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Depósito de ponencias, discusiones y ocurrencias de un grupo de profesores cosmopolitas en Jaén, unidos desde 2004 por el cultivo de la filosofía y la amistad, e interesados por la renovación de la educación y la tradición hispánica de pensamiento.

viernes, 29 de abril de 2016

IN MEMORIAM, JUAN LÓPEZ MORILLAS


Cabe a esta Quinta el honor de haber podido organizar una tertulia literaria en homenaje a la extraordinaria figura de Juan López Morillas (1913-1997), ilustre galduriense, extraordinario profesor universitario y el mejor investigador del pensamiento liberal español del siglo pasado: del Krausismo, la Institución Libre de Enseñanza, la Generación del 98...

Le descubrí, precisamente, cuando estudiaba las raíces krausistas de Giner de los Ríos para mejor comprender su psicología, sobre la cual versó mi ponencia en el Congreso que en honor de Giner celebró la AAFi en Ronda (1998). Entonces me percaté de que todas las referencias importantes al krausismo remitían a su importante libro de 1956: El krausismo español; perfil de una aventura intelectual (México, FCE, ed. revisada de 1980).

Los tertulianos, Biblioteca del IES Juan López-Morillas



Gracias a la diligencia de Rafael Bellón y con la imprescindible colaboración del director del instituto de Jódar, Enrique Yerves Cazorla, pudimos contar con la presencia de Consuelo López Morillas, hija de don Juan, hispanista ella también (y arabista) en Indiana (EEUU), y con la presencia de la sobrina más querida del profesor, Paquita. Se acercaron a la biblioteca del instituto que lleva el nombre del padre y del tío respectivo, en la ciudad de Mágina, desde su residencia en Madrid. Consuelo, ciudadana norteamericana como su madre, está casada con un español, lengua que maneja a la perfección, y es una señora culta y encantadora a la que ya debemos entrañables e impagables anécdotas sobre la vida del gran escritor.

En dicha tertulia, además de los miembros de nuestra Quinta, contamos también con la presencia de la concejala de educación del ayuntamiento, Juani Vilches, y con la asistencia del cronista de la ciudad, Ildefonso Alcalá. La tertulia fue grabada para la televisión local.

El director preparó una muestra con los libros que don Juan cedió a la biblioteca del Instituto, con interesantes dedicatorias escritas de puño y letra por sus importantes autores: Juan Marichal, Ferrater Mora, Francisco Ayala, Julián Marías, Laín Entralgo, Gerardo Diego... Algunas de ellas ilustran esta entrada.
Autógrafo de José Ferrater Mora, autor principal del célebre Diccionario de Filosofía.
Un grafólogo aficionado percibe rápidamente el genio analítico
que cala hondo en la realidad empírica,
el orgullo intelectual y una voluntad firme, aguda y enérgica.

Juan López Morillas fue un extraordinario humanista políglota, sabemos ahora por Consuelo que empezó a aprender el ruso de un exiliado ruso de la Revolución de Octubre que conoció en Madrid. Hablaba y escribía el catalán. Una gran parte de su obra se publicó primero en inglés, y también conocía el alemán y el francés. Precisamente las primeras y excelentes traducciones de la gran literatura rusa de Turgenev, Chejov, Tolstoi, Dostoievski, publicadas por Alianza, son de nuestro autor. Consuelo ponderó la calidad creativa de las mismas y nos animó a disfrutarlas.

Cuenta su hija que su interés por el pensamiento liberal español nació del entusiasmo que le provocó la lectura de Jovellanos. No se engañaba, pues esa línea ilustrada con raíces en el humanismo cristiano del Renacimiento (humanismo erasmista) es la veta aurífera del pensamiento español moderno y reformador, aunque por desgracia nunca ha encarnado un pensar mayoritario, ya que el liberalismo social o el socialismo democrático se han visto presionados, acorralados o exiliados, por el extremismo revolucionario o contrarrevolucionario de tirios y troyanos.

El caso es que a Juan López Morillas debemos el primer estudio riguroso sobre el krausismo, cuyo humanismo idealista y cuyo eticismo renovado inspiró el pensamiento de Giner de los Ríos, maestro de maestros de la España contemporánea, y por tanto la fundación de la Institución libre de enseñanza que renovó de raíz la pedagogía y escolástica anquilosada de la época con su apuesta por la coeducación, la conciliación del trabajo físico e intelectual, la formación emocional, estética y religiosa, integral, del espíritu humano, sin dogmatismos ni imposiciones, el amor y cuidado de la naturaleza, etc.
Dedicatoria de Juan Marichal

Aunque Juan López Morillas se licenció en Derecho en el Madrid de 1934, no fue un "transterrado" más de la guerra civil, como Gaos o Ímaz, aunque -como nos confesó Consuelo- profesó la esperanza republicana (participó muy joven en el levantamiento de Jaca). Antes del desastre hizo la travesía del Atlántico en 1935, gracias a su excelente aplicación universitaria y gran talento, y a que -como él mismo cuenta-: "me dieron por 'estrecho de pecho' y fui exento del servicio militar". Salió con el propósito de estar un par de años fuera de España y con la ambición de entrar en la carrera diplomática, pero en EEUU se doctoraría en Historia intelectual y Filosofía, y desarrollaría ampliamente su interés por ese espacio del pensamiento, tan hispano, entre la literatura y la filosofía.
Busto de Julián Marías
en el patio del IES Juan López-Morillas

En norteamérica hará carrera brillantísima en distintas universidades, llegando a ser uno de los profesores más prestigiosos y consultados de Brown y del mundo académico norteamericano. Cuando se jubiló en 1978 siguió ejerciendo como emérito en Austin (Tejas). En 1979, la universidad de Brown le concedió el grado honoris causa de Doctor in Humane Letters. Ciudadano norteamericano desde 1942, fue muy apreciado por sus alumnos y como conferenciante. Entre 1965 y 1971 fue Vicepresidente de la Asociación Internacional de Hispanistas.

Aún viendo en el krausismo un justo afán de racionalismo colectivo, de virtud estimulante y estilo de vida, de modernización del pensamiento, su estudio no escatima la crítica a una filosofía que pecaba de vaga y confusa. Serán las derivaciones, intelectuales o espirituales, del núcleo moral del krausismo las que más le interesen. De ahí su escrupulosa edición de los ensayos de su admirado Giner de los Ríos que quiso titular "El racionalismo pragmático".

Juan López Morillas se confesó también orteguiano. Su esposa norteamericana, Frances Mapes (hija de un ilustre hispanista) tradujo muchos importantes libros de Julián Marías al inglés. Aunque don Juan no se confesaba cristiano, su espíritu tolerante y liberal permitió a sus hijos que creyeran lo que quisieran, y las dos familias, la de Marías y la de López Morillas, mantendrían durante años una estrecha relación. Al perder a su mujer, con la que estaba muy unido en feliz matrimonio, Julián Marías confesó a Juan López Morillas que su condición de filósofo no le había servido para digerir tanto dolor.

Dedicatoria de Julián Marías del libro Ortega: las trayectorias.

En la tertulia, don Emilio López Medina, profesor de la universidad de Jaén, sacó a colación la influencia de la filosofía alemana en los intelectuales alemanes, y la sorprendente de Krause en Sanz del Río. Cuando Sanz del Río hizo su célebre viaje a Alemania, para traer consigo las semillas de la modernización de la filosofía española, el panteísmo panlogista de Hegel no era tan influyente como lo sería después, y Krause era una figura respetada (discípulo de Schelling). El idealismo de Krause permitía una conciliación con la tradición cristiana y deísta (el famoso panenteísmo).

Juan López Morillas estudió en Madrid en el instituto San Isidro, a donde iban los alumnos de la Institución libre de enseñanza a examinarse, es posible que de entonces arrancase su relación con los protagonistas y el espíritu de la ILE.

Su estilo ha sido definido por Geoffrey W. Ribbans como añejo, entre castizo y popular, con un envidiable dominio de la riqueza del idioma y, a la vez, escueto y exacto. En sus conferencias, López Morillas sabía salpicar su expresión literaria con un toque de oratoria sobria y severa, con una intensidad dramática muy refrenada. Contó su hija que una vez la madre hizo el cálculo de las universidades en que había conferenciado y salieron más de 85. Quienes asistieron a su conferencia de Salamanca (1971) recuerdan su ardiente defensa de los grandes valores liberales de España: "la entereza moral, la magnanimidad y el altruismo" (Prólogo a Krausismo: estética y literatura, Barcelona, 1973).

En la entrevista que le hizo el profesor Francisco Checa en 1987, preguntado por su concepto de "humanidad", Juan López-Morillas definió al hombre como una riquísima red de posibilidades. Explicando que, descontando el valor de la memoria, para los alumnos es más importante la imaginativa, la facultad de inventar cosas, lo que renueva la vida constantemente...

De izquierda a derecha: Amelia Fernández,
Consuelo López-Morillas y Gisela Destefanis,
tras la tertulia.
"Para mí, las Humanidades no son aquel concepto que se tenía, más o menos clásico -a pesar de que ese concepto también era muy noble-, de estudiar únicamente aquellos autores en los que mejor se reflejaba lo que era el hombre, sino, al mismo tiempo, el fomentar en el individuo la potencialidad para abrirse a todas aquellas posibles impresiones, a todos aquellos posibles conocimientos, a toda posible empresa humana que permita el constante engrandecimiento y enriquecimiento del ser humano. Eso para mí son las Humanidades y, por consiguiente, las Humanidades no son para mí algo estático sino algo enteramente dinámico. Es precisamente el "ir hacia". ¿Hacia qué? Eso es lo que tienen que descubrir los alumnos, el chico o la chica joven. Evidentemente es algo que está más allá de lo que en ese momento puede prever pero que está, no obstante, abierto a una posible futura exploración, y esto es realmente la formación humanística del individuo"

En la misma entrevista, don Juan insistió en la decisiva importancia de las enseñanzas medias en la formación esencial de las personas.

Entrañable nos resultó a todos la anécdota contada por su hija Consuelo, de cómo don Juan López Morillas nunca permitió que sus hijos olvidaran el español. A tal efecto, inventaba para ellos cuentos por las noches cuyos protagonistas eran unos ratones de Jódar que llevaban los nombres de los reyes godos, o una chica traviesa llamada Carmen Magaña, "la más mala de España".

¡Memorable!

4 comentarios:

Ana A dijo...

Fue un día importante en nuestras vidas "mochueleras"
Después de tanto dedicado a los "trasterrados" españoles, sin comerlo ni beberlo
pudimos "ver y tocar"....y conocer de labios de una hija cómo
era la vida de aquellos que se fueron de España y cómo hicieron para
conservar idioma y contacto con la patria "madrastra".El detalle de ver sus dedicatorias...lástima no tener la foto del grupo, no me repongo del disgusto.

Amelia Fernández dijo...

Querido Pepe:
Preciosa crónica y fiel a los acontecimientos.
Fue un placer disfrutar de la compañía de las familiares de Juan López Morillas. Me parece que quizá fuimos demasiado egoistas y abusamos en exceso de la amabilidad de Consuelo, la hija del intelectual, porque apenas aportamos algo a la tarde y más bien todo fueron preguntas.
Estoy de acuerdo con Ana en que fue como volver a nuestros temas sobre la filosofía en el exilio, porque aunque bien dices, Pepe, que no es la misma condición la que vive Juan López Morillas, el resultado es similar. Me explico. Aunque su vida académica empezó en EEUU y su vida familiar también, su ideología lo mantuvo fuera de la Universidad española (su obra, según figura en la biografía que elaboró la Universidad de Texas-Austin, circuló de forma clandestina en los años del franquismo). El resultado, pues, es que España tuvo que vivir al margen de la intelectualidad que se había criado y crecido en nuestro país.
Conocedores y traductores de varios idiomas (es curiosa la similitud entre Sáchez Vázquez y López Morillas en lo concerniente a su conocimiento del ruso -con dos años de diferencia puede que coincidieran en el Ateneo de Madrid, donde daba clases de ruso el ciudadano disidente del que nos habló Consuelo-), hispanistas, humanistas (una cita importante la que acompaña la crónica)y universitarios brillantes que dejaron a España sin tradición durante 40 años. Otro gran destrozo de la Guerra incivil española.
De todos modos, me quedo con las anécdotas de Consuelo y la memoria de España que mantuvo viva en sus hijos Juan López Morillas a través de los cuentos. Sencillamente genial.

José Biedma dijo...

Pues sí, Amelia, esto fue un desierto cultural, al que no volvió, sino con cuentagotas y en las reboticas del exilio, la gran cultura transterrada de la tradición liberal y socialista española. Otros también sufrieron un exilio interior o un ninguneo, sin tener que pisar las américas, y no lo digo sólo por Julián Marías, amigo de López-Morillas. Y el caso es que cuando la cultura empezó a despertar, en lugar de recoger aquella antorcha, nos quedamos prendados de arcaísmos estalinistas como Althusser (ese que estranguló a su mujer y que yo oí en vivo en el Hospital Real de Granada, jaleado por una multitud que no entendía lo que decía, ¡ni papa!), o fascinados por gauchistas divinos y ácratas perversos como Foucault (que menos mal que sentó cabeza por eso que Nietzsche llamó "raíz de la perspectiva", o sea, la enfermedad), en fin, una vez más subordinados a gabachos amigos de la boutades y pretenciosos e iconoclastas germanos, en lugar de volver a las fuentes humanistas propias, mediterráneas, cristianas o paganas. ¡Mira a María Zambrano!, tuvieron que llegar los años 80 para que se le hiciera justicia. Estuvo en el programa de selectividad de Andalucía un rato, y pronto desapareció a favor del anglosajón à la page. En fin, papanatas que somos. Creo que es una labor necesaria y obligatoria, la que desde la Quinta hacemos para repasar lo mejor que hemos sido, somos y podemos llegar a ser.

Ana A dijo...

Yo llevo fatal haber renunciado a María Zambrano por quien fuera, es Rawls pero
podía haber sido Periquito.
Para una mujer, filósofa y andaluza que hay en el programa, van y la quitan
como se suele decir coloquialmente "pa habernos matao"...perdón por lo vulgar
soez, mal hablado y violento, tan impropio de este espacio.