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Depósito de ponencias, discusiones y ocurrencias de un grupo de profesores cosmopolitas en Jaén, unidos desde 2004 por el cultivo de la filosofía y la amistad, e interesados por la renovación de la educación y la tradición hispánica de pensamiento.

martes, 9 de abril de 2024

EL ÚLTIMO HABERMAS




A sus 94 años sigue en la brecha filosófica:

Jürgen Habermas parecía haber completado su pensamiento: de Marx a Hegel y a Kant, del derrocamiento de las condiciones a la revolución del modo de pensar. En 2023 Habermas duda. Comentario de Moritz Rudolph.

Todos los filósofos pasan por fases. Su obra está impregnada de alejamientos, experiencias de conversión y decepciones y presenta a los intérpretes la difícil tarea de agrupar todos los cambios de dirección en una sola historia. Para Jürgen Habermas esta historia parecía ya escrita. Él mismo describió su camino como bildungsroman desde Marx a Hegel y a Kant: Al talante revolucionario de los años 50 bajo la consideración de que algo estaba fundamentalmente mal en la sociedad, le siguió el intento de recuperar la razón y hacer uso sistemático de ella con pasión de coleccionista en el concepto de una teoría de la acción comunicativa (1981). Sin forzar una ruptura radical, Habermas fue más allá: en los años 90, Habermas descubrió con Kant la posibilidad de una razón cosmopolita que comienza en Europa y en algún momento se extendería por todo el planeta, una razón que delibera consigo mismo y ya no justifica ni dirige ninguna guerra.

LA IRRACIONALIDAD DE LA REALIDAD

Pero esta narrativa está empezando a resquebrajarse. En su nuevo libro El Filósofo. Habermas y nosotros, Philipp Felsch narra su visita a Habermas en Starnberg en otoño de 2023. Felsch estaba “completamente consternado” por lo resignado que le parecía este “idealista supremo”: Europa, Occidente, la razón comunicativa, la superación de la guerra como medio de política. - Todo aquello por lo que he luchado y lucho se está perdiendo "paso a paso", afirmó Habermas. ¿Es indicativo de otro cambio en su forma de pensar? ¿Divergen de nuevo la razón y la realidad, que él consideraba en gran medida reconciliadas? Esta impresión ya surgió en su último libro sobre el nuevo cambio estructural en la esfera pública (2022). Habermas, que durante mucho tiempo se había aferrado a la posibilidad de una comunicación razonablemente razonable, aparece de repente como un diagnosticador del declive: la digitalización del público está provocando un aislamiento del individuo en su burbuja, una divergencia en las afirmaciones de verdad y un consenso cada vez menor sobre los fundamentos de la sociedad, mundo y acción. La razón queda ahogada por los “ruidos salvajes” de la comunicación dañada.

Semejante discurso ya no sonaba en absoluto a kantiano, ni siquiera a hegeliano, y tampoco a marxista. Habermas parecía haber entrado en una nueva etapa de pensamiento que requería referencias diferentes. Él mismo no dio ninguna indicación al respecto y no mencionó ningún nombre, pero el ambiente recuerda a una tradición de pensamiento que se encontraba al comienzo de su fase intermedia: la teoría crítica de la primera generación de la Escuela de Frankfurt. Habermas fue asistente de Adorno desde 1956, nombrado profesor en Frankfurt en 1964 y cabeza del mismo proyecto frankfurtiano tras la muerte de las dos figuras centrales: Adorno en 1969 y Horkheimer en 1973. Sin embargo, tomó un rumbo diferente y se distanció explícitamente de la filosofía histórica negativa de la Dialéctica de la Ilustración (1944). Busco y siguió rastros de positividad en la negatividad. Muchos juzgaron que era una traición a la teoría crítica, y estaban emocionados de ver que alguien finalmente mostrara opciones políticas de acción que condujeran a salir de la miseria.

SUENA A HORKHEIMER

Hoy no parece que quede mucho de ello. Habermas suena casi como Horkheimer, quien le comentó a Adorno: “El mundo está loco y sigue igual. Básicamente, puedo imaginar que toda la historia del mundo no es más que una mosca que se quema”. Para Horkheimer, Occidente, que hasta ahora había resistido, estaba condenado. Por todas partes ascendían dictadores en ascenso y ataques a la democracia, mientras la sociedad se desmoronaba en vínculos entre los cuales no era posible ningún intercambio, excepto la violencia. Quien lo viera de otro modo no encontraría piedad en los ojos de Horkheimer. Le negó a Habermas su habilitación porque le parecio demasiado izquierdista radical. Tuvo que trasladarse a Marburg, donde todavía había verdaderos marxistas. Hoy en día ya no sería necesario, porque su pensamiento es tan sombrío como el de Horkheimer.

Por decirlo así,  Habermas ha seguido haciendo girar la rueda de su propio desarrollo. Sin embargo la rueda habermasiana gira al revés: desde los superadores de la Ilustración, Hegel y Marx, pasando por Kant, su fundador, terminando en un pensador anterior a la Ilustración que no pudo reconocer ninguna ley de la razón en la historia. Una buena referencia puede ser Johann Georg Hamann , amigo de Kant y su primer crítico, que veía con pesimismo los despertares del espíritu. Esto también parece haber afectado al Habermas tardío.

¿OTRA TIERRA?

El diagnóstico se vuelve explosivo en el contexto de que Habermas es el filósofo más importante de la República Federal, como escribe Felsch: Un agudo sentido de la relevancia y las condiciones climáticas generales le permitieron estar siempre en el lugar preciso con la palabra adecuada en el momento adecuado. ¿Habermas, que ya tiene 94 años, simplemente ha perdido el contacto con el mundo? ¿O todavía tiene olfato para el cambio? Hace apenas tres años dió testimonio de ello, cuando abogó por priorizar la protección de la vida sobre la libertad de movimiento en la política coronaria y, por lo tanto, reconoció claramente las implicaciones teóricas de la pandemia para el Estado. Un año antes, en una entrevista, se reveló como un agudo observador de las oportunidades postnacionales perdidas. Aquí ya con un trasfondo claramente pesimista. Desde entonces, su visión del mundo parece haberse oscurecido aún más. En una declaración sobre la guerra en Ucrania, miró con incredulidad a un público alemán dispuesto a la guerra y se encontró con un nivel de incomprensión que no se había visto en décadas.

Pero tal vez deberíamos escuchar atentamente lo que el sabio de Starnberg tiene que decir. Los historiadores dicen que Alemania cambia cada 70 u 80 años. Según el cronograma, ya va tocando el momento del giro. Y, de hecho, hay cambios –en la geopolítica, en el sistema de partidos y en la forma en que interactuamos unos con otros– que parecen cambios de época. Lo que se desprende de ellos no está claro. Pero aparentemente lo viejo se está desmoronando. Habermas, que como filósofo de la reeducación contribuyó significativamente a su construcción, podría desempeñar nuevamente un papel como testigo de su caída. Probablemente sea el último.

lunes, 8 de abril de 2024

G. BUENO, X. ZUBIRI, Y LA HISTORIA DE LA FILOSOFÍA

 

Xavier Zubiri (1898-1983). Adalid del regreso al realismo filosófico

Nuestro joven "mochuelo" José Javier Villalba Alameda ha publicado un excelente artículo en The Xavier Zubiri Review: "Dos visiones de la Historia de la Filosofía en clave ontológica". En él contrasta y relaciona el realismo trascendental de Zubiri con el materialismo de Gustavo Bueno. Ambos filósofos coinciden en afirmar que la filosofía no es posible sino dentro de una tradición e inscriben la suya en el transcurso occidental. El "adanismo filosófico", o la pretensión cartesiana de empezar a filosofar de cero, es mera candidez o puro narcisismo, porque nuestra conciencia filosófica ha crecido históricamente. Recordaré de paso que el autodidactismo absoluto pudo ser novelado, no obstante, por el filósofo hispano-musulmán Ibn Tufail de Guadix, pero incluso en ese caso, la educación de El filósofo autodidacto requiere el concurso de una gacela.

Gustavo Bueno pretende reducir la Historia de la Filosofía a su materialismo arguyendo, un tanto peregrinamente a mi juicio, que incluso en el idealismo lo que hay "de verdad" es materialismo. Su sistema se construye contra el espiritualismo-idealismo, del que sin embargo depende como él mismo reconoce. Aspira a demoler el idealismo con herramientas del idealismo (que no se autorreconocía como materialismo encubierto). En cualquier caso, es original y valiente Gustavo Bueno, como en todo su agerrido "pensar contra", al invertir la fórmula: no es el presente el que está arraigado en el pasado (como Marx en los griegos), sino el pasado el que está arraigado en el presente (los griegos en Marx). Los pensares pasados se corporizan en su presente como "reliquias", mediante relatos. Y no obstante el presente es ininteligible sin su pasado. No hay un presente absoluto, porque el pasado está posibilitando el presente y la historia de la filosofía es alumbramiento u obturación de posibilidades.

Zubiri, por su parte, presenta la Historia de la Filosofía como una serie de sistemas insuficientes por el mismo error de logificación de la inteligencia y la entificación o sustancialización de la realidad, pues aspira a liberar el concepto de realidad de su adscripción a la sustancia (ousía). "Las cosas reales no son sustancias, sino sustantividades" o "sistemas sustantivos"; igualmente, quiere liberar la inteligencia de su función racional o conceptual de juzgar. Para el vasco, las ideas vienen de las cosas por construccion, desde el trato directo con ellas, desde la intelección sentiente. "Realidad de suyo" es para Zubiri lo que percibe el "animal de realidades" que somos, como independiente y anterior a la propia percepción. Inteligir es percibir la cosas como siendo "de suyo". Realidad e inteligencia son así congéneres. Con ello Zubiri intenta radicalizar las insuficiencias de las filosofías anteriores. Piensa -como Hegel- que la Historia de la Filosofía es también Filosofía y que toda filosofía surge del diálogo con las precedentes.

Bueno distingue 1º la idea de Mundo Mi, que se divide en tres géneros de materialidad inconmensurables entre sí: M1 (materia físico-biológica), M2 (materia psíquica, interioridad) y M3 (materia eidética, ideales); 2º: el Ego trascendental o conciencia (E), que une los tres géneros anteriores de materia ; y 3º: la idea de materia ontológico-general (M) que desborda a Mi y a E y que Bueno correlaciona con el Ser o semeja por analogía con "la cosa en sí" kantiana.

Basándose en esta tripartición, el riojano establece fórmulas que explican la perspectiva filosófica de las tres edades históricas (usamos el símbolo € para la relación "está contenido"):

Filosofía griega : EMiM

Filosofía medieval: MiME

Filosofía moderna: Mi EM

Mi siempre está incluido en M, porque ninguna de sus tres materialidades (física, psíquica e idética) puede fundar la realidad, es decir que el Ser siempre desborda el mundo, la expresión MMi señalaría un mundanismo absoluto y algo así como un mundo prisión, inactivo y cerrado, sin operaciones. 

El ordo cognoscendi se invierte en cada periodo de la Historia de la Filosofía respecto al ordo essendi. Así la filosofía presocrática va primero del Ser (M) al hombre (E), mientras la ática y helenística operan la "segunda singladura" partiendo del sujeto humano, pero ello no entraña un cambio de subordinación óntica de las tres materialidades, porque el pensamiento griego parte siempre del supuesto de que el Ser es necesario y la materia o physis es eterna. 

Por el contrario, la Edad Media subsumirá el mundo de la creación bajo la inteligencia o voluntad del Creador (E). La filosofía moderna, en continuidad con la medieval, hará depender directamente el mundo material de la claridad y distinción de la conciencia subjetiva (E), si bien al principio aún divina, luego meramente humana como sujeto "trascendental" kantiano, dependiendo sintéticamente de sus aprioris subjertivos (tiempo, espacio, categorías). 

Zubiri divide la Historia de la Filosofía en dos horizontes: el de movilidad y cambio, que es propio de la filosofía antigua y el de nihilidad-creación que va desde Plotino-San Agustín hasta Hegel-Heidegger. Para el segundo horizonte, al contrario que para el primero, lo asombroso y admirable, es decir, lo que pone en marcha el pensar filosófico, no es que las cosas devengan, cambien, se transformen, perezcan, nazcan..., sino que haya cosas en lugar de nada (la célebre cuestión que acuñó Leibnicio: ¿por qué hay algo en lugar de nada?). El horizonte del pensar se nos impone y cambia tan lento que no nos damos cuenta de sus revoluciones hasta después de que han sucedido. Cada horizonte deja ver unas cosas y oculta otras. Se convierte a veces en problema, pero la Filosofía se rehace siempre desde la tradición.

Bueno habla de "ámbitos de la Filosofía" como conjuntos de círculos de conciencia y sus determinantes. Ese "ámbito" es muchas veces inconsciente para él mismo. Los cambios de horizonte pueden explicarse tanto por factores internos, es decir, problemas que una "episteme" (uso aquí el término fucoltiano) no puede resolver, que como por factores externos y novedades que resultan incompatibles con dicho horizonte (piénsese en el descubrimiento de América y el estatuto filosófico de las almas de los nativos respecto al dogma de la redención cristiana).

En cualquier caso, la idea de creación ex nihilo rompió el horizonte mundano y reventó la naturalización del Logos, pues el cristianismo (a la par que el estoicismo, añadiría yo) descubrió un mundo espiritual y personal trascendente a la naturaleza ((mneumático), que Kant (heredero en ética de los estoicos) separará radicalmente de la naturaleza madrastra, como auténticamente espontáneo, autónomo, libre, es decir, metafísico en sentido escolástico (muy diferente del sentido positivo que da Zubiri al término "metafísica").  

Para G. Bueno, el humanismo renacentista fue la secularización del sobrehumanismo cristiano; y Kant es, para Zubiri, el último escolástico. De hecho, el racionalismo moderno se conformó con la plantilla de la linealidad temporal cristiana (nada-creación-origen -> pecado-falta -> redención-salvación) y con la visión de un ser espiritual egoiforme, primum ontológico creador de realidad universal (eso, sin reparar en que el humano no crea realidades, todo lo más las inventa, o sea, las combina).

La deificación del humano por la gracia de Dios, fruto del cristianismo con su misterio de la "encarnación", consintió el subjetivismo de la filosofía moderna. Los griegos pensaban al hombre sólo como un ser natural, incluso moral por naturaleza (êthos, segunda naturaleza)... El resultado será el escepticismo (el de la Academia segunda, por ejemplo) que es inquietud, angustia de no poseer la verdad, o estado de duda que vive intensamente Descartes antes de la "revelación" de su cogito. En el horizonte griego todo emanaba de la Physis eterna como natura naturata; en el cristianismo la naturaleza es emergencia divina (natura naturans), obra de un Dios racional y benevolente. El mundo para Zubiri no está hecho, sino que se está haciendo.

La Filosofía cartesiana, la Ciencia nueva y la Reforma son los tres elementos que generan la modernidad y que forzarán a la filosofía a diluirse bien en teología (y teodicea) o bien en antropología. El nominalismo voluntarista facilitó el proceso de romper con el intelectualismo tomista, al reducir la razón a algo interno del humano, pues el dios de Ockam es esencialmente voluntad omnipotente: ser infinito que podría haber creado un mundo en el que dos y dos no fueran cuatro.

Fue gracias al pensar medieval que la filosofía pasó de ser ciencia del ser en cuanto tal, a ser la ciencia de los principios trascendentes de la razón subjetiva, o Lógica trascendental kantiana. Lo trascendente ahora ya no es el ente, sino el objeto sintético o la idea como supuesto de la razón subjetiva. El hombre pasa de criatura a creador, de lo que se infiere que todo es Mi, es decir que Mi = M.

Tanto Zubiri como Bueno niegan la existencia de vivientes incorpóreos y arremeten contra la cesura kantiana entre hombre y animal. Lo transcendental no es para ellos un apriori, sino más bien un aposteriori. Ambos aprecian sin embargo el criticismo kantiano, admitiendo con él que el orden trascendental no es el de los objetos suprasensibles, pero tampoco es propio sólo del sujeto, pues entre el sujeto y el objeto hay continuidad estructural...

Zubiri y Bueno coinciden en el diagnóstico de que la filosofía medieval no es un obscuro paréntesis entre la griega y la moderna, como se suele contar, sino que aquella hace posible esta. No podemos sino aceptar este planteamiento. La filosofía medieval recogió los conceptos griegos, los teologizó, e incubó con ello la filosofía moderna, gracias sobre todo a la idea cristiana de Creación ex nihilo. Aunque también sea relevantes otros conceptos, en los que el cristianismo amalgamaba otras tradiciones, como el de la Trinidad, la consideración lineal de la temporalidad histórica, la noción judía de verdad como confianza proyectada hacia el futuro, etc. (Bueno ofrece una curiosa etimología de "nada" como 'res nata': cosa nacida, su sentido alude a la contingencia de las criaturas, que el paradigma cristiano opone a la necesidad de Dios). El camino de la nada en Parménides era inescrutable. Platón acepta un no ser relativo en el Sofista, pero es el pensamiento cristiano el que descuartiza el corazon de la tiniebla (cfr. Fredegiso de Tours) y explora la sombra del ser hasta asombrarse con el vértigo del abismo o quemarse en el fuego zoroástrico.

***

El artículo de nuestro compañero Villalba es tan rico que merece lectura directa y relectura. No sólo ofrece parangón de las concepciones de nuestros filósofos respecto de la historia de la filosofía, sino que ofrece otrosí introducción sucinta y clara a sus principales ideas. Por eso añado aquí enlace a su artículo, que motivó este mío.


jueves, 21 de marzo de 2024

ALEZOTOPO

 

Alegoría del Tiempo y la Verdad (h 1647), por Baciccia,
agua fuerte atribuida a Bernini.
Museo del Prado (no expuesta).

Dedicado a Esteve Rodríguez, 
cuya conversación e interés por la Verdad 
motivó este estudio.

Los filósofos han hecho siempre de la Verdad el principal objeto de sus amores. 'Amicus Plato, sed magis amica veritas' es frase que Amonio de Hermias atribuye a Aristóteles: la verdad por encima incluso del afecto al divino maestro. La verdad aunque cueste la vida, como a Tomás Moro le costó la cabeza.

Convenimos con Peter Sloterdijk, filósofo agudo, espeso como alemán, y con muchos otros pensadores en que el humán -salvo patologías extremas- es un animal hambriento de verdades y -si bien educado- resulta también consciente de que la mentira envenena todas las ganancias, no sólo porque la mentira sea cojitranca, sino porque la verdad alienta, sostiene, nos hace libres, incluso esperamos que acabe imponiéndose en el mundo como el aceite flota en el agua.

No obstante, Verdad es señora esquiva que no se casa con nadie, Diana del filósofo, Artemisa virginal celosa de su desnudez abismática y su hondura infinita. La pretensión de poseer la verdad sirve al dominio de lo falso, porque lo verdadero, debido a su naturaleza, se sustrae casi siempre a la univocidad y unanimidad de las afirmaciones. Pero ni siquiera el escepticismo más extremo puede negar la posible existencia de la verdad sin suprimirse a sí mismo. 

Es cierto que para el humán la verdad es temporal y por tanto histórica, más o menos sometida a la excepción, la autoridad, la falsación. No obstante -como supusieron Hegel y Escohotado- la verdad está aliada con la realidad, aunque la excepción la disperse y la autoridad la realice sólo en forma histórica (Jaspers).

Escolásticamente, la verdad es una relación de adecuación, isomorfía o analogía entre lo que decimos o pensamos y lo que sucede o hay; o bien, como validez lógica, el término "verdad" refiere a la consistencia racional de nuestros asertos... Cabe ampliar el ámbito de la verdad para aludir a la autenticidad de una experiencia o a la perfección de un objeto: "verdadero chocolate" (no light). Y en sentido religioso, el fiel "dialoga" o asume las descripciones y preceptos de una Palabra que acepta como revelación, aunque desde antiguo la tradición judía y cristiana, menos la islámica, han ofrecido otra lecturas distintas de la integrista o literalista. La misma hermenéutica filosófica debe mucho a los esfuerzos de los exégetas por abrir el cofre de las interpretaciones de la palabra mítica.

Sloterdijk amplía más aún la esfera o espacio (topos) de la verdad (alezeia) en su análisis del insulamiento de la existencia humana en esferas, burbujas o espumas de inmunidad, invernaderos de bienestar con atmósferas propias. Habla por eso del Alezo-topo (αλήθεια [alētheia], lo desvelado o sustraído al olvido) o Mnemotopo (μνήμη, recuerdo) o de las "repúblicas del saber", tesoreras de verdades. Ensayaré una sintesis y glosaré sus principales ideas con desarrollos propios.

El Alezotopo es mundo con espacio aclarado, poco o casi nada en comparación con lo obscurecido, donde a decir de Heráclito se oculta lo esencial porque "a la naturaleza le gusta permanecer en la latencia". "Daría todo lo que sé por una milésima parte de lo que no sé" -dice el verdadero sabio, consciente de su ignorancia ("sólo sé que no sé nada"). Lo ontológicamente esencial, según los clásicos, permanece oculto. Mas entre el ámbito aclarado y el obscurecido del Ser tiene lugar un tráfico fronterizo difícil de comprender. De lo desconocido envolvente o abarcante salen novedades a lo sabido y dicho y, al contrario, mucho de lo que se ha conocido retorna al olvido. En consecuencia -concluye Sloterdijk: 


"la verdad no es ni un contingente seguro de hechos ni una mera propiedad de las proposiciones, sino un ir y venir, un centelleo temático actual y un hundimiento en la noche atemática".

 

El punto de vista pragmático -pariente del utilitarista- insiste en cómo nos afectan los valores de la verdad incluso a un nivel biológico. La seguridad de los lanzamientos y la confianza en los enunciados es desde la prehistoria un asunto de vida o muerte; por eso la verdad tuvo que ser protegida como el mayor bien y la mentira hubo de ser considerada como delito de lesa humanidad. La diferencia entre proposiciones verdaderas y falsas se funda en acciones exitosas o fracasadas (cuando ello no es de verdad como lo pensaba). El mundo manifiesto que tomamos por verdadero se ofrece de dos maneras: 1) como nexo de acciones que realizamos, y 2) como conexión de acontecimientos que nos afectan. Es el doble sentido de la verdad como devenir-patente en el acontecimiento o en el resultado, y como ser-enunciado en la frase apofántica susceptible de ser verdadera o falsa.

La Verdad como virtud: Philip Galle,
aguafuerte h. 1590


Sloterdijk llama Alezotopo al lugar en el que las cosas se vuelven manifiestas, decibles, explicables, figurables... Aquí podemos tomar por verdad errores comunes, opiniones contumaces, ídolos del mercado, de la tribu, del teatro, prejuicios y prevenciones repetidas. No es sólo un almacén de verdades, sino también un basurero de falsedades y medias verdades que gozan de crédito general.

"Wahrheit" significa en alemán verdad con el matiz del asistir, tutelar, conservar, cuidar..., verdadero es lo que se conserva para su reutilización. El Alezotopo como campo de cultivo de la verdad y punto de recogida del conocimiento es el auténtico escenario de la apertura humana del mundo. La razón (lógos), el légein, es su caja de herramientas y método. En la isla humana todos somos guardianes de la verdad (Lichtung, claro del bosque). 

Cabe ser guardián para conservar verdades y cabe ampliar el campo como hacen pensadores e investigadores. Lo revelado y conocido, el saber probado y confirmado -como la esfericidad irregular del planeta Tierra- ha de retenerse y transmitirse (la autoridad educativa es responsable de que no cunda el delirio terraplanista). Lo cierto exige que se lo mentanga en vigor, mientras que la luz crepuscular de lo incierto nos obliga también a poner cuidado, a mantenernos vigilantes.

No a toda la gente afectan por igual las tensiones de la verdad. Los hay que prefieren no saber para evitar las situaciones de estrés cognitivo. Hay eruditos y legos, expertos y gente corriente, sacerdotes, profetas, videntes, escribientes, filósofos, científicos, influencers, publicistas..., y simples consumidores de concursos y series de televisión. Todas las culturas han distinguido y distinguen entre sabios y profanos. Gran cultura y cultura escrita son sinónimos. En el Estado modélico de Francis Bacon existe una Cámara Alta del Saber, la Casa de Salomón, universidad de élite, Orden de caballería cognitiva, cuyas deliberaciones son secretas. "Héroes de la Verdad" son Gautama Buda, Lao-Tsé, Jesús de Nazaret, grandes e influyentes espíritus son Pitágoras, Platón, Confucio, Kant...Ya en Heráclito, el desprecio del vigilante (atento al logos) hacia el durmiente (la masa de los que viven sonámbulos) sonó tan fuerte como grito atrabiliario, como orgulloso resentimiento de mochuelo insomne.

Platón, aunque tuvo un maestro heraclitano (Crátilo), mitigó esta arrogancia dejándola en anhelo de la verdad. La idea de las ideas, la forma de lo perfecto, sólo nos permite un acercamiento deslumbrado, un vislumbre. También los estoicos redujeron la sabiduría a una orientación ideal que exige ejercicio y abnegación... 

Quien vive en la isla antropógena se ve introducido irremediablemente en una logomaquia, en una lucha constante por lo verdadero y por las formas válidas de su expresión y consecución. Tendremos que aprender a discernir entre verdaderos y falsos profetas y a discriminar entre conocimientos aparentes y reales. Los sabios también pelean, discuten, polemizan. Platón arremetió contra los expertos de su tiempo, los sofistas; Diocleciano expulsó a los filósofos de Roma, confundidos con taumaturgos y adivinos; los creacionistas confutan a los evolucionistas (o lo intentan); los positivistas se burlan de los "pseudoproblemas metafísicos"; los científicos neopositivistas satirizan las metáforas y experimentos conceptuales de los posmodernos... Ya cabe también sospechar de los filósofos de la sospecha (Nietzsche, Marx, Freud) que reinaron en el siglo XX.

El Alezopoto es un acuario en el que todo fluye y cambia, pero desde antiguo filósofos y científicos se secesionaron de sus comunas, fundaron islas particulares, escuelas, academias, liceos, jardines exclusivos, monasterios, universidades..., se desterritorializaron, sintiéndose patriotas de la humanidad, ascetas enajenados de la mundaneidad. Desde antiguo, los aspirantes a la verdad profesaron el pacifismo meditativo y humanista. Hipotecaban sus vidas a la verdad pura y se distanciaban del saber que toma partido, y eso por mucho que se haya querido insistir en la borrosidad de la frontera entre arte, filosofía, ciencia, e ideología (en el sentido de falsa conciencia). La libertad de pensamiento y de expresión (sapere aude!) hacen posible tanto la conservación como la ampliación del Alezotopo. El alma de la ciencia es tolerancia y recelo de todo dogma. El científico rompe con todos los ídolos, aunque no puede romper del todo con los ídolos del teatro, pues reclama sustento, estímulos, escenario, editoriales, reconocimientos...

No obstante, hoy asistimos a dos fenómenos de ruptura con la tradición académica. Por un lado el desprestigio o decadencia del dictamen de los expertos, como efecto de la muchas veces probada corrupción endógena; y segundo, se fue a pique el paradigma baconiano que hacía corresponder el progreso científico con el humano. Ya Kant se percató de que el progreso tecno-científico por sí mismo, sin la compañía orientadora del progreso moral, es pura "lentejuela miserable". La emergencia del complejo militar-industrial-comercial y la mácula enorme de las bombas de 1945 han echado por tierra semejante esperanza de que el poder tecno-científico sea por sí mismo un poder humanizador, pues ha cabido y cabe el uso inhumano y deshumanizador de la tecno-ciencia. El saber se ha puesto muchas veces al servicio de intereses particulares o como consultoría de los señores de la guerra.

Jamás los grandes de espíritu han estado de acuerdo y la verdad tampoco es ya lo que fue. La desconfianza, la subcultura fake, la secta de la cancelación y la Sacra Cofradía del Victimato, circulan con aires inquisitoriales y justicieros por demasiados campus, con poderes consentidos por maestros que, por temor a sus discípulos, hacen dejación de autoridad y olvidan su obligación de guardeses del Alezotopo.


lunes, 29 de enero de 2024

2024: AÑO KANT


El pensador de Königsberg nació hace 300 años. Lo que queda de su filosofía es, sobre todo, su teoría de la dignidad humana y sus profundas reflexiones sobre las capacidades del hombre para el conocimiento y la moral.




Kant hacia 1768 – réplica del óleo. © IMAGO


Quiso poner fin para siempre a las discusiones filosóficas. Durante diez duros años trabajó en una filosofía completamente nueva que ahora iba a poner orden en el campo de batalla de la metafísica. Al principio, Immanuel Kant creyó que podría presentar su nueva obra en poco tiempo (“tres meses”), pretendía ser una especie de juicio a la filosofía: la Razón como demandante, demandado y juez, todo en uno. Pero pasarían muchos años (1770-1781) antes de que pudiera presentar al público su gran logro, que lo situaría a la altura de Platón y Aristóteles. Kant no publicó casi nada durante esta fase de su vida. La gente habla de su “década silenciosa”. En 1781 vio la luz la obra que hizo mundialmente famoso al pensador y que cambió significativamente la filosofía hasta hoy: la “Crítica de la razón pura”.

lunes, 27 de noviembre de 2023

DIGITALIZACIÓN CUESTIONADA

  Santa Catalina de Alejandría era la patrona de los filósofos en la facultad donde estudié. Hacíamos postres filosóficos y diversas actividades en honor a la mártir que según la tradición quiso debatir con el emperador Maximino que pretendía martirizarla por no sacrificar a los dioses (s. IV). 

jueves, 17 de agosto de 2023

TOLKIEN "SUBCREADOR"

 Nominalismo bien entendido, me parece el mejor titulo para esta imaginaria conversación entre dos amigos grandes literatos, mitopoetas,  C.S Lewis y J.R.R. Tolkien que he encontrado en la biografía de este último escrita por Humphrey Carpenter:

viernes, 26 de mayo de 2023

EN TORNO AL PROGRESO

 



"Alcmeón decía que los hombres perecen 
porque son incapaces de unir el principio con el fin"
Aristóteles. Problematon, XVII, 3.


Juan Larrea Celayeta (Bilbao 1895-Córdoba, Argentina 1980), excelente escritor, filósofo, profeta milenarista y poeta surrealista, se hizo eco de la opinión de E. L. Tuvenson según la cual "la doctrina del progreso guarda más puntos en común con la mente religiosa que con la científica". El progresismo es, para bien o para mal, una religión o religación política con el futuro que, como tal, no puede ser sino imaginario e imaginado, porque el porvenir todavía no es.