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Depósito de ponencias, discusiones y ocurrencias de un grupo de profesores cosmopolitas en Jaén, unidos desde 2004 por el cultivo de la filosofía y la amistad, e interesados por la renovación de la educación y la tradición hispánica de pensamiento.

martes, 20 de mayo de 2014

Melancholia


Esteticismo crepuscular. En Melancholia (Cannes, 2011) todos los personajes están agotados. La novia no es la promesa de nuevas y renovadas vidas, sino el final de una ejecutiva “creativa” (o sea, una publicista que odia su trabajo), entre desesperada y depresiva. La alegría de su boda resulta postiza, mientras el mundo está amenazado por un planeta errante, cuyo nombre da título a la peli. El baile de la boda se convierte en una danza macabra. 

La película es hermosa, pero decadente. Y al final, resulta que la “lúcida” propuesta de la protagonista, “que sabe cosas”, es una “cueva mágica”, construida por unos cuantos palos, para engañar a un niño y esperar el fin del mundo allí, cogidos de la mano.

Gracias a la película del danés Lars von Trier, me he dado cuenta de lo bien que se lleva la  música del Tristán de Wagner con las inercias esteticistas del nihilismo contemporáneo y los ecos de Kubrick. Asusta el hecho de que resulten tan verosímiles estos personajes incapaces de amar y de dejarse amar. Recuerdan la banalidad del mal de Hannah Arendt.

El peor de los empresarios posibles, jefe de la protagonista, que contrata a un sobrino del que se burla y al que desprecia; una madre (Charlotte Rampling) que solo acude a la boda de su hija con el propósito, seguramente deliberado, de reventársela; un padre libertino (John Hurt) que huye cuando su hija más lo necesita y que se complace en la crueldad de molestar al camarero. Incluso la protagonista, Justine (Kirsten Dunst), melancólica y deprimida, es incapaz de tratar con amabilidad a su hermana, que se esfuerza en complacerla. Abandona al novio para tirarse al primero que se encuentra. Sólo un baño, desnuda, de melancólica luz, parece redimirla, estéticamente, claro, ante el espectáculo de su lunática y helada belleza. Cuando Claire (Charlotte Gainsbourg) le propone tomar un vino en la terraza ante la inminencia del fin del mundo, Justine le escupe que su propuesta le parece una “mierda”.



¿Podemos descansar de la hipnosis y el vértigo estéril de efectos especiales, velocidad y violencia, que propone el cine usamericano, con estas sugestiones nórdicas inspiradas en la depresiva imagen de una soledad irredimible y absoluta, en un universo cruel, en mitad de un mundo que se acaba, y por el que ni siquiera merece la pena llorar?… Ya Eco se percató de que entre el canto de cisne de los "apocalípticos" y la candidez de los "integrados" podemos hallar una cesura fértil. En ella, tal vez, se estén ya incubando, en el Oriente, los huevos de nuevas y fantásticas utopías, como jóvenes promesas para el futuro.

2 comentarios:

José Biedma dijo...

Antonio Ignacio me manda un interesante texto de Byung-Chul Han, el filósofo coreano que, al parecer, triunfa en Berlin, que analiza la película de Trier. Lo cuelgo en Destripando Ideas (Facebook) con el enlace al comentario de la peli.

https://www.facebook.com/groups/destripandoideas/?fref=ts

Muy de acuerdo con su denuncia (la de Byung-Chul Han) del narcisismo ("el infierno de lo igual": cuando uno no ve en el otro sino el propio reflejo, en lugar de gozar del enigma de la alteridad). Muy de acuerdo con la denuncia del consumismo que conduce al tedio y al aburrimiento (lo contrario de Eros)... "Los hombres yacen con apatía aquí y allá con sus cuerpos repletos, agotados por la saciedad"...

Pero me ratifico en que la interpretación del amor que hace Lars van Trier es decadente, apocalíptica (en el sentido negativo de Umberto Eco). ¡Malas tenemos si Eros sólo vence a la depresión (enfermedad de Narciso por excelencia) al precio de besarse con la muerte!... "De manera paradójica, la muerte que se aproxima da vida a Justine, la abre para el otro" -escribe el coreano.

El problema es metafísico, claro está. En la peli, y en su protagonista, no hay esperanza, sino desesperación. Estamos solos en un universo infinito, dice Justine al final, como un escupitajo que le tira a Claire en la cara... Esto de que seamos la única inteligencia del universo es ciertamente un juicio tan narcisista como inverosímil. ¡No deja de sorprenderme lo mucho que saben y dogmatizan los ateos en nuestra edad!

Aunque no lo sé, en absoluto creo que lo infinito esté infinitamente vacío. Pero esto es una cuestión de fe, claro está, ¡como la posible victoria del Atleti! O, mejor dicho, una cuestión de esperanza. La memoria con déficit de esperanza se llama nostalgia..., ¡o melancolía! Pero la esperanza no tiene menos fundamento racional -o razonable- que la desesperación. Y también formula sus negaciones, claro, no pienso que "el infortunio desastroso" nos proporcione, de ningún modo, salvación alguna, al contrario de lo que enuncia la última sentencia del coreano.

Ana A dijo...

Todavía no he leído al coreano, también le envié mis reflexiones a Antonio. Las hice desde muchas ignorancias sobre los referentes estéticos, pictóricos y cinematográficos que supongo tiene este film que es un derroche de esteticismo.Vaya película extraña, amarga. Al principio estampas sin movimiento que desconciertan ¿será toda la película una sucesión de imágenes congeladas?
Luego ya se ve que es como un resume previo de lo que va a ser la película.
Importantísimo el paisaje, muy muy cuidado, y el arte. Supongo que hay referencias pictóricas que desconozco ¿algunos cuadros que aparecen son de finales de la edad media? ¿tipo el Bosco? Están los libros que Justine abre y pone en la biblioteca.

Sexo, muerte y vida, sentido y sin sentido de la vida. Fin del mundo. Melancolía es un planeta que se ¿chocará o no se chocará con la tierra acabando con la única forma de vida en el universo?
Melancolía tengo entendido era la palabra que se usaba antiguamente para lo que hoy llamamos depresión.

Algún tipo de enfermedad o trastorno que sufre Justine que nunca está donde debe. Saca la limusina del atasco en la curva, pero llega dos horas tarde al convite y se va a saludar al caballo lo primero.
No está para cortar la tarta. Deja al novio con un palmo de narices en la noche de bodas y se va con el recién contratado que necesitaba un slogan.

La película por momentos se podía haber titulado "pesadilla", en especial por el comportamiento de la novia. Que por cierto va perdiendo la compostura y el arreglo personal conforme pasan las escenas.

Los "illuminati" de la película, Justine, su madre saben que lo peor ocurrirá.
El cuñado también parece saberlo pero disimula ¿al final se suicida al lado del caballo para no morir en el choque con el planeta.

El puente por el que no quiere pasar el caballo. La naturaleza está muy presente en el film, con los pájaros cantando o callando, los caballos nerviosos o tranquilos.

El instrumento raro para saber si Melancholia se aleja o acerca. Aunque ya supimos por internet que el planeta que estaba detrás del sol y se acercaba hacía una danza de la muerte con la tierra.


¿La ciencia se equivoca?
la astróloga parece que no, la madre de la novia va vestida de astróloga casi en la fiesta. Es asocial e impertinente, mientras que el padre es feliz en su incosnciencia. Y el cuñado es el que paga, harto de una familia paranoica. La única que parece salvarse es Claire.

Hay escenas muy bonitas, con el planeta acercándose o los caballos cabalgando. Pero es una angustia de película. Todo se va acabar de la forma más catastrófica posible, mejor suicidarse para no asistir al espectáculo.
También una buena crítica al mundo de trabajo, a los que explotan y sólo buscan ganancias. La sociedad con sus ceremonias es un puro montaje para salvarnos de la nada, o eso creemos. Que dinero y lujo nos salvan de la nada.

Desde luego la película marca.