inespacialidad y atemporalidad son ciertamente propiedades de los números, ¡pero también de los valores!, que cuentan como valores ideales, como síntesis prácticas y como objetos de análisis metafísico.

A este respecto también conviene recordar positivamente a Kant y no despreciar su concepción de la geometría como una analítica imaginativa del espacio y, de la aritmética, como una analítica imaginativa de la duración.

No puedo estar sino de acuerdo con el autor en que el mundo físico no es un “hecho matemático”. Tampoco, desde luego, es el mundo un hecho ético. No para nuestra perspectiva ética, ¡pero los números y los valores también forman parte de él, poseen un estatuto ontológico! La filosofía primera se ocupa precisamente de delimitar razonablemente dicho estatuto, estudia su modo de participación en el ser, y en el bien.

Sorprende que tras su ataque al idealismo Zamora se horrorice ante uno de los postulados más señalados del mismo: la infinita y abrumadora superabundancia de tantas cosas que no podemos llegar a conocer ni a disfrutar jamás. Comparto este horror pleno ante la gran cadena del ser y el infinito ámbito de la posibilidad.

¿La ilusión de la libertad?


A juicio de Zamora, la noción de alma ha sido descartada en la visión científica del mundo, por lo tanto, hablar del alma carece de sentido. En cuanto a la reducción de lo mental a lo físico-químico matiza su  materialismo, una especie de emergentismo consciente de la irreductibilidad de ambos lenguajes, el neurológico y el mentalista. Zamora usa el término superveniencia para una reducción ontológica –no epistemológica- de lo superior a lo inferior. (Por cierto, si la metafísica es inútil, vana o trivial, ¿por qué se procede a reducción ontológica alguna?).

Me parece bien la superación del dualismo psico-físico, que Descartes acentuó aún más que el orfismo-pitagorismo, pero dudo mucho que de lo que sabemos científicamente se siga necesariamente cualquier tipo, por moderado que sea, de materialismo. De hecho, no tenemos ni puñetera idea de qué sea la materia, ese "no sé qué" al que refería Aristóteles como sustrato último de la realidad que sólo podemos conocer por su estructura. Podríamos –como hace Penrose- especular con la emergencia de la realidad física a partir de la realidad matemática y, muy particularmente, de los números irracionales. No hay ningún motivo para privilegiar a la materia frente al estar en acto (energeia) de la forma o “idea” (en sentido griego, no cartesiano).

La libertad, hecho notorio aunque limitado, libertad condicional pero libertad a fin de cuentas y cuentos, para nuestro bien y nuestra desgracia, es sencillamente inexplicable desde el saber que hoy tenemos del funcionamiento del cerebro. Igual que la conciencia. Perfectos misterios. Lo cual no significa que no podamos suponer que tanto la libertad como la conciencia sean en el futuro fenómenos explicables desde su reducción biológica, físico-química o cuántica, ontólógica y epistemológicamente.   
   
Decir que la libertad es sólo una sensación, o una ilusión espinociana, es lo mismo que negarla. Sólo un modo de hablar. Dicho sea de paso, es un mito biologicista que la libertad o la inteligencia estén ahí sólo porque sean darwinianamente útiles. También se puede decir que son darwinianamente útiles porque hay libertad e inteligencia en la creación, o en el big-bang. Decir que la libertad es sólo una sensación, es lo mismo que negar cualquier responsabilidad. Si no elijo no soy imputable.

Y es que uno no se comporta correctamente sólo por congruencia. De hecho, los fanáticos criminales suelen ser mucho más congruentes que las personas inocuas y pacíficas. El fanático no peca de intolerancia ni atenta contra el que no cree lo que él por inconsecuencia, sino más bien por exceso de consecuencia, por no admitir el lado problemático y hasta contradictorio de todo comportamiento decente.

Agradezco a Jesús Zamora que hable de Voluntad y no la aniquile, como hace toda la psicología conductista y todo el psicopedagogismo cientifista, tan nefasto pedagógicamente, en motivación, ¡cómo si no hubiera un comportamiento espontáneo y automotivado en las criaturas popperianas! Pero decir que la voluntad es la sensación de estar al mando pero que no hay decisión voluntaria es lo mismo que decir que en realidad hacemos siempre lo que nos da la gana, pero racionalizando en sentido freudiano lo que nos da la gana como lo correcto, lo justo. O sea, que el gusto es el criterio de lo justo. Y si tal hiciésemos, la vida social sería imposible. Pero el análisis de la utilidad social o cultural de la corrección moral no es lo mismo que el problema ético, y por tanto metafísico, de la determinación de lo universalmente conveniente.

Ciertamente, es ingenuo concebir que la mera razón sea resorte de la voluntad, que sola ella asigne valor a nuestras acciones o regule su energía. Ya sabemos el importante papel que juegan las emociones en el comportamiento moral. ¡Sólo que estas son racionalmente gestionables! Piensa el sentimiento, siente el pensamiento –mandaba Unamuno. Cabe pensar en una economía de las emociones y hasta en una matemática de las mismas.

No puedo sino aceptar las reservas de Zamora respecto a la posibilidad de una ética de fundamentación meramente racional. Pero mucho menos acepto que sea posible, o explicable o debido, el comportamiento ético sin proyecto. Dudo también que las causas finales -o teleonómicas, como las llamó Monod para no torcer el brazo mecanicista- pueda desaparecer algún día de las explicaciones científicas, en física cuántica o en biología. La "segunda navegación" o, en una palabra, la Teleología no ha muerto ni morirá mientras el hombre aliente vivo.

Como Zamora o Voltairre, prefiero vivir entre ateos tolerantes antes que entre religiosos fanatizados, pero también dudo que "el meme Dios", o "el meme alma”, dejen de contar en las culturas prácticas y en los modos de conocimiento y de actuar con conciencia, de cualquier pueblo del mundo. La religión es como el vino, unos lo tienen malo y otros bueno, pero la religión constituye una dimensión esencial de toda cultura, incluso si se degrada en ideolatría o la política se pervierte en religión. Y sobre todo dudo que sea posible, o explicable o debido, un comportamiento ético sin planes o ilusiones racionales. Aunque el proyecto cuente como la luna para aquellos honderos baleares que se entrenaban apuntando al satélite sin darle jamás, como mera ilusión utópica, es evidente su poder mental como tónico de la voluntad.

Hume acertó al atacar el intelectualismo ético. No es la razón lo que nos mueve, o no sólo la razón. Pero su propuesta emotivista es insuficiente. ¿Cómo distinguimos entre buenos y malos sentimientos, o entre emociones contructivas y destructivas, o entre buenas y malas pasiones? Si bien no podemos fundamentar todos los mandatos morales en la razón, tampoco es posible la moral como mero sentimentalismo o sensualismo, precisamente porque las consecuencias de nuestros actos también cuentan y porque el infierno está empedrado de buenos sentimientos y de inútiles arrepentimientos.
Un Super-ser con una super-inteligencia y un “super-buen-corazón” tendría seguramente otro concepto de deber y otro sentimiento de corrección que el que nosotros tenemos. Justamente por eso, la teología tradicional afirma que los caminos de Dios son inescrutables.

La ética será siempre un saber problemático, pero de ahí no se reduce el relativismo. Es perfectamente pertinente y hasta obligatorio un juicio cosmopolita por encima de los intereses de las culturas y de la propia vida. La vida no es justa. Ni el interés de la vida, por muy notorio que sea, ni el de la cultura justifican por ejemplo la mutilación genital femenina, por mucho que las emociones morales de quienes la practican (sus costumbres) le lleven a ello. Es un cálculo racional el que nos permite distinguir entre una costumbre conservable y un hábito descartable, ese observador imparcial íntimo del que habla Adam Smith o ese demon que a Sócrates le impide vivir sin examinarse desde el ideal de excelencia (areté). O, si se quiere, tal exigencia es una consecuencia, de la Idea de soberano bien. Y es que la idea –los ideales- son algo más que axiomas, teoremas o conceptos. Y la filosofía primera, como ciencia de ideas, es algo más que escrutinio de conceptos o de nódulos inferenciales.

Búsqueda sin término


Celebro el sexto capítulo de Sacando consecuencias. Su concepto de política y democracia es muy interesante. En este campo, la concepción inferencialista recuerda la ética de la responsabilidad de Max Weber. Una concepción naturalista resulta aquí, en lo social, particularmente pertinente. Aunque una ética de la responsabilidad puede degenerar en maquiavelismo si no se equilibra y armoniza con una ética de los principios.

Su definición de la política es impecable: 

“Proceso de transformar los múltiples deseos, preferencias y opiniones de muchos individuos en una única decisión sobre cuáles van a ser las leyes vigentes”. 

Hay que asegurarse  de que en el proceso de aprobación de las leyes la opinión de cada individuo cuente al máximo. A este respecto, y aunque no hay ninguna regla de votación perfecta, la democracia representativa resulta más justa que la asamblearia o directa, pues en esta la opinión de los ciudadanos que votan en contra de la opción ganadora acaba no valiendo nada, mientras que en la democracia representativa las minorías tiene posibilidad de intervenir en la redacción de las leyes.

Creo que Zamora Bonilla tiene razón al afirmar que los procedimientos democráticos más que procesos de representación, son procesos de negociación y deliberación. El proyecto –porque es un proyecto- es que las leyes vigentes en una sociedad tengan el mayor grado de consenso posible. El arte de la política es, pues, el arte de negociar. (El consenso es también un criterio veritativo-funcional, y -como consecuencia- la verdad es mucho más que una redundancia lógica.)

Resulta sorprendente que alguien que se confiesa materialista y ateo, aunque sea en un sentido matizado y débil, acabe su libro citando la Fenomenología del espíritu de Hegel, ello tal vez se debe a que…

“El inferencialismo considera esencial el hecho de que un concepto o una afirmación significan lo que significan sólo a causa de las relaciones inferenciales en las que ese concepto o esa afirmación pueden desempeñar algún papel, es decir, sólo a causa de que son elementos de un argumento, de una inferencia, y por lo tanto, están esencialmente conectados con otros conceptos y afirmaciones”.


Esta sería la reconstrucción del espíritu hegeliano, un espíritu abierto –tal vez en una conversación interminable- para el que no hay ni fundamentos primeros ni conclusiones últimas. 

nota bene

(1) Jesús Zamora Bonilla es también novelista y un filósofo muy activo y asequible en las redes sociales (@jzamorabonilla en Twitter).

domingo, 3 de septiembre de 2017

DE LA INQUISICIÓN AL FEDERALISMO









El libro de un filósofo ubetense “Historia del poder político
en España” me parece una obra fundamental para entender nuestro pasado y
nuestro presente. No se puede vivir en la ignorancia y el desprecio hacia la
historia, es básico conocer los hechos como primera medida, y como segunda
reflexionar sobre ellos, que es lo que hace José Luis Villacañas.

jueves, 27 de julio de 2017

OCASO OCCIDENTAL





No hay palabra más repetida en las conversaciones de unos años acá que la palabra “crisis”. En su libro “El ocaso de Occidente” título de resonancias spenglerianas, el profesor Luis Sáez Rueda especifica, ilumina y explica a lo largo de 400 páginas que dicha “crisis” antes que económica o financiera es una crisis espiritual.

miércoles, 28 de junio de 2017

EL HELENISMO DE GARCÍA MORENTE

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Zubiri, Ortega y Manuel Gª Morente
 Humanismo radical

A Manuel García Morente, ell filósofo de Arjonilla (Jaén) se le ha tildado de afrancesado, por su formación racionalista y laica, y de espíritu germánico por su indudable filiación al neokantismo marburgués durante su madurez filosófica, pero Rafael Gambra, que le conoció como alumno suyo en la universidad después de la guerra, afirma que uno y otro carácter respondían a una adhesión más profunda de su personalidad intelectual: el humanismo helenista.

La sencillez estructural del cartesianismo, el rigor de las críticas kantianas no podían ser indiferentes a una mente conformada en el ideal de inteligibilidad del espíritu clásico. García Morente, con su competencia de gran pedagogo explicaba la interpretación moderna de ese espíritu griego en sus lecciones de Ética: su humanismo radical.

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Aquellas primeras reflexiones éticas de presocráticos y sofistas, éticas avant la lettre, se desentendían de cuanto excediera los límites de lo humano. Los griegos edificaron la civilización dentro de esos límites, en su forma, número y medida. “En el êthos o sentido moral de los griegos –decía Morente- se admiraba, antes que nada, la obra de los hombres comedidos, armónicos, virtuosos”[1]. El héroe es el excelente por antonomasia, el poseedor de la areté. Odiseo, el prudente.

En Platón la facultad dinámica, el ánimo noble, representado por el caballo obediente a la logística del alma en la inmortal alegoría del carro alado (Fedro), ha de estar guiado y enmarcado por los dos imperativos y hábitos de mesura y armonía que rigen la parte apetitiva y racional del ser humano, la inferior y la superior: templanza y prudencia.

En Aristóteles, el comedimiento, el obrar armónico es constitutivo formal de la excelencia misma (areté), “el hábito operativo del término medio”. La formación helénica educaba la mente en la música y el cuerpo en la gimnasia, así pretendía lograr al hombre armónico, haciendo de él icono o prototipo de la armonía universal, de la razón común. Esta era para los grandes sistemas éticos –desde los cirenaicos a los estoicos- la gran meta del saber y obrar humanos: constituir un microcosmos humano “homologoumenos”, representando la armonía del cosmos.

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Serenidad y armonía

Al contrario que el arte oriental que representa las fuerzas inhumanas, los poderes divinos y superiores a lo humano, el arte griego clásico aspira a producir en el espectador la impresión de serenidad en la que se expresa y se vive el ideal de armonía en que el alma humana se diviniza.
La paideia es la formación del espíritu del hombre según ese ideal de armonía cósmica (ánthôpos kalos-kai-agathós). Más allá de este ideal de lo formado, de lo sometido a orden y medida, está el caos, lo informe, lo ápeiron, el no-ser, lo inextricable, lo inmenso, lo que no se puede numerar. El apeirókalos es el grosero, el falto de gusto, el vulgar. Y apeiría acabará siendo sinónimo de desconocimiento, de ignorancia.

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Este elemento caótico y desmedido aparece siempre en la tragedia como lo opuesto al hombre, a su espíritu y a su interna armonía, aunque cabe a este elemento el papel de producir en el alma, mediante la vivencia de lo tremendo, de lo terrorífico (tò deinón)[2], la kátharsis de las pasiones, su purificación. Esta purga catártica es imprescindible para devenir excelente.

Para ese heleno de la época clásica el bien supremo no es como en los sistemas religiosos la entrega a la divinidad o la fusión con el Ser, al modo panteístico, sino el momento culminante de la suprema inteligibilidad. No extraña que los primeros cristianos helenísticos tiraran hacia el gnosticismo. Ya lo había cantado Parménides:

“… Las doncellas indicaban el camino (…)
Las doncellas Helíadas, abandonadas
ya las moradas de la noche
hacia la luz, habiendo con sus manos
los velos de la cabeza retirado” (fr. 1).

Morente –cuenta Gambra- interpretaba este ideal como una prolongación infinita de la fruición íntima que se experimenta al entender con evidencia o claridad una cosa. Es la nóesis platónica, la percepción intelectual de la idea bienaventurada.

Permanencia y nostalgia

Hay quien interpreta este ideal humanista de la mesotés clásica como una especie de entrega a la Naturaleza o Cosmos por cuanto este tiene de bello e inteligible. Un designio de vivir en consonancia y armonía con la Naturaleza. Se trataría, en contraste con otras culturas (sobre todo la semítica hebrea), de una visión estática de la realidad, al margen de todo sentido histórico. La guerra de Troya, por ejemplo, no era pensada por Aristóteles como algo superado hacia un desenlace escatológico de los tiempos.

Según otros, el ideal de la armonía entraña la nostalgia colectiva de un primitivo estado de inocencia y libertad, antes de la caída del alma en el tiempo; una interpretación congruente con la tendencia órfico-pitagórica recogida en parte por el platonismo. Antes de dicha “caída”, la vida del hombre no tenía el sentido preparatorio, de camino hacia la meta de la salvación en otra vida sobrenatural, sino que tendría valor en sí misma, hallándose bajo la constante mirada, atención y presencia de la divinidad. El hombre no pagaba su injusticia de existir allá dominando su naturaleza, sino expandiéndola sin desenlace mortal.

Esa profundísima nostalgia[3], latente desde los primeros versos de la Odisea homérica, añoranza del ideal de una serena mesotés y armonía universal, justificaría el vasto eco que ese ideal ha encontrado en épocas posteriores y la sugestión que aún ejerce entre nosotros. Tal vez la imposibilidad de retornar a esa Ítaca paradisíaca, la imposibilidad de remontar el tiempo, expliquen por qué la mitología griega es tan rica en relatos desesperados: Sísifo subiendo una piedra que no consigue asentar en la cumbre, Tántalo sufriendo por objetos que desea y necesita, pero que se le escapan y huyen retrocediendo, Prometeo devorado por el águila divina[4].



[1] En el “Estudio preliminar” de Rafael Gambra.  Manuel García Morente, Ideas para una filosofía de la historia de España, Madrid, 1957.
[2] Déos, déous es el temor reverencial, próximo al timor dei latino.
[3] “nostalgia” es etimológicamente el dolor del retorno.
[4] La interpretación que aquí se sugiere del mito de Prometeo sería muy distinta a la que ofrece Gide en su genial “Disertación de Prometeo”, donde el titán filántropo purga su pecado de haber entregado a los hombres el principal instrumento de todo progreso: el fuego, pero con él el deseo irrefrenable de dominar y mejorar.

viernes, 23 de junio de 2017

HISTORIA DEL PODER POLITICO EN ESPAÑA

 Ana Azanza


Interesantísima entrevista a José Luis Villacañas sobre su último libro “El poder en España”.
Sobra la extensión de alguna de las preguntas del entrevistador que parece se propone dar una conferencia alternativa.
 Me ha gustado sobre todo la parte referente al siglo XIX, la nación en armas de 1808 que no se puso de acuerdo con los constituyentes de Cádiz de 1812. Luego llegó el rey felón, el único dirigente que lleva el pseudónimo  aunque en la historia de España abundan los comportamientos felones.

jueves, 22 de junio de 2017

XENOFOBIA MENOR

En torno a una película de Filippos Tsitos


Resultado de imagen de academia de platón Filippos Tsitos

Filippos Tsitos ni siquiera tiene una entrada decente en la Wikipedia, pero es un director griego interesante, joven para serlo. Con un sentido del humor que nuestro amigo Marcos Serrano calificó de minimalista. La película, con un título irónico: La Academia de Platón (Ακαδημία Πλάτωνος, 2009), que es también el nombre de un barrio del noroeste de Atenas en que transcurre la acción.

Los griegos, los de hoy, algunos desde luego, no todos, parecen contemplar el mundo desde la atalaya de un pasado glorioso, pero remoto y en gran medida concluido. Desde un balcón, desde el zaguán de un estanco, desde el sillón de plástico hincado en la acera, se ve cambiar el mundo, globalizarse, ¡y uno se asusta!, tiembla la identidad de uno, y eso nos hace temblar, descreer, desesperar..., como si esa plazoleta en que haraganean cuatro amigos y en que transcurre la mayor parte de la película fuese una mónada leibniciana que refleja la complejidad del mundo: los chinos y sus negocios internacionales, los pobres albaneses inmigrantes haciendo el trabajo sucio, el trabajo que los griegos no quieren o no tienen que hacer.

Teatro filmado con pocos medios pero sugestivas ideas, detalles estudiadísimos (como dice Marcos). Una perspectiva realista del dêmos, del pueblo llano cociéndose en su pereza, en sus miedos, en su "xeno-fobia" (palabra compuesta griega, pero cuyo sentido evoluciona de miedo al extranjero, al odio o al desprecio en que se transforma aquel miedo genuino).

Filippos Tsitos se recrea  en las contradicciones de la xeno-fobia popular, en esas paradojas haya el espectador motivos para la sonrisa, en la confusión en que anidan las mentes de las gentes sencillas cuando perciben que los fundamentos, las fronteras y los límites de sus prejuicios son frágiles e imprecisas: inestables sus creencias (¿líquidas, como dice Bauman?).

Pero también es entrañable, cariñosa, la mirada del director a estos atenienses comunes que no hacen nada por mejorar su mundo, pero tampoco por empeorarlo y que, como el protagonista, Stavros, son "buena gente", gente de paz que, tal el protagonista, arriesga y echa a perder la relación con su amada pareja para cuidar de su anciana madre, ya gagá, pero no del todo, pues de pronto, su hijo descubre, que su querida madre habla albanés...

El protagonista, Antonis Kafetzopulos (Stavros) fue galardonado con el Leopardo de Plata en el Festival Internacional de Locarno y con la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián por otra película del mismo director.

Notable película para pensar la xenofobia, o por qué el auténtico Patriota es un perro... Tal vez sea porque es el único que percibe con nitidez el olor a establo del patriotismo étnico.

viernes, 16 de junio de 2017

DOS POETAS EN LA CÁRCEL

¿Qué tendrá esta tierra tan despreciada por otra parte para que en ella hayan florecido dos "ochomiles" de la lírica española como son Miguel Hernández y San Juan de la Cruz?
Me ha gustado tanto esta tertulia que  la he visto dos veces seguidas.



Mis momentos favoritos:

- min. 17 "Ecos de poeta", Hijos de la luz y de la sombra
Momento de gracia, la letra, la música  y la interpretación
¡Qué gozo saber que fue el catalán Serrat el que le puso música a este gran  poema español! 

Eres la noche, esposa: la noche en el instante
mayor de su potencia lunar y femenina.
Eres la medianoche: la sombra culminante
donde culmina el sueño, donde el amor culmina.


Con el amor a cuestas, dormidos y despiertos,
seguiremos besándonos en el hijo profundo.
Besándonos tú y yo se besan nuestros muertos,
se besan los primeros pobladores del mundo.

-La naturaleza en San Juan y en Miguel Hernández, menos poetizada y más cerca del dolor que conlleva trabajarla en el segundo caso, por don José Biedma.

-San Juan, primer poeta existencialista, curtido en el sufrimiento de la cárcel, lo mismo que le ocurrió a Miguel Hernández que quemó etapas poéticas en poco tiempo, ambos con trabajos llegaron a la palabra esencial y al sí mismo esencial, expresado y explicado por Manolo Madrid.

-Y la intervención de un ex edil cultivado, desconocía que existían personas de este estilo metidas en política, y me alegro del descubrimiento. El hace la reflexión sobre la tierra jiennense con la que he iniciado este post.

miércoles, 31 de mayo de 2017

José Luis Villacañas Berlanga

José Luis Villacañas Berlanga (2º desde la izda.)
en la Quinta del Mochuelo, Úbeda 2008.

Ignacio Barrionuevo Vasco es de esos alumnos de segundo de bachillerato a los que uno siente no poderles dar más de un diez. Lo he disfrutado como discípulo aplicado tanto en Historia de la Filosofía como en Educación para la Ciudadanía. En ambas asignaturas ha cumplido con creces. Ignacio ha preparado su disertación sobre un extraordinario profesor de filosofía amigo de esta Quinta: José Luis Villacañas Berlanga, al que tuvimos en Úbeda recientemente para presentar sus dos últimos libros. José Luis tuvo la amabilidad de dedicarme muy afectuosamente Freud lee el Quijote (La Huerta Grande, 2017), un breve pero seguro que enjundioso ensayo que pienso zamparme y reseñar en breve.

La foto que ilustra esta entrada es de 2008. Sí, ya han pasado nueve años. En ella José Luis aparece con algunos habituales de la Quinta y con Chinchi Pedrosa, filósofo al que conocí en la UNED, que según su perfil de Facebook vive en Avilés, y que hace poco ha publicado La cuestión religiosa en Spinoza, un libro que debería presentar entre nosotros en el próximo curso, si ello fuera posible...

He aquí la disertación de Ignacio Barrionuevo Vasco, sobre la figura, labor y opinión política del maestro: 

JOSÉ LUIS VILLACAÑAS BERLANGA


1. Biografía y producción
José Luis Villacañas Berlanga es un profesor, filósofo político, historiador de la filosofía e historiador de las ideas políticas, de los conceptos y de las mentalidades españolas. Se trata de uno de los intelectuales de mayor calado en el pensamiento español actual.

Nacido en Úbeda en 1955, se licenció en Filosofía por la Universidad de Valencia en 1977, donde se doctoró con tan solo 26 años, en 1981, con una magnífica tesis doctoral sobre la filosofía teórica en Kant que se titulaba Realismo empírico e idealismo trascendental en Kant: los niveles de su uso y su justificación, bajo la dirección de Fernando Montero Moliner, doctor en filosofía por la universidad de Madrid, catedrático de la universidad de Valencia y presidente honorífico de la Sociedad Española de Fenomenología.

Desde entonces ejerció como profesor ayudante primero y profesor adjunto después en la Facultad de Filosofía de dicha universidad, en la que se había formado hasta el año 1986, cuando la cátedra de Historia de la Filosofía en la Universidad de Murcia. En la misma ocupó también desde 2003 la cátedra de Filosofía Moral hasta que, en el año 2009, pasó a ser catedrático de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid, donde imparte docencia a día de hoy. A lo largo de su carrera investigadora ha fundado y dirigido revistas de reconocido prestigio como Daimon, Debats o Res Publica; además de haber desempeñado las labores de dirección del Libro, Archivos y Bibliotecas de la Generalitat Valenciana y de la Biblioteca Saavedra Fajardo de Pensamiento Político Hispánico. Asimismo, es miembro del Consejo Asesor de Con-Textos Kantianos, del Comité Científico de la Biblioteca Inmanuel Kant y recibió el Premio Teorema a la mejor investigación sobre la Crítica de la Razón Pura. Su trayectoria filosófica y el volumen y la calidad de su producción en torno a la obra kantiana lo sitúan como uno de los mayores conocedores del pensamiento del filósofo prusiano y de su recepción a nivel internacional en la actualidad.

En los cursos de doctorado realizó un trabajo que fue inmediatamente editado en la revista Teorema, La noción de existencia en Kant, un ejemplo formidable de análisis metafísico que permitía romper con buena parte de la tradición filosófica racionalista.

Ya antes de leer la tesis había publicado un libro titulado La formación de la Crítica de la razón pura. Resultado de la tesis fue la publicación de su segundo libro, La filosofía teórica de Kant, al que poco después siguieron Racionalidad Crítica, Introducción a la filosofía de Kant y La quiebra de la razón ilustrada. Considera que, en un estrato profundo de su personalidad, su decisión por Kant tenía que ver con el conjunto de su concepción de la filosofía. Imagina que le parecía que nuestro país (estamos en 1977) tenía que pasar por Kant si quería culminar un proceso de modernización adecuado.

Durante los años 90, sin embargo, y coincidiendo con el período en el que ostenta la cátedra de Historia de la Filosofía en la Universidad de Murcia y en el que toman forma proyectos de investigación, sus intereses intelectuales comienzan a girar en torno a la historia de las ideas políticas, a pesar de lo cual seguimos viendo florecer trabajos de gran alcance sobre la filosofía kantiana (Kant y la época de las Revoluciones), y en ocasiones relacionados con el pensamiento de figuras como el sociólogo Max Weber, mostrando especial interés por la distinción entre ética de las convicciones y ética de la responsabilidad.

2. La Influencia De Kant
Afirma que, para él, ser kantiano ha sido algo así como no dejar de ser de su familia, puesto que apreciaba a cada paso que la filosofía de Kant le reconciliaba con experiencias idealizadas de su entorno familiar y moral. “Es como una experiencia íntima que, ante las verdaderas dificultades de la vida, intenta evocar la voz del padre para pedirle consejo”. Eso, por lo demás, lo ha mantenido a cubierto de excentricidades como las de pretender una filosofía propia, construir un sistema o algo parecido. Es más o menos kantiano y esta forma de entender la filosofía resiste a los críticos que reclaman una forma sistemática completa para la filosofía. “Lo importante es no confundirse con los conceptos, dotarlos de sentido y referencia precisos y conocer sus límites.”

Su aproximación a Kant era más bien de afinidad existencial. “Hasta la fecha, la gente como había permanecido al margen de la cultura. Teníamos a las espaldas milenios de trabajo campesino. Éramos como éramos. Pero si accedíamos a la cultura no era para dejar de ser como éramos, sino para saber quiénes éramos realmente.”

“Yo encontré que éramos kantianos sin saberlo. Ahora se trataba de conocernos bien. En este sentido, nos aplicamos el “sapere aude”. Esto tenía que ver con poderosas raíces que siempre te acaban posicionando en relación con los trágicos acontecimientos de 1936, como sucede siempre en España. La posición kantiana me parecía adecuada para superar la dualidad que nos enfrentó trágicamente en aquella hora. Era crítica de la España negra arcaizante y terrible, pero también de la España entregada a las especulaciones totalitarias y fanatizadas de la política comunista. Y ahí, una vez más, estaba mi tradición familiar que defendió la República.”

Asimismo, afirma que se preocupó por la presencia de la tradición kantiana en España, y ese fue el sentido de la edición del libro Kant en España, donde muestra cómo Kant inspiró a hombres importantes de la Revolución Gloriosa y, sobre todo, determinó el espíritu de la Primera República. Se refiere a José de la Revilla, Pi i Margall y Perojo. La destrucción de esa República fue también la derrota de la filosofía de Kant, que se vio postergada por el pensamiento reaccionario de la Restauración, por el eclecticismo católico de Menéndez Pelayo y el positivismo más torpe cargado de darwinismo brutal.

Actualmente, ya desde su puesto en la Universidad Complutense de Madrid, ha centrado la atención en la reevaluación de la modernidad hispana e iberoamericana y de su espacio intelectual. Expone que la idea de autonomía, de federación, de república y de pacifismo constituye un horizonte apropiado para América Latina, por cuanto tiene implicaciones muy fuertes en el terreno de la lucha contra el colonialismo y contra el imperialismo. Por eso es tan importante el tema del siguiente proyecto que han solicitado y que trata justamente de la comparación entre el republicanismo y el populismo.

Volviendo a Europa, concretamente a los márgenes de la filosofía alemana, en los últimos años ha dedicado sus esfuerzos a contribuir a la recepción en español de la obra de un pensador que se encuentra cada vez más en auge como es Hans Blumenberg. Concretamente, ha explorado la influencia kantiana que reside en la filosofía blumenberguiana y ha examinado con detenimiento las claves de la lectura blumenberguiana de la obra de Kant. ¿En qué medida mantiene Blumenberg viva la figura de Kant? Blumenberg se ha caracterizado como un viejo kantiano decepcionado. Él se ve reconocido en esta sentencia. Expone que desde cierto punto de vista, no cabe duda de que el pensamiento central de Blumenberg parte de una historia de la revolución copernicana.

Puesto que el pensamiento kantiano sigue siendo tan vigente como en los siglos pasados ¿cómo cree que puede ayudarnos Kant a tratar algunos de los más importantes y preocupantes problemas socio-políticos y económicos que afrontamos en la actualidad en nuestro país y a nivel global?

“Debo antes distanciarme de la premisa. No tengo ni quiero tener una práctica política. He observado con simpatía la emergencia de nuevos actores políticos, pero como uno más de los millones de españoles que percibe que nuestro sistema político, con toda su forma de representación política, está lastrado por contradicciones internas que sitúan a la Constitución española cerca de su colapso si una reforma a fondo no viene a darle nueva vida. La dificultad actual de formación de gobierno no es sino un síntoma de esa situación.”

“Yo debo decir que reaccioné a la crisis del PSOE de finales de los 80, a la crisis del PP del 2002 y a la crisis actual de la misma forma, con el republicanismo cívico kantiano mejorado por la ciencia de realidad weberiana. 2010. Y cuando se llegó a las elecciones de 20 de diciembre de 2015, con aquellos resultados, aposté por una gobierno provisional de concentración con PSOE, PODEMOS y Nacionalistas y, cuando esto no pudo ser, por una abstención de PODEMOS con un gobierno PSOE y CIUDADANOS. En ambos casos, buscaba la posibilidad de encontrar lo común, que es la base del espíritu republicano, contrario a las dualidades schmittianas de amigo/enemigo. En este sentido me he mantenido fiel a mi primera convicción de que un espíritu kantiano era el adecuado para hacer madurar la subjetividad y la democracia española. En este sentido, he luchado por una idea: que PODEMOS sea más sensible a esa lógica republicana que a la lógica hegemónica.”

“En todo caso, ese republicanismo, complementado con la vieja ética de la responsabilidad weberiana, es la única idea que puede mejorar la dignidad política, la exigencia de transparencia y la adecuada representación del sistema público español. Pero también, y lo que es tan importante, la idea que puede inspirar una verdadera división de poderes, que España no tiene. Más allá de todo ello, Kant es el pensador de la justicia distributiva y de la ciudadanía activa, lo que sólo se puede actualizar hoy con una renta básica garantizada que prepare y facilite el acceso al trabajo, que es un aspecto decisivo en Kant, tras una adecuada educación, quizá la exigencia kantiana más central.” En todo caso, considera sinceramente que el nivel socio-cultural mayoritario de la sociedad española es progresista, está inspirado en poderosos valores morales y responde al imaginario kantiano.

Afirma que los conceptos filosóficos son defectivos y requieren complementos prácticos, históricos, circunstanciales; historias conceptuales que sólo podemos obtener a través de otras disciplinas, como la historia, la historia del derecho, la historia política o la historia constitucional, la sociología, la teología o la práctica del arte. Por tanto, la filosofía debe estar cerca de todas las disciplinas que dotan de estratos históricos a nuestro presente.

En la actualidad, dirige unas 30 tesis y en muchas de ellas Kant es una referencia central (tanto en el asunto del republicanismo, de la filosofía de la historia, del cosmopolitismo, de la antropología, de las relaciones internacionales, de la técnica, del símbolo, y otros tantos). “Creo que esta situación es bastante realista. A los jóvenes investigadores le interesa desde luego más el pensamiento contemporáneo, pero son muy conscientes de que sin Kant uno no se puede mover con soltura a través de él. Cree que en este sentido Ortega es una buena prueba de que hay que hacer filosofía con Kant, a través de Kant, y desde Kant, pero sin quedarse en Kant. En realidad no hay que quedarse en ningún filósofo, como si ya estuviera conquistada la posición filosófica definitiva.”

Desearía pedirle que hiciese una reflexión sobre la influencia que ejercerá el pensamiento kantiano en lo que queda de siglo, ¿cuál es el futuro de la recepción de la filosofía de Kant?

“Es muy complicado anticipar una propuesta y depende de dónde se crea que va a estar el punto fuerte del pensamiento futuro. Creo que uno de los problemas centrales seguirá siendo la teoría evolutiva del conocimiento. Por supuesto, el enigma de la moral nos seguirá llamando la atención y la relación entre la norma y los sentimientos morales creo que será un problema abierto de nuevo, aunque dudo que se puede abordar al margen de Freud y sus seguidores. teoría de la literatura. Por supuesto, volveremos a hablar de teoría republicana y mientras tengamos aspiraciones democráticas y de justicia Kant no estará lejos. A pesar de todo creo que el Kant más interesante para una agenda del futuro será el de la filosofía de la religión, por mucho que sus ideas haya que buscarlas en sitios diversos. Pero la impresión que se deriva de muchas de esas notas perdidas en sus escritos en favor de la idea de una religión de la razón, de una religión universal capaz de ofrecer un concepto de Dios en el que todas ellas se reconozcan, y esto con serias implicaciones morales, y con plena aceptación de una finitud que no puede sublimarse desde ninguna filosofía material de la historia, todo esto, creo que constituye un elemento que será necesario activar en el futuro, porque será la óptica desde la que puedan abordarse problemas reales de nuestras sociedades multirreligiosas.”

LOS LATIDOS DE LA CIUDAD
Una introducción a la filosofía y al mundo actual

Atravesar la ciudad haciendo preguntas, como el hijo de la comadrona, es lo que se ha propuesto José Luis en este libro. No es a primera vez que el maestro baja de su cátedra universitaria para afrontar las responsabilidades de la divulgación filosófica, de la docencia ética. En 1988 también escribió Villacañas Berlanga un interesante informe sobre La quiebra de la razón ilustrada: idealismo y romanticismo, que hablaba de aquello en lo que ha llegado a ser incontestable especialista, hablaba de filosofía alemana, de idealismo kantiano y postkantiano. Lo único en cierto modo reprochable a este idealista es que en ella no aparezca ni una sola vez el nombre de Juan Huarte de San Juan, cuyo Examen de Ingenios sirvió a Lessing de guión para su tesis doctoral.

Los latidos de la ciudad es otra cosa. Antonio Villacañas Berlanga, hermano del autor piensa que la obra ofrece al docente de filosofía un buen repertorio de motivos para sus clases de bachillerato, de referentes cinematográficos, literarios y míticos, y al estudiante medianamente ducho o avispado, un buen número de significativas lecturas e inteligentes reflexiones sobre “el ejemplo de Sócrates”, sobre la ciudad y la democracia, sobre la publicidad y la globalización, sobre la ciencia, sobre el Eros y la sexualidad como experiencia de tránsito. Es de destacar que se dediquen más de 20 páginas a cuestiones de estética, a “los lugares de la belleza”, que tan fácilmente descuidamos por motivos de tiempo y exceso de deseos epistemológicos. También se dedica el capítulo 9 a las “viejas y nuevas iglesias”, concluyendo – muy pitagóricamente – en un capítulo 10 dedicado a la casa y la familia.

La aspiración de Villacañas en esta obra valiente, sobre todo porque se ha atrevido a pronunciarse con voz propia sobre cuestiones disputadas. Villacañas también hizo sus pinitos en narración pura con su Cosecha helada-, es “descubrir los valores que sostienen las instituciones de la ciudad, y defender que, si eso valores se abandonan, acabaremos por dejar que las cosas se hundan y desparezcan. No renuncia tampoco a discutir esos valores de manera concreta, referidos a nuestra vida cotidiana, y aspira, en fin, a ayudarnos a habitar la ciudad de forma más consciente.

martes, 30 de mayo de 2017

UNA ETICA PLATÓNICA DE HOY



Ana Azanza

La Etica de Badiou lleva como subtítulo “Ensayo sobre la conciencia del mal” y fue publicado en 2003.
Me ha interesado la relación que establece entre sujeto, ética y verdad. Hay que decir que para un mejor comprensión de la ética sería deseable haber asimilado su tratado ontológico “Ser y acontecimiento” en el que viene a establecer las matemáticas como ontología general.

domingo, 28 de mayo de 2017

TRAS LAS HUELLAS DEL ESPÍRITU HUMANO




TRAS LAS HUELLAS DEL ESPÍRITU HUMANO

Por la traducción Ana Azanza

rs. ¿Cómo llega un autor a realizar una obra y qué significa esa obra para su autor? Es la gran cuestión que preocupa al metafísico Rüdiger Safranski. En las biografías que ha escrito de Schopenhauer, Nietzsche, Schiller, Goethe o Heidegger pretende llegar al espíritu desde lo humano. La tesis de partida es estimulante: el espíritu, esa parte libre y móvil que llevamos dentro, se desarrolla a partir de la vida y a veces se enfrenta a ella, los autores por así decirlo no tenían ninguna posibilidad de escapar a sus pensamientos. En ello estriba la tragedia existencial que Safranski es capaz de representar de manera placentera y utilizando muy buena información. Hoy 28 de mayo de 2017recibe el Premio Börne por su obra ensayística en Frankfurt. Lüdwig Borne que da nombre al premio es alabado por Safranski como un “moralista de envergadura”, lo compara con su oponente Heinrich Heine “un gran espíritu frívolo”. ¿La lección para el presente sería más frivolidad y menos moral?





 Rüdiger Safranski

Entrevista de René Scheu 6.5.2017

El filósofo Rüdiger Safranski es un espíritu inquieto. Se pregunta sin miedo: Si la publicidad se transforma en pedagogía y la política en autoaplacamiento ¿Dónde queda la sociedad abierta?
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Sr Safranski, es Vd un profesor y persona ilustrada. Una profesión para la que no se me ocurre ninguna palabra moderna. Vive Vd en su biblioteca, rodeado de amigos a los que no conoció. ¿Le parece que su modo de existencia tiene futuro o se considera Vd uno de los últimos ejemplares de su especie?

jueves, 25 de mayo de 2017

REPLIEGUE IDENTITARIO



Trump, Putin, Erdogan, Le Pen : «Nacionalismo para pobres, liberalismo para ricos»

Maxime Combes
Ana Azanza por la traducción

Me envían esta interesante entrevista sobre identidades y "nacional-liberalismo", repliegue nacionalista que recorre el "primer mundo". Aunque lo de los salafistas del laicismo no me agrada como expresión ni tampoco asociar fundamentalismo y laicidad que son como el agua y el aceite. Pero por lo demás muy interesantes propósitos. No habla de la tabarra catalana que padecemos, bastante artificialmente provocada, quizás por eso no la menciona y porque en el fondo no está claro adónde pretenden ir con ella.

 
¿Adaptarse a la globalización o aceptar el repliegue identitario de los Trump, Wilders y Le Pen ? Muchos son los que reducen el campo de posibilidades a estas dos opciones, convocan el Brexit o la elección del presidente americano para justificar el voto útil y descalificar las alternativas posibles. El politólogo   Jean-François Bayart, director de investigación en el CNRS estudioso de los « estado-nación », musetra como la globalización y el repliegue identitario lejos de ser antagónicos, funcionan juntos, van e la mano encerrando a nuestras sociedades en un callejón sin salida, del que nos urge salir mediante la construcción de un “nuevo universalismo político”.

viernes, 19 de mayo de 2017

CÉSAR VALLEJO


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Algo maravilloso, fresco, inusual, debió ver Juan Larrea en este poeta peruano cuando le dedicó tantos esfuerzos y tan continuados por inmortalizar su memoria. Vallejo fue también ensayista, dramaturgo y narrador.

Thomas Merton, el monje trapense pacifista que alentó el diálogo entre religiones, que escribió sobre taoísmo y budismo y fue corresponsal de Ernesto Cardenal, dijo de Vallejo que fue «el más grande poeta católico desde Dante, y por católico entiendo universal». Algún crítico famoso como Martin Roger Seymour-Smith le consideran el más grande poeta del siglo XX. Sobre todo se aprecian los poemas agrupados bajo el título de Poemas humanos.

César Abraham Vallejo Mendoza murió en brazos de Juan Larrea en París, donde trabajaba como profesor de Lengua y Literatura, un 15 de abril de 1938. Luis Aragón pronunció su elogio fúnebre.

He aquí uno de sus poemas, que debemos a la cortesía de Gisela Destefanis:

Considerando en frío, imparcialmente,
que el hombre es triste, tose y, sin embargo,
se complace en su pecho colorado;
que lo único que hace es componerse
de días;
que es lóbrego mamífero y se peina...
Considerando
que el hombre procede suavemente del trabajo
y repercute jefe, suena subordinado;
que el diagrama del tiempo
es constante diorama en sus medallas
y, a medio abrir, sus ojos estudiaron,
desde lejanos tiempos,
su fórmula famélica de masa...
Comprendiendo sin esfuerzo
que el hombre se queda, a veces, pensando,
como queriendo llorar,
y, sujeto a tenderse como objeto,
se hace buen carpintero, suda, mata
y luego canta, almuerza, se abotona...
Considerando también
que el hombre es en verdad un animal
y, no obstante, al voltear, me da con su tristeza en la cabeza...
Examinando, en fin,
sus encontradas piezas, su retrete,
su desesperación, al terminar su día atroz, borrándolo...
Comprendiendo
que él sabe que le quiero,
que le odio con afecto y me es, en suma, indiferente...
Considerando sus documentos generales
y mirando con lentes aquel certificado
que prueba que nació muy pequeñito...
le hago una seña,
viene,
y le doy un abrazo, emocionado.
¡Qué más da! Emocionado... Emocionado...

Quien degusta los versos de Vallejo hasta el fondo, sobre todo los de Trilce, conoce hasta qué punto fueron espeluznantes los bordes existenciales a que se asomó, colmado de miedo, temeroso de que todo se fuera a morir para que su pobre alma sobreviviese.

domingo, 7 de mayo de 2017

FLOR COMO DOMICILIO

En torno a Juan Larrea

Icono del Apocalipsis del Beato de Liébana

Excelente síntesis, Ana, que te agradezco. He escogido al Azar las palabras de un verso de Larrea como título de esta entrada, siguiendo la convicción surrealista de que el azar hace bien las cosas. A veces.

A raíz de algunos comentarios que oí en la sesión de abril, he corregido y ampliado mi ponencia, que se ha convertido en una monografía de treinta folios. La he mandado al Boletín Millares Carló de Las Palmas de Gran Canaria (UNED), donde suelo publicar mis trabajos para la Quinta, ahora exclusivamente en digital, pero accesibles gratis para el "mundo mundial".

Entre los datos que he añadido cuenta la poética que Larrea incluyó en la revista parisina que fundó con Vallejo: *Favorables París Poema*, intitulada "Presupuesto vital". ¡Con qué rigor pensaba e innovaba recuperando español genuino este vasco tan valiente, tan solitario como genial! Ni sombra de papanatismo quien tanto escribió en francés. Defiende allí la tesis simple de que el arte es un artefacto animado, una máquina imperfecta de fabricar emoción. Más allá del clasicismo y del romanticismo el arte es locomoción racional resultado de la colisión arcilla y soplo, materia y espíritu, acostándose antes con la ciencia que con los sistemas filosóficos, que dice detestar.

No he olvidado tu pregunta. Ana: ¿Qué tiene que ver Larrea con ese "firmamento del pasado" que es la cultura griega clásica?

Bueno, él sabe que el cristianismo es un fenómeno helenístico, pero enfatiza su raíz vétero-testamentaria, profética, voluntarista, imaginativa, ultramundana, su interpretación particular de la identidad Lógos = Dios. Aunque habla de armonizar la Nueva Jerusalem del *Apocalipsis* y la Vera Tierra del *Fedón*, cree más bien que la barra de hierro está doblada hacia lo psicosomático (lo griego), lo geométrico y cuantitativo, en detrimento de lo cualitativo y espiritual. Así que nuestro pensador la dobla hiperbólicamente para el otro lado. En este sentido se vuelve hacia el Apocalipsis, la teología paulina del Deus absconditus, del Dios desconocido de la locura proclamada en voz alta, desde el Libro de Daniel y más allá desde el misterio de la zarza ardiente del Éxodo (Ipsum esse, agustiniano). Esta locura es la convicción íntima de un estado de vida más allá de la muerte.

Contrapone así la filosofía "existencialista" de la tradición griega con la "esencialista" judeo-cristiana que apuesta por un más allá de la existencia, un plus ultra, que alcanza también su símbolo histórico en el descubrimiento de un Nuevo Mundo, que es también un horizonte de unidad antropogónica. Para Larrea, el pensamiento griego no alcanzó nunca ese misticismo total en el que la voluntad humana se confunde con la divina, aunque celebra a Plotino. Como él, Larrea es un místico panteísta o -como Lovejoy diría- estamundaneísta o -como yo diría- gradualista, partidario del Principio de plenitud. De este modo la estalactita se funde con la estalagmita. Todo está lleno de dioses -que diría el maestro milesio. Todo es signo de Su tremendo misterio (Rudolf Otto). Es posible una con-versión celeste porque el cielo ya está con nosotros, ya nos toca, la sublimación poética simplemente lo descubre, no lo inventa, expresa la voluntad poética del Creador. En la creación, tal y como la interpreta Larrea, más que de un "diseño inteligente" tendríamos que hablar de un sueño poético presidido por el amor que todo lo vivifica. Un oscuro designio.

Juan Larrea (Bilbao, 1895 - Córdoba, Argentina, 1980)

Para su ascensión, el pensador místico, como el vencejo, sacrifica sus piernas en beneficio de sus alas, al contrario que el filósofo, al decir de Taine, que se corta las alas para robustecer sus piernas. Pero volamos también a lomos de gigantes.

Tu objeción, Ana, es justa: no hay Imaginación sin Memoria, son hermanas gemelas, o un único dios con dos caras: es preciso imaginar para recordar y es necesario recordar para imaginar o fantasear. Pero Larrea ve a la memoria (Mneme, esa diosa platónica) como facultad representativa que mira para atrás o dentro (la Anámnesis), igual que la Polis ideal de Platón estuvo allí, en el pasado, perdida en aquella aristocracia de los mejores, durante la Edad de Oro regida por nobles héroes (la misma retroversión reaccionaria en Nietzsche, por cierto, y en cierto quijotismo). 

Por el contrario, el juego de representaciones y símbolos de Larrea se con-vierte proversivamente hacia el futuro. Es progresista. No me extraña que algunos le vieran como un loco, ¿qué es esto de un progresismo espiritualista, teológico, providencialista, poético, milenarista, profundamente religioso?, se preguntarían. Pues sí, y a mi juicio se esconde en su pensar, el de Larrea, una profunda verdad. El analista de la cultura se percató (también Gustavo Bueno se percató del valor de Cultura como "gracia" ilustrada) de que el progreso no es más que la idea de la divina providencia secularizada, un mito secular, pero esencialmente milenarista. 

(Por cierto que acabo de leer un maravilloso texto de Gide, "Disertación de Prometeo" en que el gran escritor francés, uno de los primeros intelectuales europeos en darse cuenta del desastre que estaba siendo el comunismo en la Unión Soviética, identifica el progreso con el águila que le come el hígado al titán filántropo. Titán que reconoce que no ama a los hombres, sino más bien lo que devora a los hombres desde que les entregó el fuego).

Ese afán de progreso, esa ilusión de cambio a mejor, esa voluntad de trascendencia, esa inquietud del espíritu, es un invento hebreo, está implícito en el voluntarismo historicista que alienta ya en el Pentateuco, en la filosofía de la historia de Agustín, de Joaquín de las Flores, en la metafísica de la historia de Kant, o en el materialismo histórico de Marx (que nació donde fue ejecutado Prisciliano)...

Y este es el reproche que le hace a Hegel: que fue demasiado griego, que cerró el círculo del tiempo (antes de tiempo), en lugar de dejarlo abierto al misterio del futuro espiritual de la humanidad. Prefiere a Schelling. De Heidegger, sólo admite la primacía del Tiempo sobre la extensión cartesiana, como la duración bergsoniana sobre el espíritu de geometría (vive Pascal!). Nuestro querido Emilio López Medina guiñará los ojos, tan convencido como estuvo -no sé si aún lo está- de que el ser es reducible a extensión.

A la vida, piensa Larrea, le importa más el tiempo que el espacio, de ahí que la lógica de nuestra biografía sea la lógica del relato. Larrea anticipa puntos de vista que luego tendrán amplio desarrollo en la hermenéutica de un Ricoeur por ejemplo. Este es un destino hispano trágico: poner el germen de lo que luego será un organismo desarrollado en otra parte, desconociendo la gloria y el mérito del pionero. También habla Larrea del inconsciente de la especie como un lenguaje (v. Lacan).

El teologismo de Larrea es un teleologismo. La cuarta dimensión temporal la aporta precisamente la cuarta causa de Aristóteles. La finalidad, o sea, el Bien que no conocemos pero que vislumbramos. Por eso el hombre camina en la faz del Espíritu creador, aún sin saber muy bien hacia donde va suspendido en una esfera del Cielo real, en versión celeste.