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Depósito de ponencias, discusiones y ocurrencias de un grupo de profesores cosmopolitas en Jaén, unidos desde 2004 por el cultivo de la filosofía y la amistad, e interesados por la renovación de la educación y la tradición hispánica de pensamiento.

lunes, 19 de mayo de 2014

Tomás Moro & Twitter

Últimamente he usado la popular red social Twitter como cuaderno de notas. Al hilo de mi lectura de la Utopía de Tomás Moro, iba reduciendo lo que me parecía más relevante, y aplicable a nuestra actual situación, a esas píldoras que admite la red social y que no pueden tener más de 140 caracteres.

Hay quien opina que en las redes sociales no se escriben sino majaderías. Y quien piensa que ofrecen un nuevo cauce en cuyas anchas orillas, y con el tiempo, florecerán los artistas.

Evidentemente, donde hay comunicación humana hay entendimiento, arte, ingenio, malentendidos, crueldad, basura, verdad, engaño..., o sea, todo lo bizarro, raro, demencial y excelente que nos distingue como especie "elegida" o -digamos- como "divino experimento".

El caso es que he interactuado con un tuitero de segundo de bachillerato, Mike (Miguel Ángel Ruiz Medina). Se ha hecho mi seguidor por un tiempo, y yo el suyo. Gracias a eso me pongo al día de lo que interesa a los adolescentes hoy. Y Mike ha tenido que recolectar todos mis tuits relativos a Utopía para subir nota. El resultado es el siguiente, que retoco y reorganizo un poco...




  • A pesar de su utopía, Moro fue posibilista, además de erudito, sabio, bienhumorado y santo. Por eso Enrique VIII, tras intentar sobornarle inútilmente, mandó que le cortaran la cabeza. De un tajo.
  • En Utopía, además de la agricultura, mujeres y varones aprenden obligatoriamente, al menos, un arte u oficio (carpintería, albañilería, herrería, tejeduría...).
  • En Utopía, con el oro y la plata se fabrican bacines, orinales, grilletes y pendientes para infames. Se aprecia sobre ello lo útil. 
  • De chicos les dejan llevar joyas, pero luego, como señal de madurez, las abandonan. Así la gente desprecia el "vil metal".
  • Los utopienses se maravillan de que haya hombre tan tonto que aprecie más una piedrecita, que el fulgor de una estrella o del sol mismo.
  • En Utopía todos los infantes son instruidos en el estudio, pero solo a los de sutil ingenio y mente apta se les dispensa del trabajo, para que se dediquen sólo a eso.
  •  Los utopienses razonan sobre la virtud y el placer, pero la cuestión central de sus discusiones es la felicidad.
  • Los utopienses piensan que sin la religión se caería en un hedonismo grosero, pero es locura practicar una virtud severa y penosa.
  • Los utopienses se obligan a ser igual de benevolentes y amables consigo mismos que con los demás.
  • En Utopía es un rasgo de humanidad y generosidad renunciar a algo para dárselo a otro, y, además, se sabe que proporciona placer espiritual.
  • Muchos utopienses son refinados hedonistas, pero distinguen el genuino placer del falso, y el digno del deshonesto.
  • Los juegos de azar y la caza por diversión son considerados por los utopienses placeres estúpidos.
  • La presunción de “nobleza” ancestral y la acumulación de riqueza superflua son considerados falsos placeres en Amaurota, capital de Utopía.
  • Para un utopiense, el sosiego que proporciona la buena salud es considerado el placer soberano.
  • En Utopía son principales los placeres espirituales, la mayoría derivados de la práctica de la virtud y de la conciencia de una vida nueva.
  • Los utopienses opinan que si bien el amor es a menudo conseguido con la belleza, no se conserva, preserva y continúa sino por la virtud.
  • Los ciudadanos de Utopía saben que el lazo más fuerte y seguro de cualquier republica es la justicia.
  • En Utopía hay pocas leyes, claras y sin trampa, y todas se cumplen en general, pero quien las vulnera, paga. Se aplica la benevolencia, pero no hay impunidad.
  • En Utopía, los pocos que se burlan de las leyes son castigados con trabajos forzados para la comunidad, raramente con la muerte.
  • Las sencillas y buenas costumbres de Utopía se asocian a una economía basada en la agricultura y los oficios útiles.
  • Los jueces de Utopía aplican la benevolencia a los arrepentidos por sus delitos; el arrepentimiento sincero se aplica como eximente parcial de pena.
  •  Los utopienses solo trabajan, como mucho, seis horas al día; disfrutan así de liberales, honestos y abundantes ocios.
  • En la Utopía de Tomas Moro, se permite la eutanasia, pero no se obliga a persona alguna a morir contra su voluntad.
  • Moro ataca el maquiavelismo interno, pero los utopienses practican el maquiavelismo en su política internacional. Prefieren solucionar conflictos mediante sobornos que por la guerra.
  • Refiriendo a los tratados internacionales, los utopienses se preguntan: ¿Quién que no respete la naturaleza, respetará la palabra dada?
  • Los utopienses creen en la solidaridad natural entre todos los hombres. Evitan la guerra siempre que pueden. Solo la practican en defensa propia.
  • Los utopienses se compadecen del común de sus enemigos, pues saben que son arrastrados a la guerra por la furiosa locura de sus jefes.
  • Los utopienses contratan mercenarios a los zapoletas, ladrones y cazadores que se ganan la vida buscando la muerte.
  • En Utopía no se obliga a nadie a ir a la guerra contra su voluntad. Las mujeres acompañan en ella a sus maridos.
  • Los utopienses saben que muchas veces es la extrema necesidad la que convierte la cobardía en coraje y bravura.
  •  Si no es espía, los utopienses nunca hieren a un hombre desarmado. Tampoco expolian ni saquean.
  • En Utopía cada cual sigue la religión que le da la gana. Puede atraer a otros si los persuade sobria y pacíficamente.
  • El rey Utopo decretó que se desterrase a los fanáticos por sediciosos y provocadores de disensiones.
  • En Utopía cada cual puede creer lo que quiera si no desprecia la inmortal dignidad del alma humana y la divina providencia cósmica.
  • Los utopienses piensan que quien no cree en la justicia divina ni tiene más esperanza que la del cuerpo infringirá fácil las leyes.
  • Los utopienses desprecian al desesperanzado y le privan de cargos, pero no le castigan, pues saben que no podemos creer lo que queremos.
  • Los utopienses destacan y aborrecen guerra y batalla como cosa muy bestial.
  • En Utopía, para evitar sin sabores, una matrona y un prudente muestran los cuerpos desnudos del pretendiente y la doncella antes de la boda.
  • Los utopienses son monógamos y tienen prohibido el sexo fuera del matrimonio.
  • En Amaurota no hay tabernas ni cervecerías ni burdeles.
                                               J. Biedma L. @Kandidocordial

2 comentarios:

Ana A dijo...

Esquema en píldoras de Utopía, yo también tengo mi frase recibida no por twuitter pero que es del estilo, de Weil y viene al pelo sobre la propiedad:"Nada es tan poderoso en el hombre como la necesidad de apropiarse, no jurídicamente, sino por el pensamiento, los lugares y los objetos entre los que pasa su vida y gasta la vida que hay en él: una cocinera dice 'mi cocina', un jardinero dice 'mi césped', y está bien así. La propiedad jurídica no es más que uno de los medios que procuran un sentimiento así, y la organización social perfecta sería aquella que por el uso de este y de otros medios diera este sentimiento a todos los seres humanos...ese sentimiento de propiedad del que está sediento el corazón del hombre" (Simone Weil. Experiencia de la vida de fábrica, 1935)

José Biedma dijo...

Leo tu comentario dos años después, Ana. Apropiarse la circunstancia, es la meta orteguiana. Entrañarse la situación, una expresión que sería del gusto de María Z. Todos necesitamos poseer algunas cosas, empezando por el señorío sobre nosotros mismos, nuestro espacio-tiempo. Otra cosa es el control sobre los medios de producción, naturaleza, capital, herramientas, trabajo, si debe ser público, privado o mixto.